En medio de un oscuro y silencioso bosque, deambulaba sin rumbo un chico a tan solo minutos de cumplir catorce años.
Agotado tras caminar todo el día, se sentó sobre un tronco que yacía en el suelo e inmediatamente el cansancio le golpeó, jadeando bajó su cabeza y fijó su mirada en el piso cubierto de hojas.
—Esto es una estupidez, ni siquiera sé para que vine —dijo el chico mirando una de sus manos que temblaba pese al agradable clima que allí había.
Cuando su respiración se calmó, elevó su mirada y por un instante, todas sus preocupaciones desaparecieron ante el brillante cielo nocturno, obligándose a preguntarse si realmente eran las mismas estrellas que veía en su ciudad.
—Como me gustaría que pudieras ver esto… te extraño tanto, ¿por qué tuviste que irte? —unas pocas lágrimas comenzaron a recorrer su rostro—. Espero que nunca más tenga que pasar por lo mismo.
Juntó unas cuantas hojas del suelo y formó una cama improvisada. Pese a que de poco le ayudó para paliar la dureza del suelo, el cansancio tanto físico como mental le permitieron quedarse dormido sin problemas.
A la mañana siguiente, los rayos del sol en la cara le dieron la bienvenida a un nuevo día. Pese a sus intentos de volver a dormir, esta vez la incomodidad se impuso y no le quedó más opción que levantarse.
—Creo que es mejor que vuelva, aunque al final parece que este viaje fue inútil —dijo entre bostezos mientras se levantaba.
El dolor en su espalda era notable, lo cual consideraba normal luego de utilizar aquella precaria cama, y de hecho dudaba de que realmente pudiese llamarle de aquel modo.
En cuanto se dispuso a volver por donde había llegado, se percató de que se hallaba completamente desorientado. Miró una y otra vez en todas las direcciones posibles, mas no lograba recordar nada. Pese a esto, mantenía la calma completamente.
Estaba a punto de comenzar a caminar en cualquier dirección, cuando un lejano movimiento captó su atención. No logró divisar de que se trataba, tan solo podía ver una mancha blanca entre los árboles. Por el tamaño, o quizás porque así lo prefería, descartó que se tratara de un animal y empezó a acercarse, con lentitud y cautela.
Aunque sus movimientos eran cuidadosos, no tenía ni el menor atisbo de miedo, todo lo que sentía era curiosidad. Tras avanzar varios metros, logró distinguir que se trataba de una persona, un poco más baja que él y que llevaba una capucha blanca que cubría todo su cuerpo, dejando solo sus descalzos pies a la vista.
Por alguna razón, el chico no se cuestionó que hacía aquella persona en el bosque, ni por que vestía así, tan solo deseaba alcanzarla, sin embargo, aquella persona pensaba muy diferente, puesto que sin siquiera mirar al chico, comenzó a correr.
—¡Espera! —gritó el chico—. Es peligroso correr por aquí.
Haciendo caso omiso a su propia advertencia, inició su persecución. Por mucho que tratara, no podía recortar la distancia, pero se negaba a detenerse. Uno de sus pies chocó, haciéndole caer hacia el frente y su cabeza se golpeó contra uno de los árboles. Alzó la mirada lo más rápido que pudo y extendió su brazo hacia la figura blanca que desaparecía a lo lejos mientras su vista se volvía oscura.
***
—Despierta, ¿estás bien? —dijo la voz de una chica.
—No... corras... —dijo el chico sin estar plenamente consciente.
—No deberías estar durmiendo por aquí. Aunque suele ser un lugar tranquilo, nunca se sabe cuando puede aparecer una bestia.
Abrió los ojos y se encontró con una chica sentada a su lado.
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La insignia de fuego [Ed. Definitiva]
FantasyYuuki es un chico que se encuentra vagando por el bosque en la noche previa a su cumpleaños. Al despertar ve a una persona encapuchada, a quien decide seguir, pero termina golpeándose la cabeza y desmayándose. Una vez recuperado de aquel golpe, se d...
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