Capítulo 2 : Es la plegaria del fin.

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El crepitar del fuego era audible para Seth. La cabeza dolía de una manera increíble, retumbando como si hubiera sido golpeada por varios ladrillos al mismo tiempo. Abrió los ojos, mirando un cielo gris, como si estuviera nublado por completo en pleno día. Se reincorporó con mucho dolor en el cuerpo y miró a su alrededor. Estaba frente a una fogata, en lo que parecía una casa hecha completamente de metal, destruida. El aire pesaba para respirarse y sabía a metal.

—Despertaste. –una voz delicada, femenina llamó la atención de Seth. –Por un momento pensé que no la ibas a contar. –

—¿Dónde estoy? –Seth se tomó la cabeza.

—Estas en Thalos IV. Vi tu nave chocar contra la atmosfera y luego caer a tierra. Fue raro ver a alguien tratando de entrar aquí, pero me da gusto que estés vivo. -

Seth al final miró bien a la mujer. Traía ropas que podrían catalogarse como ceremoniales. Era una maltratada bata blanca con detalles en azul. El cabello corto y blanco de la mujer, además de su piel de porcelana llamó su atención.

—Nunca había escuchado de Thalos IV. –Seth se levantó con dificultad. -¿Sabes dónde está mi nave? –

—Sí. Por ahí. –la mujer señaló por el horizonte, donde una larga canaleta terminaba en la nave del visitante. - Me llamo Lairys, por cierto. –

—Seth. –contestó seco mientras caminaba hasta el lugar para mirar su nave.

Seth entró por una puerta destruida y miró como el impacto de la atmosfera había amortiguado gran parte del daño. Trató de encender la nave, pero los controles apenas respondían. Buscó su casco y se lo puso.

—ROD, ¿Estás ahí? –

Qué alegría. Pensé que habías muerto Seth. - sonó en el casco.

—Yo también lo pensé, ROD. ¿Sabes dónde estoy? –

No puedo darte lecturas a gran escala debido a un gran campo electromagnético presente en el planeta. Puedo darte un perfil detallado de los daños de la nave si quieres. –

—Grandioso. Ahora solo tengo que buscar piezas en este planeta. –

—Puedes ir a la fábrica si necesitas piezas. –

La voz asustó a Seth, quien gritó y se giró con intención de dar un puñetazo, pero se detuvo al ver a Lairys ahí.

—Eres tú. Casi te golpeo. –

—Lo siento, no quise asustarte. –Lairys dio una ligera inclinación. –pero si buscas reparar tu nave, puedes ir a los restos de la fábrica. Puede ser que encuentres algo que te ayude a salir de aquí. –

—¿hay una fábrica en este lugar? –

—Sí. O bueno, la había. Al norte de aquí hubo una enorme fábrica que era parte de La Mesa. Puedo llevarte si quieres, pero...- Lairys dudó un momento, pero luego se notó firme. –Tienes que prometerme algo. –

Seth se quedó mirando un momento. Aquella mujer lo había llevado a un lugar seguro y más que eso, lo había cuidado el poco tiempo que llevaba en el planeta.

—De acuerdo, ¿Qué quieres? –

—Promete que, si te ayudo a reparar tu nave y funciona, me llevarás contigo. –

Era una propuesta muy rara para Seth. Habría esperado dinero, información o incluso algo más carnal, pero el gesto de la mujer era honesto a sus ojos. Cosa rara para él.

—¿Por qué quieres salir de este planeta? –

Lairys suspiró y miró al suelo, como si ciertos recuerdos le golpearan de pronto.

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