la esperanza de un amor

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AMELY

Eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida y me harías el hombre más feliz si aceptaras casarte conmigo... Las palabras flotaban aún en mi mente mientras la voz robótica resonaba por el altavoz.

Pasajeros del vuelo 533 con destino a Nueva York con escala en Manchester, favor de abordar por la puerta uno.

Sacudí la cabeza, intentando enfocarme en el presente. Tomé mi pequeña maleta de ruedas y mi bolso de mano, dirigiéndome hacia la puerta indicada. Entre la multitud, divisé a Luis caminando hacia mí. Su rostro, habitualmente relajado, mostraba una mezcla de preocupación y cansancio.

- ¿Lista para volver a casa, Amy? - Me preguntó Luis al abordar el avión. Lo miré a los ojos y asentí, un nudo apretándome la garganta, impidiéndome hablar con fluidez. La idea de volver a Nueva York era una sensación extraña - ¿Vamos a llegar a Nueva York directo a la empresa o irás tú primero y yo te alcanzo en pasado mañana? -le pregunto mientras me acomodo en el asiento junto a la ventana.

- Como tú prefieres, Amy. - Mi respuesta salió apenas en un susurro.

- Me gustaría que fueras tú primero y hablaras con tu socio respecto a que yo voy a estar a cargo de la empresa, Y me gustaría ir sola a ver la tumba de paulo y de paso la de Milly

- Entonces así será, - respondió Luis, tomando mi mano y apretándola suavemente. Su comprensión siempre había sido un bálsamo en los momentos difíciles. Sabía que este viaje era más que un simple regreso a casa; era un paso doloroso entre mi pasado y mi presente

TOBÍAS

La imagen de sus ojos llenos de furia y dolor me perseguía. -No te quiero ver. Lo que tú me hiciste es imperdonable. Me voy. - Sus palabras resonaban en mi cabeza como un eco constante.

-No entiendo por qué te estás yendo. ¿Qué fue lo que te hice que es tan imperdo...? - No terminé la frase cuando sentí el impacto de su mano en mi mejilla. Luego, sus puños golpearon mi pecho una y otra vez. Me dejé hacer, observando las lágrimas que resbalaban por su rostro. La dejé descargar su rabia hasta que un gemido de dolor se escapó de sus labios. Fue entonces cuando la abracé, instintivamente.

- ¡Suéltame! ¿Cómo puedes ser tan cínico? ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí, que siempre he estado para ti? ¿Por qué hacerme este daño? ¡Responde! - Su voz estaba quebrada por el llanto y la indignación.

- No sé de qué me hablas, mi amor, - intentó, tratando de volver a abrazarla. La confusión y la angustia me invadían. ¿Qué había hecho? No recordaba nada que pudiera haber causado tanto dolor en el amor de mi vida.

- ¡No! ¡No me toques! Déjame sola. Quiero empacar mis cosas. - Se apartó bruscamente, con la mirada llena de un rencor que nunca antes había visto en ella.

-No te vayas. El que se va soy yo. Pero necesito que te calmes y hables conmigo. No recuerdo qué hice, pero sé que fue malo y necesito tu perdón. - La desesperación comenzaba a apoderarse de mí. No podía perderla, no así, sin entender lo que había sucedido.

-Tobías. -

-Tobías. -

La voz de Sofía me trajo de vuelta a la sala de juntas, a la fría realidad de la oficina.

- ¿Mandé? - Respondí, parpadeando para enfocarme en su rostro preocupado.

- ¿Estás escuchando lo que está pasando? - preguntó con el ceño fruncido.

- No, perdón. ¿En qué estábamos? - Mi mente seguía divagando en la discusión con la que era el amor de mi vida y en como fui tan idiota para perderla

-La empresa de moda Iuswoman del padre de Emily. Tú eres dueño en un 49% y la otra parte... el dueño es italiano. Viene en camino, llegará mañana. - Sofía suspira, visiblemente frustrada por mi falta de atención.

- ¿Qué mierda? ¿Cómo es que perdimos el 51% de la empresa de mi suegro? - La noticia me tocó como un balde de agua fría. La empresa de Paulo... era lo único que me quedaba de ellos.

-Tobías, supéralo. Él y Emily ya no forman parte de tu vida. No entiendo tu obsesión por tener la empresa del señor Paulo, pero esto es un extra. ¿Qué tiene que ver la moda con la arquitectura? Entra en razón. - Sofía intentaba hacerme ver la lógica, pero mi mente estaba nublada por la pérdida y la confusión.

-No quiero perder la empresa. Se lo debo a ellos. - Me levanté bruscamente. - Bueno, hasta aquí la reunión. Nos vemos. Ah, y me programas una cita con el que tiene el 51% de la empresa. Que sea mañana. - Necesitaba respuestas, necesitaba entender cómo habíamos perdido el control y quién era este nuevo socio italiano. Algo en mi interior me decía que esto era más importante de lo que Sofía podía imaginar.

Llegué al antiguo departamento, aquel espacio que una vez compartimos, y la atmósfera cargada de recuerdos me recibió como un golpe sordo. Este retorno voluntario se ha convertido en la tortura autoimpuesta a la que me condené desde su partida, una penitencia constante en este santuario de memorias compartidas. Me castigo sin piedad con el lacerante sentido de culpa que me ha carcomido implacablemente durante cinco malditos años. En estos años de sombría reflexión, mi mente no ha encontrado respiro, obsesionada con la pregunta punzante de cómo pude infligir tal daño al amor más profundo de mi vida. Revivo una y otra vez el instante fatídico de aquel día en que mandé al carajo nuestra relación. Tomo la botella de whisky y bebo sin parar, así hasta quedarme dormido en un sueño que se ve atormentado por el día en que la perdí por completo.

-Señor , lamentamos informarle que ella perdió la vida; no pudimos hacer el lavado gástrico a tiempo.

-no es cierto ella no me pudo dejar, porque lo hizo Edgar se llevó con ella una parte de mi vida hermano como se supone que voy a vivir si ella apenas aprendía a vivir sin estar con ella en mi vida me resigne a verla feliz con otro pero jamás voy vivir sabiendo que ya no está en este mundo

—¡Nooooo! —despierto exaltado del maldito sueño que lleva años atormentándome.

EMILY/AMELYStories to obsess over. Discover now