CAFÉ Y OBSESION
Bob Calloway se encontraba trabajando como barista en aquel café. A pesar de ser el chico nuevo, conocía a la perfección el entorno: los clientes apresurados, las parejas que se susurraban al oído, los ejecutivos que pedían un café sin mirarlo a los ojos. Todo era rutina y aburrido.
Una mujer se deslizó por la puerta, con una confianza que exigía espacio sin pedirlo. Una cascada de ondas oscuras con reflejos dorados caía con la precisión de alguien que no deja nada al azar. Vestía de negro, como si el color le perteneciera. Un abrigo largo de lana blanca cubría su figura esbelta, no era una mujer frágil. Su porte era firme, su postura erguida.
Lo que más le llamó la atención a Bob, fueron sus ojos.
Fríos, afilados, con un tono ámbar profundo que parecía atravesarlo con un solo vistazo. Eran los de alguien que había aprendido a estar sola porque el mundo rara vez estaba a su altura.
La expresión en su rostro no reflejaba prisa. Observaba la fila con la calma de quien siempre tiene el control.
Bob parpadeó. Había visto muchas mujeres atractivas en el café, pero ninguna como ella.
Un tipo en la barra llevaba un traje caro, reloj de marca y un tono arrogante en la voz. Le exigía al barista del turno anterior que le repitiera su café porque no estaba "a la altura de sus expectativas". Era una de esas personas que necesitaban pisotear a otros para sentirse importantes.
El empleado intentó explicarle que su café estaba bien preparado, pero el hombre insistió. Su voz subió de tono y los clientes empezaron a mirar.
Bob ya había visto esto antes. Gente con dinero que trataba como basura a los empleados solo porque podían. Normalmente, él ignoraría la escena. Pero esta vez, ella estaba ahí.
La mujer de la fila, con una mano sosteniendo su bolso y la otra en el bolsillo del abrigo. No miraba la escena con incomodidad o vergüenza. La miraba con curiosidad. Como si estuviera esperando algo.
Bob sintió algo extraño en el pecho. No miedo. No duda. Curiosidad.
¿Qué haría un hombre como él si supiera que ella estaba observando?
Entonces, salió de detrás del mostrador, se acercó al cliente molesto y tomó su café sin decir una palabra.
El tipo lo miró, sorprendido.
—¿Qué demonios estás haciendo?
Bob giró la taza entre sus manos, como si estuviera evaluando su temperatura. Y sin inmutarse, derramó el café en el suelo, justo entre los zapatos de cuero brillante del hombre.
Hubo un silencio absoluto en el café.
Los empleados contuvieron la respiración. Los clientes dejaron de teclear en sus laptops. Incluso la máquina de espresso pareció detenerse.
La mujer lo observó con atención.
El hombre del traje lo miró, incrédulo.
—¿¡Acabas de derramar mi café!?
Bob sonrió, tranquilo.
—Ahora sí pueden hacerte otro. Gratis. Como te gusta. A la altura de tus expectativas.
El hombre se puso rojo de ira, pero antes de que pudiera responder, la mujer dirigiéndose a Bob.
—Un espresso doble. Sin azúcar.
Su voz fue clara, firme. Con un tono que no pedía permiso ni daba opciones, dejó en el aire una orden silenciosa: la escena había terminado
El tipo del traje aún parecía a punto de explotar, pero Bob ya lo había relegado al olvido. Detrás de la barra, preparaba el espresso con la precisión de alguien que hubiera nacido para hacerlo.
YOU ARE READING
BOB CALLOWAY
Short StoryBob Calloway lleva una vida aparentemente común como barista en un café, pero su mundo se transforma cuando dos mujeres misteriosas irrumpen en su rutina. Una elegante y segura de sí misma, y otra joven y desinhibida, ambas lo atrapan en un juego de...
