Desde pequeño, crecí en una casa donde el amor era abundante, aunque los recursos no lo fueran.
Nuestra casa no era grande, pero siempre estaba llena de ruido y vida. Mis hermanos y hermanas eran mi mundo. Éramos como una pequeña manada, protegiéndonos y acompañándonos en todo. Aunque discutíamos y peleábamos como cualquier familia, sabíamos que, al final del día, nos teníamos los unos a los otros.
Mi mamá, una mujer fuerte y luchadora, era el pilar que sostenía todo. Recuerdo verla llegar agotada del trabajo, pero aún así nos sonreía y preparaba la cena como si nada la derrumbara. Me preguntaba de dónde sacaba tanta fuerza. Con los años entendí que su motor era el amor que nos tenía.
Desde niño soñaba con algo más. Imaginaba tener una casa grande donde mi familia no tuviera que preocuparse por el dinero o la comida. Quería ser alguien importante, alguien que pudiera cambiar nuestra realidad.
Pero, aunque soñaba en grande, la realidad no tardó en golpearme. A medida que crecía, vi cómo amigos y vecinos se iban del país buscando una vida mejor. Escuchaba historias de quienes lograban salir adelante, pero también de quienes regresaban rotos y sin nada. La idea de irme empezó a crecer en mí. Sabía que si quería darle a mi familia una vida mejor, tendría que buscar oportunidades fuera.
En ese tiempo tenía una relación muy linda con una muchacha que vivía cerca de mi casa, era menor que yo, aunque eso nunca fue un problema aparente ya que sus papás me conocían desde niño y de ahí en adelante siempre hubo un ambiente no tan bueno, pero si cómodo.
Ella me enseñó a amarla, a saber quererla, anterior a ella tuve muchos errores con relaciones (las cuales no mencionaré por no ser relevantes hoy en día) en las que decidí trabajar para ser mejor, al final del día les hacía caso miso y siempre caía en el mismo revuelo.
Fueron lindos meses los que pase con ella, sin duda fue una relación la cuál hoy en día siento que fue la que me hizo ser un hombre mejor, sucedieron muchas cosas entre nosotros, cosas de las cuales he aprendido mucho, y día a día intento mejorar.
Todo funcionó hasta que decidí irme, despedirme por un mejor futuro, algo para mí, algo con lo cual pudiera sentirme cómodo, ella lo acepto entre lágrimas, fue doloroso tener que decir adiós después de tanto juntos, pero era algo que tenía que hacer.
El día que decidí irme no fue fácil. Miré a mi mamá y sentí una mezcla de culpa y esperanza. ¿Cómo decirle que me iba sin que sonara como que la estaba abandonando? Ella me entendió antes de que pudiera decir una palabra. Me miró con sus ojos cansados pero llenos de amor y me dijo:
—Si esto es lo que necesitas para ser feliz, hijo, ve, no te rindas. Yo siempre estaré aquí esperándote.
Esas palabras quedarán grabadas en mi cabeza, son mi motor de aliento, y mi mayor consuelo al pensar en lo que fue despedirme.
Ver a mi hermana junto a mi ex pareja llorando, queriendo no despedirse, ver a mi hermano llorando, a mi mejor amigo a un lado de mi, ver a mis tías, primas, amigos, tener que decir adiós fue doloroso, pero, al final del día era algo que tenía que hacer.
ČTEŠ
Mi historia
Povídkybasado en lo que viví, lo que sufrí, lo que recorrí, y todo lo que me llevo a ser el hombre que soy hoy
