única parte

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Se podía ver al Ruso comprando algunas cosas como si estuviera preparando una gran celebración. Llevaba un pastel mediano con decoraciones de flores a los lados, cajas de vino importado de Rusia y, por último, unos papeles dentro de una carpeta negra, gruesa, adornada con pequeñas cintas rojas y pegatinas brillantes.

Mientras se dirigía a su auto —un sedán gris, no muy nuevo pero tampoco viejo—, se movía con una calma pasiva. El vehículo, sin distintivos, era como cualquier otro que se podía ver por la calle. Justo como a él le gustaba: pasar desapercibido.

Sin demorar más, abrió la puerta del carro. Al subirse, colocó con cuidado el pastel y las demás cosas en los asientos traseros. Tras asegurarse de que todo estaba en su lugar, comenzó a conducir con una calma extraña, como si, por un momento, se hubiera liberado del estrés que los venía consumiendo.

Siguió manejando hasta detenerse frente a un pequeño restaurante cerrado. Sin perder tiempo, bajó del auto y caminó hacia el lugar. Al acercarse, se veía a una mujer con sombrero vaquero poniendo un candado a las puertas metálicas.

Ella, al verlo, sonrió con una leve chispa de felicidad.

Paty: ¿Estás nervioso?

Ruso: Un poco, hermana... pero siento que esto será lo mejor para ella.

Paty: Es normal sentir nervios. Créeme, cuando mandé a mi hija a otro país, casi no dejaba de llamarla ni de pensar en ella. Pero mírale el lado bueno... estará con Antonella. Y, sobre todo, estará a salvo.

El Ruso bajó la mirada. Solo Paty sabía cuánto le costaba esa decisión. No era simplemente dejarla ir, era soltarla… permitirle hacer una nueva vida lejos de todo.

Ruso: Tienes razón… cuánto me hubiera gustado no haber involucrado a Susana en todo esto desde el principio...

Paty lo miró en silencio. No lo juzgaba. Sabía que su hermano no era un hombre malo, pero los negocios en los que se metió y los problemas constantes con Sergey lo habían convertido en alguien desconfiado, sobreprotector… especialmente con su hija.

Paty: No te preocupes. Todos cometemos errores. Aún estás a tiempo para sacarla de esto…

El Ruso, sin poder contenerse más, soltó una lágrima. Sorprendió a Paty; pocas veces lo había visto así. Ella solo lo observó con una sonrisa pequeña y lo abrazó.

Paty: Todo va a estar bien. Tu hija va a estar a salvo.

Paty también dejó escapar una lágrima. En su mente veía al pequeño niño que siempre la cuidaba, el que le contaba todo, el que adoraba pasar tiempo con ella y con Sergey. Y ahora, frente a ella, ese niño volvía a aparecer, sin filtros, sin frialdad.

Ruso (en un susurro): Gracias, hermana...

Paty se separó del abrazo y tomó las manos de su hermano.

Paty: Vamos. Se nos hará tarde. Démosle a Susana su última despedida… seguro estará feliz.

El Ruso asintió con una sonrisa leve, contagiado por la calidez de su hermana. Ambos subieron a la camioneta, listos para lo que viniera.

Mientras avanzaban por un camino lluvioso y oscuro, conversaban de cosas cotidianas. Hasta que Paty notó que iban hacia un pueblo.

Paty: Oye… ¿para dónde vamos?

Ruso: Vamos por una amiga de Susana… Ana.

Paty: ¿Ana? ¿La que estaba peleando con ella por Ricardo?

Ruso: Sí. Pero ya se solucionaron. Y para ser sincero… nunca la vi tan feliz desde que conoció a Ana.

Paty: Me alegro… Hace tanto que no veía a Susana con una amiga.

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⏰ Last updated: Jun 02, 2025 ⏰

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