Después del segundo juego, el aire estaba tenso por la gran cantidad de jugadores muertos. En el lugar solo quedan los jugadores que han sobrevivido, cada uno estaba sumergido en sus pensamientos, se encontraban sentados en grupos que fueron formando conforme pasaban los días en ese lugar.
En eso, el jugador 388 se levantó de su lugar, mirando a su grupo con una mezcla de determinación y una ligera incomodidad.
- Oigan, quizá deberíamos presentarnos - dijo llamando la atención, buscando establecer alguna clase de conexión con los demás.
El grupo de jugadores, que hasta ese momento había estado sumido en sus pensamientos, se giraron hacia él.
- Aun no sé sus nombres - comento el jugador 388, observando a los demás jugadores sentados a su alrededor. Su mirada pasó de uno a otro, buscando un vínculo - Empiezo yo, Soy Kang Dae-ho -
El jugador 390 siguió la iniciativa y se presentó - Yo soy Park Jungbae -
El resto de los jugadores siguió el ejemplo, compartiendo sus nombres, como si el acto de conocer a los demás pudiera, de alguna manera, aliviar la tensión que se había acumulado en el ambiente. Dae-ho volvió a tomar asiento, escuchando con atención cada uno de los nombres. Pero en medio de las presentaciones, algo llamó la atención de Dae-ho. Desde un rincón apartado, un joven observaba al grupo con una intensidad inquietante.
En sus ojos había una tristeza palpable, una desesperación que Dae-ho no pudo ignorar. Parecía un cachorro perdido sin rumbo, no se movía, su rostro marcado por los moretones aún visibles. Dae-ho se quedó observándolo por unos segundos, sabiendo perfectamente lo que eso significaba: ese joven era la presa del jugador 230. Nadie se atrevía a intervenir, pues no querían meterse en problemas con el jugador 230, quien había dejado claro desde el principio que cualquier desafío sería respondido con violencia. Y, por eso, el chico estaba aislado, completamente solo.
Antes de que pudiera pensar más en ello, la puerta del lugar se abrió revelando un guardia, con su traje rosa y la máscara negra con un cuadrado dibujado, que los caracterizaba, entró al lugar. Su presencia fue suficiente para que el ambiente se volviera aún más denso. Con voz fría y monótona, anunció el total de la suma de dinero recolectado después del segundo juego y la cantidad de jugadores que quedaban. Todos los ojos se fijaron en la alcancía del cerdito, que bajó nuevamente para ser llenada con más billetes. Cada uno de los jugadores se quedó mirando el dinero con diferentes emociones. Algunos con avaricia, otros con ansiedad, y unos pocos con una sombra de arrepentimiento.
-_-_-_-
Cuando Dae-ho entró al baño junto con el jugador 001 y 390. Lo primero que vio fue una escena que no lo sorprendió, pero definitivamente lo incómodo. El jugador 230 estaba sujetando al jugador 333 por el cuello, cortándole la respiración. El chico luchaba por liberarse, tomando con ambas manos la muñeca del agresor, pero el jugador 230 no cedía. Dae-ho vio cómo un destello de desesperación brilló en los ojos del jugador 333. No era la primera vez que veía algo así, pero el saber quién estaba en esa posición, le molesto.
Al percatarse de la presencia de los tres jugadores, el jugador 230 soltó de inmediato su agarre, volviéndose hacia ellos con una mirada desafiante antes de volver a posas sus ojos en el jugador 333.
- Te estaré vigilando - dijo con voz baja y severa, antes de dar media vuelta y salir del baño, dejando atrás una atmósfera tensa.
Dae-ho observó al jugador 333, quien mantenía la mirada baja, tal vez por la impotencia o la frustración. Jung-bae al notar la situación, fue el primero en acercarse.
- ¿Siguen acosándote? - pregunto con un tono de preocupación, mirando al jugador 333.
El jugador 333 no se movió ni respondió a la pregunta del otro jugador. Se sentía molesto y vulnerable al saber que todos los jugadores conocían su posición al ser constantemente acosado por el jugador 230.
