1-01 Origen/Mi Don, Mi Maldición

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En el vacío primigenio, mucho antes de que el tiempo tuviera nombre y la existencia fuera siquiera un susurro, surgió Bloznork, la entidad cósmica absoluta. De su esencia emanaron dos seres de poder inconmensurable: Vlanika y Krozner, los Dioses Antiguos. A ellos les fue encomendada la sagrada tarea de moldear el cosmos; se les otorgó el aliento de la creación y el rigor de la destrucción para que, a su voluntad, erigieran santuarios donde la vida pudiese florecer.

Durante siete milenios, los dioses tejieron la arquitectura del firmamento. De su esfuerzo nacieron el sol y doce esferas celestes con sus respectivas lunas, conformando el equilibrio perfecto de lo que hoy conocemos como el sistema solar.

Al culminar su obra, ambos dioses unieron sus esencias para engendrar a ocho herederos: los Seres Humanos. A estos primeros ocho se les dotó de fragmentos del poder divino, permitiéndoles manifestar el ecosistema y los cimientos de la civilización.

Sin embargo, la armonía se quebró cuando Krozner, movido por una ambición solitaria, dio vida a dos seres nuevos sin el consentimiento de su par.
Utilizando el primer destello del alba y la profundidad de la penumbra nocturna, Krozner forjó dos entidades cuya pureza superaba la de los ocho originales. Al ser creados directamente de la mano de un dios —y no mediante la mezcla genética de los herederos—, estos nuevos seres poseían una fuerza sobrecogedora. Krozner no solo había creado descendencia; había engendrado a dos nuevos dioses.

El descubrimiento de esta traición desató la furia de Vlanika. El reclamo por la creación clandestina y la falta de respeto hacia el mandato de Bloznork escaló hasta convertirse en una guerra fratricida. El pacto fue severo: el derrotado sería condenado al destierro eterno.

La batalla sacudió los cimientos del cosmos durante semanas. El choque de sus poderes fue tan devastador que cuatro de los doce planetas fueron reducidos a cenizas, dejando solo nueve mundos en pie. Al final, Vlanika emergió victoriosa y condenó a Krozner al exilio en los confines del vacío, un lugar donde el eco de nuestro sistema jamás llegaría.

Antes de partir, Krozner reclamó a sus hijos de Luz y Oscuridad. Vlanika, implacable, le advirtió que si permanecían en sus dominios, ella misma extinguiría sus vidas, tachándolos de aberraciones no deseadas. Con el corazón envenenado por el odio y jurando una venganza que algún día reclamaría el sistema solar como suyo, Krozner se perdió en la negrura del espacio.

Temiendo el regreso de Krozner, Vlanika dedicó eras a entrenar a los ocho maestros originales, otorgando a cada uno habilidades únicas para proteger la vida y repeler la sombra de su padre. Fueron ellos quienes, a su vez, poblaron los mundos y bendijeron a sus primogénitos con el don de la magia, un legado que fluiría por las venas de las generaciones venideras.

Pero esta crónica no pertenece a los Dioses Antiguos, ni a los ocho grandes maestros que custodian los cielos.

Esta historia pertenece a un joven ordinario, cuya vida está a punto de ser fragmentada por los ecos de aquella guerra milenaria.

Y esta es su historia...

MI DON, MI MALDICIÓN

Lunes 26 de Agosto del 2016

Para la mayoría de los jóvenes que cerraban su etapa en la instrucción primaria, aquel era simplemente el inicio de una adolescencia común. Sin embargo, en el tejido de nuestra sociedad, el camino se bifurca de manera irrevocable al cruzar el umbral de la nueva enseñanza.

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