En un mundo donde el apocalipsis no llegó con explosiones nucleares ni invasiones alienígenas, sino disfrazado de una salvación científica, la humanidad se derrumbó víctima de su propia arrogancia.
Hasta El Último Aliento te sumerge en un paisaje desolado, donde las ruinas del pasado yacen sepultadas bajo capas de polvo, sangre y ecos de lo que alguna vez fue la civilización.
Lucio Ramírez, un exmiembro de las fuerzas especiales mexicanas, no sobrevive por un sentido del deber o por instinto guerrero, sino por una promesa inquebrantable: reencontrarse con su hermana perdida, si es que el caos no se la ha tragado ya.
La guerra ya no se libra contra enemigos humanos, sino contra infectados que un día fueron vecinos, amigos o familiares. Y contra el silencio opresivo de la soledad, que devora el alma mucho antes que la carne.
En su odisea, Lucio atravesará desiertos áridos, pueblos fantasma devorados por la vegetación y ciudades derruidas que ahora sirven de tumbas colectivas.
En el camino, se cruzará con otros supervivientes: almas rotas por el duelo, endurecidas por la culpa o aferradas a una frágil chispa de esperanza.
Algunos se convertirán en aliados leales, forjados en el fuego de la adversidad. Otros, en amenazas impredecibles, impulsados por la desesperación o el egoísmo.
Pero todos comparten un lazo invisible: algo les fue arrebatado para siempre, y ya no serán los mismos.
Esta no es solo una crónica de supervivencia física. Es una odisea emocional, un grito ahogado por seguir respirando en un mundo donde cada amanecer podría ser el último.
Aquí, el alma se marchita antes que el cuerpo, y la verdadera humanidad se mide por los lazos que logramos tejer, incluso en medio del caos absoluto.
Todo se remonta al VHS51678, conocido comercialmente como Virexil. Lanzado en 2033 como una vacuna revolucionaria contra una mutación agresiva del VIH/SIDA, Virexil surgió de acuerdos oscuros entre gobiernos corruptos y corporaciones farmacéuticas, bajo el pretexto de una "crisis sanitaria global". Pero no era una cura milagrosa. Era el catalizador de la extinción.
En ciertos organismos, el compuesto interactuó de forma impredecible con proteínas cerebrales específicas, provocando un colapso neurológico masivo. El resultado: un estado de hiperagresión incontrolable, pérdida total del lenguaje y una resistencia sobrehumana al dolor y las lesiones. No son zombis, no están clínicamente muertos. Pero han perdido todo rastro de empatía, razón y humanidad, reducidos a depredadores instintivos que deambulan en hordas erráticas.
La transmisión es implacable: mordeduras, intercambio de sangre o fluidos corporales, e incluso exposición prolongada al aire contaminado en zonas de alta densidad viral, donde el patógeno persiste en partículas suspendidas. Un rasguño, un salpicón, un aliento equivocado... y el ciclo se reinicia.
Ahora, Lucio recorre este infierno en ruinas, con una mochila cargada de armas improvisadas, heridas que no cierran y recuerdos que lo persiguen como fantasmas. Aunque él no lo sepa aún, su historia apenas despunta en el horizonte.
Porque incluso en la casa más aislada o en la montaña más densa, aún queda quien respira. Y quien lucha por un último aliento.
Muchas gracias por su apoyo.
-Luis A. Rodriguez
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Hasta el ultimo aliento
Science FictionHasta el ultimo aliento es una novela apasionante de supervivencia en un mundo devastado por una pandemia incontrolable. Cuando un virus transformador desata el caos, convirtiendo a las personas en criaturas sedientas de sangre, la humanidad se enfr...
