El mundo estaba lleno de héroes.
Algunos eran grandes -colosos de la justicia como Endeavor, Best Jeanist o Edgeshot-. Otros, leyendas inmortales, como All Might, el símbolo de la paz. Sus rostros aparecían en los noticieros, en vallas publicitarias, en las portadas de los libros de texto. Eran el orgullo de una sociedad que había aprendido a vivir confiada bajo su protección.
Pero a las afueras de Musutafu, lejos del resplandor de esos nombres y la euforia de los estudiantes de primer año en la U.A., había un joven que caminaba en silencio. Tenía 22 años. Su nombre era Kenshi Takahashi. Nadie lo conocía. Y, sin embargo, su historia era una que merecía ser contada.
Dejó atrás todo lo que alguna vez conoció. Un pasado que dolía como una herida aún abierta. Un barrio que se tragaba a los inocentes. Una infancia marcada por el crimen y el abandono. Lo dejó todo... porque soñaba con ser un héroe.
La U.A. no solía hacer excepciones, pero en su caso, la administración permitió una única: presentarse al examen de ingreso pese a su edad. Y Kenshi lo dio todo. Su desempeño fue impecable. Superó a muchos jóvenes con formación previa, habilidades pulidas y una sonrisa perfecta para las cámaras.
Su Quirk, Diamante, era un prodigio por derecho propio. Podía crear estructuras de presión imposible, recubrir su cuerpo con una armadura más dura que el acero, manipular la luz a través de sus cristales para cegar a sus enemigos, disparar esquirlas con precisión quirúrgica, o construir una muralla entera en segundos. Era más que poderoso: era un artista del combate.
Pero el poder no siempre gana. No en este mundo.
Cuando entró en la oficina del examinador, un hombre de rostro severo y traje impoluto llamado Kurosawa lo recibió sin levantar la vista del expediente.
-Takahashi Kenshi -dijo, hojeando los papeles-. Lo hiciste bien. De hecho, lo hiciste muy bien.
Kenshi, de pie y firme, asintió en silencio. Esperaba la respuesta que cambiaría su vida.
-Sin embargo... -el tono de Kurosawa cambió como una puerta que se cerraba-, no podemos aceptarte. No solo por tu edad, que ya es un problema administrativo... sino porque tu Quirk no es lo suficientemente llamativo.
Silencio.
-¿Perdón? -preguntó Kenshi, con la voz tensa.
-Tu habilidad es útil. Eficiente. Pero no vende. No brilla para el público, ¿entiendes? Necesitamos símbolos, no herramientas. Esta generación necesita caras nuevas, carisma... proyección. Así que ese cupo irá a una joven cuya individualidad resulta más... impactante. Ya sabes cómo es esto.
Kenshi no respondió. No gritó. No discutió. Se quedó allí, helado, como si todo lo que había construido en su interior se resquebrajara.
Y así, se fue.
Todos sus ahorros -todo lo que había ganado honestamente durante años- se habían ido en una apuesta que perdió. El departamento en Musutafu, pequeño y gris, era todo lo que le quedaba. No tenía padres. No tenía familia. No tenía futuro. Solo ese espacio silencioso donde cada rincón le recordaba que había creído demasiado.
Esa dia, necesitaba aire.
Cerró la puerta tras de sí y bajó los peldaños de concreto con las manos en los bolsillos. El sol ya se había elevado y la ciudad comenzó a calentarse. Caminó rumbo a una tienda de conveniencia cercana, tal vez para comprar un bento barato, algo que no supiera a derrota.
Al doblar la esquina, una voz llamó su atención desde un callejón.
-...Habrá muchos muertos -dijo alguien con tono áspero, casi divertido-. Será lo mejor de lo mejor.
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My Hero Academia: Alma de Diamante
FanfictionEn un mundo donde todos nacen con un don, Kenshi Takahashi vino al mundo con un regalo singular: el poder de crear y manipular diamantes. Pero crecer en Kamagasaki, el rincón más oscuro y peligroso de Osaka, convierte cualquier don en una maldición...
