En un lugar muy, muy lejano, escondido de las codicias y vanalidades de este mundo, existía un rincón secreto que ningún ojo humano había visto ni oído escuchado. Allí se hallaban bosques y maravillas, inmensos mares y criaturas que jamás el mundo imaginó: un pequeño planeta oculto en las profundidades del océano terrestre, donde terminaba la línea del agua y comenzaba otro mundo.
Un mundo con otros mares, otros árboles, otras tierras y una inmensa diversidad de poderosos dominios que habían gobernado durante siglos. Estas criaturas creían ser las únicas habitantes del universo, pues sus poderes e inteligencia sobresalían por encima de todo. Ningún ser humano conocía sus aposentos, y este mundo mágico jamás emergió a la superficie.
Saahtra.
Un planeta compuesto por océanos y tierras.
Donde las olas, transparentes y brillantes como diamantes, eran llamadas las Grandes Aguas Sagradas, habitadas por monstruos marinos, especies mágicas hechas de agua y sirenas. Sus olas curaban a todo ser vivo que perteneciera al agua y daban vida a los suyos. Nada que la mente humana pudiera imaginar. Este reino era gobernado por los dioses marinos.
Por su parte, el mundo terrestre se componía de materia destruida y creada nuevamente. Sus habitantes eran seres cubiertos de plantas y hermosas flores de colores perlados, con diamantes verdes en cada extremidad. Árboles gigantes y pequeñas criaturas nacían por sí solas. Las flores trabajaban podando y cultivando sus propios campos. Allí, la magia y la alegría florecían con cada reverdecer del mundo, naciendo nuevos seres que vivían bajo el gobierno de los dioses terrestres.
Este mundo fue dividido por el supremo rey del agua, Aguathemus, y el rey del reino terrestre mágico, Monthemus. Fueron separados al nacer y nombrados según los dones que les fueron concedidos. Cuando nacieron, sus padres —la diosa Agathemas y el dios Barthaseus— lideraban todo dominio marítimo y toda sustancia que llevara el nombre de agua. Los grandes ríos y mares de este mundo oculto veneraban a su majestad.
Cada mes tenía 50 días y el año se dividía en 13 meses. Cada tres meses llegaba la Temporada de Criaturas Maestras. Según las escrituras de Saahtra, estas criaturas aparecían para enseñar poderes mágicos a los nacidos con dones de otros mundos, dones incluso desconocidos por los dioses. Algunos se convertían en maestros del agua, sirviendo a los dioses marinos. Otros, en discípulos de la tierra. Sin embargo, ninguno recibiría jamás el don de crear, manejar o destruir la materia.
En el año 3550, durante el tercer mes del calendario de Saahtra, la diosa Agathemas comenzó a sentir fuertes dolores de parto. El dios Barthaseus, profundamente preocupado, caminaba nervioso por todo su reino, ordenando a cada servidor que velara por ella hasta que el nacimiento terminara.
—¡Puja, diosa Agathemas! ¡Debes ser fuerte, ya vienen! —repetían sin cesar las parteras mágicas.
Una de ellas tuvo que introducirse dentro del vientre de la diosa para vigilar que los pequeños príncipes estuvieran bien. Después de cuatro largas horas de labor, vinieron al mundo dos hermosos príncipes. El Reino del Agua celebró con un gran festín.
Mientras tanto, en el Reino Terrestre, los dioses lloraban su desgracia. La diosa Mahan no podía concebir hijos. Se consideraba una deshonra, y debido a su tristeza, la tierra dejó de cultivar. Cada noche, se escuchaban vientos fuertes que arrastraban árboles enteros: era el llanto de la diosa Mahan por su infertilidad. Su esposo, el dios Theeremus, buscó ayuda entre las criaturas más sabias de la tierra, pero no halló solución alguna.
Pasado el primer año de enseñanza, los príncipes fueron nombrados Guacuthemus y Aguathemus, teniendo apenas 650 días de nacidos (equivalente a un año).
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Saahtra: La Semilla del Equilibrio
RandomDescripción: En lo más profundo de un planeta oculto bajo el mar de la Tierra, existen dos reinos mágicos: el de la Tierra viva y el del Agua eterna. Por siglos, vivieron separados, convencidos de que su poder era absoluto. Hasta que un nacimiento c...
