Parte 1 Sin Título

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-Yo, señor profesor, le aseguro que soy inocente. No quería hacerlo, agente. Aunque todas las pruebas estén contra mí y la clase haya contestado a coro gritando mi nombre cuando usted ha preguntado: "¿Quién ha provocado todo este escándalo?", yo no soy el culpable. Se ha producido una cadena de casualidades desgraciadas que, si tiene paciencia, ahora que estamos solos le explicaré.

-Pero Daniel, ¿De qué hablas?

-Por favor, agente, escúcheme primero. Verá, yo he tenido un mal día hoy. Y sé que no hay excusa válida para todo esto, pero en mi caso, esta no es del todo una excusa. Me he despertado por la mañana, y tenía las gafas en el oculista. por tanto, no podía ver bien. Pero no me he tropezado hasta que he llegado al colegio, y ahí me he dado cuenta de que no las fui a buscar. Pensaba que era efecto del sueño primero. Hasta que lo he recordado. Y usted, señor profesor, sabe lo que odio no poder leer los libros. Por tanto, he empezado a buscar soluciones para mi problema. Pero no encontraba ninguna, así que le he pedido a mi amigo Manuel que me deje sus gafas cuando acabe de leer. Pero, no veía, ya que Manuel no ve tan mal como yo. Pero antes de devolverle las gafas a Manuel, se me han caído en un charco, y por tanto se las he devuelto sucias y ralladas. Eso ha enfadado mucho a Manuel, y ha hecho que me pegue un puñetazo. Lo bueno es que como no llevaba las gafas, no se me han roto. Lo malo es que me ha comenzado a sangrar la nariz y he tenido que ir al baño a limpiarme, aún sin mis gafas. Y en el techo del baño había papeles pegados. Odio los papeles pegados en los techos de los baños, y los he empezado a quitar. Pero ha venido el director, y pensándose que las estaba poniendo en vez de quitarlas, me ha castigado. Y en la sala de los castigados, también estaba Manuel por el puñetazo que me ha pegado. Y ya que ha visto la oportunidad, cuando se ha ido el director, Manuel me ha empezado a pedir perdón. Pero después, el director ha vuelto y se ha pensado que seguía peleándose conmigo, así que nos ha castigado a los dos más rato. Pero yo tenía que ir al baño. Por lo tanto, me he escapado para ir al baño. En el camino me he encontrado a algunos profesores, de los cuales me he escondido. Y al llegar al baño, he hecho mis necesidades como cualquier otra persona, pero he atascado el baño. Y para que no me castiguen más, lo he dejado ahí, sin tener en cuenta que estaba sacando más y más agua, y cómo no, el agua ha salido del baño muy rápidamente. Y al salir del baño, he visto que la puerta del laboratorio estaba abierta, así que he entrado para ver qué pasaba. Y estaba un ladrón, robando materiales. El ladrón lo he cogido del brazo y le he mirado a la cara, me ha pegado un puñetazo y se ha ido corriendo. Y eso ha hecho que se cayeran unos cuantos polvos, con la casualidad de que había un tarro delante de la ventana que los ha calentado y ha hecho que exploten. Cuando lo he visto todo quemado, he decidido que debía volver a la sala de castigados y explicar lo que ha pasado. Pero he recordado que el laboratorio estaba ardiendo, y he encendido la alarma de incendios. He empezado a salir del laboratorio, nunca podrán ustedes replicar mi cara al ver que el agua me llegaba ya a las rodillas. Por suerte, no era agua del baño, era el río. Y he querido refugiarme en las escaleras, pensando en que estas son de ladrillos y ni el agua ni el fuego se las podrían llevar. Y allí me he quedado, viendo la escuela incendiarse e inundarse a la vez, y sin poder hacer nada. Poco sabía yo que iba a bajar por las escaleras el profesor de química con un barril lleno alcohol sanitario, y se iba a tropezar conmigo, haciendo caer todo eso en el agua. Y allí estábamos, el profesor de química y yo sentados en las escaleras, viendo cómo el agua con fuego encima iba subiendo hacia nosotros. Hasta que hemos decidido subir al tejado. Y en el tejado, hacía frío. Hacía mucho frío, por mucho que ardiera el suelo. Por eso, casi no podíamos mover las manos. Y yo me he podido agarrar, pero al profesor se le han quedado las manos quietas y se ha caído del tejado. Y allí ha acabado la vida del profesor, y me he quedado congelado del miedo, rezando para que no acabe la mía. Al final he recordado que hay un tubo que baja el exceso de agua cuando llueve en el tejado, y me he bajado por ese tubo hasta la altura del tejado de una casa para empezar a saltar de tejado en tejado, intentando que el agua no me llegara No tenía ni idea de que estaba tirando tejas al agua. Y he llegado a una montaña en la que no llegaba el agua. He subido y subido, pero todo el pueblo se seguía inundando. Viendo eso, he asumido mi futuro y he empezado a buscar lo que sea para sobrevivir. He montado una cabaña y he comenzado a prepararme para aprender a cazar. Cuando ha llegado la policía a apagar mi hoguera, no esperaba que se me llevasen para confesar. Digo la verdad cuando afirmo que no era mi intención provocar la muerte del Sr. González, ni incendiar la escuela, ni dañar todos los tejados de la calle Gutiérrez.

Tanto los agentes como los profesores se quedan atónitos al escucharlo, y un agente abre la boca para hablar. Pero Daniel se despierta de repente, y se acuerda de que tiene las gafas en el oculista. 

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