La verdadera historia a veces, como lo esencial -dice "El Principito"-, es invisible a nuestros ojos.
Un sábado de lluvia intensa, interminable, pero deseado como pocos para terminar con el agobiante calor que azotaba la ciudad, ambientaron la armonía de estar tirados, juntos ahí donde siempre podía hacerse ese silencio que no incomodaba. Al contrario, acompañaba. Él era todo lo que necesitaba para encontrar un poco de paz, tan perdida esos días.
No sería ninguna novedad la razón por la que lo había llamado, él la percibía a kilómetros. Ella sólo tuvo que enviarle un mensaje preguntando si estaba, para que le respondiera que sí, de camino a su casa, que la esperaba. Así era su telepatía. Su vibra compartida, su amistad mágica.
Conocerlo había sido una coincidencia de la vida, podrían pensar algunos, pero ella no creía en las casualidades, todo pasaba por algo. Para bien o para aprender, pero siempre por algo. Y ese tipo de clic no se daba muchas veces en esta vida.
Inconscientemente ella lo supo, pero lo negó. "Sos una negadora", le había dicho su novio, bueno mejor dicho su ex, ahora mismo. Y quizás tenía razón, pero jamás en la vida le diría que sí, que la tenía. Porque a pesar de ese clic, ella lo consideraba un amigo, un hermano, o eso quería creer. El que siempre estaría con ella, y eso sólo pasaría si no se involucraban los sentimientos, más allá que los de una bella amistad.
Su cabeza por momentos se iba de la realidad y pensaba en todo lo que había pasado ese día, estaba en un bucle de sobrepensar sobre lo ocurrido. Cuando había escrito el mensaje para Gianfranco, no había pensado realmente en que tendría que contarle sobre por qué estaba así. Pero su voz la sacó de ese pensamiento.
-¿Vas a decirme por qué estas así? -preguntó, sabiendo que Julian algo tenía que ver.
-¿Por qué pensás que me pasa algo? ¿No puede venir una chica a tirarse a la alfombra de su amigo solo a pensar en nada? -era claro que no era cierto, pero quizás esa ironía le funcionara.
-Si no querés decirme, está bien, pero te conozco un poquito como para saber que eso es mentira.
-Sí, bueno. Hace días discutí con Julian, y las cosas solo se pusieron peores. Hoy pasé por su casa para buscar las cosas que tenía ahí.
-O sea, es definitivo esta vez. -medio preguntó, medio afirmó él.
-Ya era definitivo hace tiempo. Vos lo sabés. -dijo Camila, con intenciones de dar por finalizada la charla.
Todos, en espacial Gian, sabían que esa relación había dado más de sí, que lo que cualquiera hubiera imaginado. No había posibilidades de sostener una relación donde solo uno de los dos amaba.
-Sí, la única que no quería aceptarlo eras vos. Preparo algo para cenar y me contás todo. Tengo tu vino. -Gian terminó la frase con una sonrisa en la cara, contagiada de la de Cami, que en cuanto escuchó comida y vino, se le pintó una sonrisa inconsciente.
-Si me ibas a recibir así, tendría que haberlo cortado antes -bromeó ella.
-Mentirosa -acusó él. -Si siempre te recibo así.
Gian se levantó del sofá, y se encaminó hacia la cocina para preparar su más grande delicia, pastel de papa. ¿Era acaso, el único plato que él había aprendido porque era el favorito de Camila? Error, había intentado aprender a cocinar cada comida que ella amara, pero el pastel de papa era el que mejor le quedaba. Ella no se cansaba de decírselo y él, no se cansaba de escucharla.
-Cami, vení. -la llamó. -¿Querés preparar las bebidas? Está todo en la heladera.
Camila se dirigió a la cocina a preparar lo que iban a tomar. Se manejaba en esa casa como si fuera la suya. Mientras miraba a Gian preparando el pastel de papa con un puré que ya tenía listo.
Ella enfrió unos vasos con hielo y preparó un fernet para él, y para ella un vino blanco, aunque muchos la juzgarán, ella lo tomaba así.
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INVISIBLE
General FictionUn au giamila. Donde dos amigos exploran el cambio de su relación. Con el miedo de que si se arriesgan, podrían perderlo todo.
