Right Where You Left Me

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Hola, ya llevaba unos días con esta mini historia en mi borradores y apenas me animé a publicarla.
Espero que les guste

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El tiempo no se detiene para nadie.

Eso es lo que Dean Winchester siempre pensó. La vida seguía adelante, con o sin él. Las personas morían, los monstruos regresaban, las cicatrices sanaban lo suficiente como para seguir peleando otro día. No había espacio para quedarse atrás. Estaba bien sentirse mal unos días, pero la vida continua y los problemas nunca cesan.

Pero entonces, Castiel desapareció.

Y de repente, todo dejó de moverse.

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El bunker se sentía mas vacío de lo habitual.

Sam se fue hace tres días, ahora salía con mas frecuencia, ayudando a Eileen con diversos casos. Actualmente estaban en Chicago.

Dijo que era un caso sencillo, pero Dean sabía que era solo una excusa. Sabía que su hermano necesitaba escapar de la cueva en la que se había convertido el búnker. Él decía que estaba bien, que solo necesitaba espacio, pero Sam lo miraba con la misma preocupación con la que lo había mirado cuando tenia 10 años y Dean volvía cubierto de moretones tras meterse en otra pelea. Sabía que estaba cansado de verlo sentado en la misma silla, con la misma botella, con la misma mirada perdida. Pero no insistía.

Así que Dean se quedaba.

En la misma silla, en la misma habitación (que no era precisamente la de él).

Porque no podía irse.

Cada vez que lo intentaba, su mente lo traicionaba. Cada vez que agarraba las llaves del Impala y abría la puerta del garaje, algo lo detenía.

Porque si salía de aquí, si se alejaba demasiado, entonces tendría que aceptar que Castiel ya no estaba, que cuando regresara de su salida no habría un ángel del señor esperando por su regreso, con un abrazo, o un "hola, Dean".

Y él no estaba listo para eso.

No ahora.

Tal vez nunca.

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A veces ni siquiera encendía la luz.

A veces solo reproducía ese casete, ese maldito casete que ahora era todo lo que tenia de él, junto con esa sucia gabardina que usaba de almohada o a veces de cobija. Era eso, con su botella medio vacía y la mente atrapada en una escena que no podía olvidar.

Castiel, mirándolo fijamente, solo a él, con esos ojos llenos de algo que Dean no había sabido nombrar hasta que fue demasiado tarde.

"Te amo"

"Goodbye, Dean"

El eco de esas palabras aun rebotaba en las paredes del bunker. A veces, juraba escucharlo en el silencio de la habitación. "De su habitación", pensó Dean.

y luego, la nada.

Parpadeo, volviendo al presente. La mesa frente a él estaba exactamente igual a como la había dejado la noche anterior. La mesa en el mismo lugar. El cenicero con la colilla de un cigarro que nunca se termino. Ese casete al borde del reproductor...

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