Dae-ho, sintiendo una necesidad de ofrecer algo de consuelo, se acercó sin pensarlo demasiado y posó una mano en su hombro. Era un gesto simple, pero cargado de significado.
-Si no paran, pídenos ayuda - dijo con firmeza, aunque en su interior también se sentía vulnerable. En ese lugar, nadie estaba a salvo, y eso lo sabía demasiado bien.
- Estoy bien - dijo el jugador 333 en un susurro antes de salir del baño sin cruzar miradas.
Dae-ho lo siguió con la mirada sintiéndose un poco triste por la condición de aquel jugador, pero no sabía cómo ayudarlo. Con una última mirada hacia la puerta, Dae-ho dejó escapar un suspiro y se dio vuelta, dispuesto a seguir adelante, aunque el peso de la injusticia seguía en su pecho.
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Más tarde, Dae-ho estaba acostado, observando los barrotes que sostenían el colchón de la cama de arriba. De pronto, notó cómo aquel jugador salía del dormitorio. ¿Tal vez iba al baño? Algo dentro de él, una sensación instintiva de querer protegerlo de los demás, lo impulsó a seguirlo en silencio. No estaba seguro de por qué lo hacía, pero antes de darse cuenta, ya había entrado en los baños. Le resultó extraño que no hubiera nadie más allí. Solo estaban él y ese chico.
El jugador 333, después de lavarse las manos, levantó la mirada y, a través del espejo, notó la presencia de Dae-ho. Sin embargo, no le prestó atención.
- No sufras en silencio - dijo Dae-ho, dando un paso hacia él.
- No te incumbe - respondió el jugador 333 con frialdad mientras sacudía el agua de sus manos.
- Me interesa - replicó Dae-ho, acercándose más. Con suavidad, pero con firmeza, tomó la barbilla del chico para obligarlo a mirarlo directamente. Fue entonces cuando notó los magullones en su rostro, detalles que no hacían más que resaltar, a sus ojos, su extraña belleza.
El jugador 333 quedó inmóvil, sorprendido. Su mirada se cruzó con la de Dae-ho, llena de confusión y una pizca de incredulidad. Por un momento, el silencio pareció envolverlos. Dae-ho no sabía si era la tensión acumulada o simplemente el rostro del chico tan cerca del suyo, pero no lo pensó dos veces. Se inclinó y lo besó.
El contacto fue brusco, lleno de un deseo que él mismo no entendía del todo. Su agarre en la barbilla y la mandíbula del otro se volvió más firme cuando sintió resistencia. El jugador 333 forcejeó al principio, emitiendo pequeñas protestas entrecortadas, pero, a medida que los segundos pasaban, dejó de luchar.
Cuando Dae-ho finalmente se separó, sus ojos buscaron la reacción del contrario. Podía sentir su corazón latiendo con fuerza, una mezcla de emociones lo invadía. Si fuera por él, lo haría suyo allí mismo, pero algo en su mente le decía que estaba dejando que las circunstancias extremas de su encierro y la cercanía constante con la muerte lo llevaran a pensamientos incoherentes.
- ¿Por qué eres tan lindo? - preguntó, su voz apenas en un susurro, mientras sus ojos seguían fijos en los del jugador 333. A pesar del simple beso, su cuerpo estaba reaccionando de manera que no podía controlar
El jugador 333 lo miró con una mezcla de sorpresa y furia, antes de limpiarse los labios con la manga de su ropa - Vete a la mierda - respondió con un leve temblor en su voz. Luego salió del baño con pasos apresurados, dejando a Dae-ho solo.
Dae-ho se quedó en silencio, procesando lo que había hecho hace unos minutos. Fue una completa estupidez, lo sabía, pero no podía evitarlo. Sentía un hormigueo persistente en sus labios, como si el contacto aún estuviera ahí. Casi sin darse cuenta, delineó su labio inferior con un dedo, recordando la suavidad de los labios del más bajo. Tenía algo en claro, su nueva obsesión por esos labios.
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Between Us
Fanfiction388 x 333 Una historia donde Daeho empezo a tener interes por el jugador 333.
