Otro verano.
Otra vez el ventilador girando lento, como si también se aburriera de estar en mi cuarto. Las paredes no han cambiado,
Siguen blancas, mudas llenas de todos los pensamientos que no digo en voz alta.
Me llamo Marina, tengo diecisiete años, y si algo he aprendido es que a veces lo peor no es estar sola. Es sentirse invisible rodeada de gente.
En el instituto, nadie me empujaba ni me gritaba nada al pasar. tampoco me hablaban. Excepto para algún comentario suelto que dolía más que un grito. como si existiera solo para rellenar huecos. O para que otros se sintieran mejor.
Este verano pensé que seria como el anterior: películas sola, paseos por la casa, y un montón de mensajes no respondidos.
Hasta que mi madre entro en mi habitación y soltó la bomba.
—Nos vamos a Marbella. Tres semanas.
—¿Con quién? —pregunté sin mucho interés, aunque ya sabia la respuesta.
—Con mis amigas. Las de siempre. —dijo mi madre mientras abría mi armario sin preguntar.
—¿y yo qué pinto hay?
—Te vendrá bien salir de casa. Aire nuevo, gente nueva.
Gente nueva. lo dijo como si fuera algo bueno. Como si conocer a gente nueva no implicara empezar otra vez de cero. Otra vez las miradas de arriba abajo. Otra vez fingir que no me importa.
Me quede mirando el ventilador, Seguía girando lento, como si me entendiera.
Mi madre no quiso dar más detalles. Solo dijo que saldríamos temprano, que preparara ropa cómoda, bañadores, y algo para salir por la noche. Como si yo tuviera planes.
Pasé el resto del día entre la cama y la maleta, sin saber bien que empacar. No porque no tuviera qué ponerme sino porque no tenía idea de qué era lo que me esperaba. Las amigas de mi madre podían ser cualquiera. Sus hijos también. No recordaba sus nombres, ni sus caras. si alguna vez los conocí, los borre.
Esa noche me costo dormir. Pensaba en Marbella, en el mar que apenas recordaba, en el olor a protector solar, en las amigas de mi madre, en si irían sus hijos, en como iba a poder convivir con gente que solo veo cuando vienen a mi casa sin los hijos.
Yo solo quería creer que era una broma de mi madre.
Y sin embargo algo dentro de mí —mínimo, casi imperceptible — empezó a moverse. Como una ventana mal cerrada que se abre con el viento. Tal vez no fuera todo igual, tal vez este verano sería diferente.
YOU ARE READING
El verano en que todo cambió
RomanceDurante el curso, ella fue invisible. o peor, la chica a la que todos ignoraban y algunos se burlaban sin motivo. Cuando llegó el verano, pensó que seria igual que siempre: en casa, sin amigas, sin planes. pero su madre tenia otros planes. decidió...
