Prólogo

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Supongo que hay cosas que la gente da por hecho cuando me miran. Aunque tiene todo el sentido. Coleta alta, lazo en el pelo, uniforme de animadora, sonrisa perfecta. Sam Reynolds, la chica que siempre saca buenas notas, la que sale en las fotos del anuario, la que come con los populares, la que siempre organiza cosas en el instituto... Para ellos no hay mucho misterio: soy exactamente lo que aparento.

Popular. Tonta. Rica.
Sí, esa soy yo para las personas de Hawkins. Pero realmente nada de eso es verdad.

La casa en la que vivo con mi padre es más pequeña que el salón de muchos de mis "amigos". Tengo un coche que conseguí con esfuerzo y sudor, y que ya no sé ni cómo sigue manteniéndose en pie. Mi uniforme de animadora es de segunda mano. Mi vida amorosa es una historia escrita por una persona que todavía no ha aprendido a escribir; es decir, es como un libro en blanco.

Desde hace unas semanas, hay un rumor rondando por el instituto que dice que estoy saliendo con uno de los jugadores del equipo de baloncesto. Y eso se debe a que, en una fiesta a la que me obligué a mí misma a ir, acepté la cerveza que me ofreció -la cual le negué mil veces- y, después de tanto insistir, la cogí. Es que ni siquiera bebo alcohol.

Realmente, la única persona que me conoce de verdad, con la que paso casi todas las tardes, la que sabe que no aguanto a nadie de los populares, con la que no tengo que fingir una sonrisa de oreja a oreja... esa persona es Eddie.

Eddie Munson.
Mi primo. Mi familia. Mi sangre.
Pero eso solo lo sabemos nosotros y nuestra familia.

En el instituto, a veces nuestras miradas se cruzan. A veces no. Pero cuando sí lo hacen, hay un brillo. Un "yo sí te veo" en silencio. Y aunque estemos a metros de distancia, cuando estamos en el mismo lugar, el tatuaje que ambos llevamos empieza a picarme debajo de la ropa. El suyo está a la vista, en el brazo, llevándolo con orgullo. Mientras que el mío... está escondido. Justo en la última costilla superior, donde nadie lo puede ver, donde nadie pregunta.

Más de una vez he pensado que mantenerlo en secreto le gusta tanto como a mí. Y no, no por vergüenza, sino por el placer que le crea ver cómo a todo el mundo le explota la cabeza al intentar descifrar lo que tenemos en común cuando alguna vez nos han visto juntos en la calle. Bueno, a todo el mundo menos a Robin.

La conocí un día que teníamos ensayo, ya que ella es de la banda. Desde el principio me di cuenta de que no era como los demás. Ella no me iba a juzgar. Ella me dio confianza. Nos hicimos amigas. Ella no sabe toda la verdad, pero con ella me muestro realmente como soy, no como la chica perfecta a la que le encanta ser animadora. No nos solemos ver mucho porque ella trabaja por las tardes en el videoclub, pero de vez en cuando quedamos, incluso alguna vez ha venido Eddie con nosotras. Para nuestra sorpresa, no le sorprendió el hecho de que él y yo tuviéramos un contacto tan cercano. Ella no hizo preguntas, así que nosotros no dijimos nada. Me alegra ver cómo las únicas personas que realmente aguanto en este pueblo se llevan bien. Aunque, a veces, demasiado bien, como cuando fuimos una noche a recogerla del trabajo y Robin nos miró a los dos con una sonrisa de que sabe demasiado, y a Eddie como le encanta provocarme...

-Tu querida amiga animadora no para de mirar a cierto empleado del videoclub, ¿no crees, Robin?

-Más que mirar, yo diría que lo escanea -ella le respondió, y no pude evitar poner los ojos en blanco. Su sonrisa maliciosa me avisó de lo que venía-. ¿Sabías que una vez le atendió Steve y no era capaz casi ni de hablar?

-No me gusta Steve Harrington.

Los dos se rieron de mi comentario, pero mi primo se reía con esa risa suya que siempre tiene cuando no está de acuerdo con algo.

-No, claro que no te gusta. Solo llevas, ¿qué?, ¿tres años mirándolo cómo se peinaba desde la mesa del comedor?

-No todos los días -añadió Robin a lo que había dicho Eddie, todo esto sin parar de reírse de mí-. Solo los lunes, miércoles, viernes y los partidos en casa.

No saben cuánto quiero decirles que eso no es así. Pero... ¿a quién quiero engañar? Steve siempre ha sido un chico que me ha llamado la atención sin siquiera intentarlo. No solo es su cara, su pelo o su forma de siempre parecer saber qué decir. Es la manera en la que trata y sonríe a los niños en el videoclub. O cómo siempre se pone entre alguien y un problema, incluso cuando no le toca estar allí.

Pero yo siempre he sido una chica a la que le gusta observar de lejos. Desde la mesa del comedor, desde las gradas, desde fuera de la tienda donde trabaja... Alguna vez he compartido palabras con él, por cosas del instituto, por Robin o por el trabajo, pero han sido conversaciones cortas y vacías. Nunca me atreví a acercarme demasiado. Steve es una de esas personas que brillan solo por cómo son, mientras que yo solo brillo cuando oculto quién soy. Sé hasta dónde puedo actuar sin que la gente sospeche de mi secreto, y por eso me mantengo al margen. Porque no estoy segura de qué pasaría si alguna vez alguien me ve, en vez de solo mirarme.

La otra realidad [Steve Harrington]Stories to obsess over. Discover now