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Hace ya un tiempo, mucho antes de que la oscuridad envolviera al clan Uchiha, existía un hogar lleno de luz

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Hace ya un tiempo, mucho antes de que la oscuridad envolviera al clan Uchiha, existía un hogar lleno de luz. Una familia de cinco vivía en armonía bajo ese techo, donde las risas eran frecuentes y el amor se respiraba en cada rincón.

El mayor de los hijos, Itachi, era admirado por todos: un prodigio con un corazón noble. Luego estaban los más pequeños, dos gemelos de apenas cinco años, inseparables desde el primer latido que compartieron en el vientre de su madre: Sasuke y Maki Uchiha. Aunque compartían el mismo rostro curioso y los mismos pasos titubeantes, eran distintos en alma. Y aun así, se entendían con una mirada.

Maki, la única niña de la familia, era la alegría más pura de aquel hogar. Consentida por su padre, mimada por sus hermanos y adorada por su madre, era tratada con un amor tan grande que parecía envolverla como un manto invisible.

Una tarde tranquila, Mikoto y Maki salieron juntas, como acostumbraban. Caminaban de la mano por las calles del distrito, mientras el sol doraba sus rostros con suavidad. A su paso, los vecinos sonreían al verlas.

—Qué linda es tu hija, Mikoto. ¡Son tan parecidas!

Maki escuchaba esas palabras y su pecho se llenaba de orgullo. Adoraba parecerse a su madre. La miraba como si fuera una diosa: elegante, fuerte, dulce… perfecta.

—Mami, mami… —dijo de pronto, tironeando suavemente del vestido de su madre—. ¿Cuando sea grande… seré igual a ti?

Mikoto se detuvo, bajó la mirada y se encontró con los grandes ojos oscuros de su hija, llenos de inocencia y esperanza. Su corazón se llenó de ternura. Con una sonrisa suave, como una caricia, pasó su mano por la mejilla de Maki.

—Claro que sí, mi cielo… —susurró—. Serás incluso mejor que yo.

Maki soltó una risita dulce, abrazándose a su madre como si quisiera quedarse así para siempre, ese recuerdo se grabaría para siempre en su alma, como uno de los más cálidos de su niñez.

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Tras un rato de caminata y algunas compras, Mikoto decidió descansar en una banca del parque, mientras Maki corría cerca, dando vueltas entre los árboles y riendo con la inocencia de quien aún no conoce el dolor del mundo.

Pero en medio del juego, algo la detuvo.

Un sonido suave… como un sollozo. Casi imperceptible.

Curiosa, Maki caminó despacio hacia unos arbustos, su corazón latiendo un poco más rápido. Apartó con cuidado las ramas… y entonces la vio.

Una niña de su edad, de cabello oscuro y ojos como perlas, estaba encogida en el suelo, abrazándose a sí misma mientras intentaba contener el llanto. Su carita estaba enrojecida, sus hombros temblaban.

Eclipse de Almas (Shino x oc)Hikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin