Prólogo

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                Recuerdos con sabor a café

Hay aromas que quedan grabados en el alma.

El del pan recién horneado en casa, el de la lluvia cayendo sobre el asfalto caliente, el de un abrazo en invierno... y, para Izuku Midoriya, el del café a primera hora de la mañana.

No solo por su sabor ni por la calidez que ofrecía en medio del frío urbano. Era por lo que traía consigo: la rutina, la calma y, a veces, los recuerdos. Especialmente uno en particular.

Durante años, Izuku se había acostumbrado a ese pequeño refugio en la ciudad: "Café Polaris". Un rincón olvidado del ruido, donde las horas parecían moverse más lento. Allí encontraba paz, espacio para pensar y, cada vez más, una sombra familiar que aún vivía en su memoria.

Ochako Uraraka.

La recordaba con una sonrisa que siempre parecía más grande de lo que el mundo merecía. Con palabras dulces, con gestos sencillos que decían mucho más que las frases largas. Había sido parte de sus días universitarios como un rayo de luz tímido, constante, imposible de ignorar.

Pero el tiempo, como el café, a veces se enfriaba sin que uno se diera cuenta. Las responsabilidades los alejaban, la adultez los empujaba por caminos distintos... y él aprendió a guardar esos recuerdos en un rincón tranquilo de su mente. Como páginas de un libro que una vez le leyó con cariño.

Hasta que un día, el destino —o quizás solo la vida queriendo jugar de nuevo— la trajo de vuelta.

Entró por la puerta del café, como si nunca se hubiera ido, como si el tiempo no hubiera pasado. Y en ese instante, el aroma del café volvió a tener otro sabor. Uno que ya no era solo rutina o costumbre.

Era memoria viva.
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Una izuocha tenía ganas de subir una pero quería terminar proyecto determinado y aunque ya tenia la idea espero que les allá gustado el prólogo
Sin nada mas que decir
Me despido.

 Una taza de casualidadStories to obsess over. Discover now