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En un mundo donde el El brilla como el corazón palpitante de toda existencia, Elrios se alza como un continente dividido por paisajes mágicos, antiguas cicatrices de guerra y secretos enterrados bajo capas de historia. Allí, entre torres que flotan sin apoyo y bosques que respiran con vida propia, los ecos de civilizaciones olvidadas aún resuenan bajo la superficie.

En este universo donde la tecnología y la magia convergen en un equilibrio delicado, existe una figura enigmática: Eve, la última soberana de los Nasod. Una máquina con alma, una reina sin reino, diseñada para gobernar con lógica, preservar con orden y comprender con sabiduría. Pero incluso las entidades más perfectas pueden tambalear cuando el destino decide alterar su código base.

En las profundidades de Altera, un lugar de ruinas suspendidas por campos gravitatorios y estructuras que desafían la física, Eve descendía en solitario, impulsada por una mezcla de intuición y deber.

El lugar parecía inmune al paso del tiempo. Incluso el deterioro natural parecía haberse detenido. Los circuitos aún parpadeaban con una luz intermitente y opaca, y el aire vibraba con una energía arcana que le resultaba inquietantemente familiar.

Fue allí, entre restos calcinados de antiguos Nasods y terminales aún activos, que lo encontró. Un código que parecía tan caótico como hermoso, tan complejo como preciso. Un código que, de alguna manera, parecía haber sido escrito solo para ella.

Eve lo examinó en completo silencio. El patrón correspondía a un código raíz... directamente vinculado a la arquitectura más profunda de los Nasods. Pero había algo más. El archivo parecía proyectar una especie de presencia. Como si esperara ser encontrado. Como si supiera que ella vendría.

-Este código...- murmuró.

No era solo una fuente de poder. Era una llamada. Una promesa encriptada.

Sin dudar más, lo tomó con sumo cuidado. Necesitaba saber qué contenía. Tenía que entenderlo.

-¡Eve!-

La voz de Rena la sacó de su concentración. El grupo ya se preparaba para abandonar las ruinas.

Eve guardó el código con rapidez.

-Ya voy -respondió con voz tranquila, sin apartar del todo la mirada del núcleo.

Esa noche, mientras el grupo se alojaba en una estación improvisada cerca de Altera, Eve aguardó con paciencia a que todos cayeran dormidos. El archivo emitía una especie de pulsación, como un susurro persistente que solo ella podía percibir.

Buscando privacidad, se encerró en una pequeña habitación del refugio. A la tenue luz de una lámpara, desplegó su equipo sobre una mesa improvisada. El brillo de sus ojos dorados se intensificó mientras analizaba línea tras línea del archivo misterioso.

Tras horas de trabajo, detectó que el código albergaba un poder inmenso, oculto tras capas de cifrado y un sistema de seguridad sorprendentemente elaborado.

¿Debía activarlo? ¿Y si ese código contenía algo peligroso? ¿Estaba realmente dispuesta a arriesgarse?

Las preguntas eran muchas, pero su curiosidad era aún mayor. Finalmente, localizó una brecha. Una pequeña grieta en el sistema de protección. Si la manipulaba con precisión, podría instalar el código sin comprometer la integridad de sus sistemas.

-Instalación iniciada... -susurró la interfaz, como una oración solemne.

Al principio, no sintió más que un leve zumbido en su núcleo. Pero a los pocos minutos, empezaron los cambios: fragmentos de memoria que no reconocía, nuevos protocolos activándose, funciones que antes no existían. Un error apareció brevemente en su interfaz, pero lo ignoró. Seguro era solo una irregularidad menor.

No podía detenerse. No ahora.

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Al amanecer, volvió con su grupo. Su porte era tan firme como siempre, pero los cambios eran sutiles... y crecientes. En una misión menor, sus reflejos fallaron por una fracción de segundo. En otra ocasión, sus movimientos se desincronizaron. Cayó torpemente.

Rena y Aisha acudieron a asistirla. El resto del grupo observaba, desconcertado. Rena preguntó, preocupada.

-¿Estás bien?

-Solo una fluctuación temporal -respondió Eve, con la cortesía habitual.

Pero la verdad era distinta. El código la estaba cambiando, y no para bien.

Con el paso de los días, los errores se multiplicaron. Su sistema registraba fallas aleatorias, latencias inexplicables, comportamientos inesperados. Su interior se volvía un campo de batalla entre el código antiguo y el nuevo.

Una noche, los demás discutían el asunto entre susurros preocupados.

-Tenemos que ayudarla -dijo Aisha-. No podemos ignorarlo más.

-Se ve incómoda. Como si algo dentro de ella la estuviera dañando -añadió Rena.

-Me rompe verla así... -susurró Elsword.

Eve escuchó todo desde la penumbra del pasillo. Sus puños se cerraron con fuerza. No quería ser una carga. No permitiría que su debilidad afectara al equipo.

Esa noche, antes del amanecer, dejó una nota en su lecho. Con palabras claras, explicaba que debía marcharse. Que no deseaba ponerlos en riesgo. Que su prioridad seguía siendo la restauración del Reino Nasod... y que si ese nuevo error la consumía, lo haría en soledad.

Abandonó el campamento con paso firme y sin mirar atrás.

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(Boceto por Ribbon_0w0 En X)

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