cap 1 Angel

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Me levanté como todos los días a eso de las 10 a.m, otros días habria ido primero al baño Pero sentí que alguien me estaba llamando, fui a la sala, me costó sentarme en el sofá reclinable. Mis articulaciones dolían demasiado; tengo que decirle a mamá que ya es tiempo de cambiar el colchón de la cama. Me recosté contra el respaldo y solté un suave suspiro. Parece que hoy no hay nadie en casa.

Eso pensé, hasta que vi al ser más hermoso cruzar por mi puerta. Su mirada era como la de un ángel, y su piel, tan tersa, parecía que si la tocaba sería como acariciar una nube. Sus labios eran tan perfectos, tan rojizos. Llevaba puesta una linda bufanda de mis colores favoritos. Instintivamente toqué mi cuello, sintiendo una suave tela. ¿Desde cuándo uso bufanda? Era igual a la que llevaba el hermoso hombre.

Antes de poder llegar a una conclusión, dejó entre nosotros unas pequeñas tazas con orejitas de perro en la mesa. El olor era tan familiar... pero mamá nunca me preparó un chocolate de esta forma. ¿Por qué me hacía tan feliz solo el aroma que desprendían? Algo en mí decía que ya lo conocía, tanto a esto como a él, pero ¿de dónde? ¿Quién es?  Me sentí tan confundido, y mi cabeza daba vueltas y dolía cada vez que intentaba analizarlo.

Vi cómo su mirada se ablandaba en un gesto dulce.

-Soy Santa, Perth.

¡Oh! Él sabía mi nombre. Eso quiere decir que probablemente sí nos conocemos, pero eso no quita que me estaba poniendo nervioso.

¿Me estoy dando cuenta de que esta no es mi casa? ¿Dónde estoy? Ni siquiera pude seguir escuchando lo que me decía.

- ¿d-d-dónde? -empecé a sentir que pequeñas lágrimas querían desbordar de mis ojos, mis uñas empezaron a apretar mi propia piel, teniendo un ataque de panico frente a un extraño, definitivamente esto es MUY vergonzoso.

-No, no, no llores.Estás bien. Esta es  nuestra casa, nosotros estamos juntos, estamos casados. Mira.

Me mostró su mano, y pude ver un hermoso anillo de oro que tenía la palabra Beagle grabada en su dedo anular. Luego tomó la mía con delicadeza, y vi que yo también tenía uno. ¿En serio estamos casados? ¿Yo... con alguien ..así? ¿Cómo alguien tan perfecto se fijaría en mí?

-¿Desde cuándo? ¿Cómo pasó?

-Si quieres, puedo mostrártelo.

Yo asentí enérgicamente, y él rio. Ese dulce sonido parecía un armonioso coro de ángeles. Se levantó y, de un anaquel, bajó un enorme libro.

-¿Qué es eso?

-Es un libro de fotos. Lo empecé hace algunos años. Tiene nuestros momentos juntos desde que nos conocimos.

La tapa estaba llena de pequeñas frases que parecían cartas. Viéndolo bien, algunas incluso parecían estar escritas con mi letra. ¿Yo escribí eso? ¿Cuándo? ¿Por qué no lo recuerdo? Esto me frustra tanto.

El que se hacía llamar Santa... o ¿Sata? ¿Sato? No sé, dejémoslo en ángel. El bello ángel abrió el cuaderno y señaló la primera página, donde había una foto con dos niños que parecían tener más o menos cinco años.

Espera, espera, espera. ¿Me está mostrando fotos de niños? ¿Soy padre? ¿Dónde están mis hijos?

-¿Dónde están? ¿Tienen habitación? Llámalos, quiero verlos, por favor, te lo pido.

No sé cómo lo miré, pero negó dulcemente. Aunque también sentí un dejo de amargura en su rostro, como si algo en ello también le doliera. Sin embargo, se relajó casi al instante y acarició mi rostro con una ternura que parecía estar diseñada solo para demostrarme que todo estaba bien.

-No, corazón. No tenemos hijos. Somos nosotros cuando éramos pequeños. Mira, ese soy yo, y este eres tú -dijo, señalando a cada uno.

-Oh, lo siento.

Sentí cómo mis mejillas se calentaban por la vergüenza, pero algo dentro de mí se estrujó. ¿Será... dolor? ¿Me duele el hecho de no tener hijos con él?

Y luego de eso, empezó a contarme todo lo que vivimos.

-Fue muy difícil cuando nos conocimos... No éramos los mejores amigos.

Flashback

Éramos tan pequeños. Perth me conoció ese año en la guardería, aunque yo no me enteré de eso hasta muchos años después. Durante todo ese tiempo, él solo me miraba y luego se escondía. Nunca le presté mucha atención; me centraba más en mis juguetes o en mis cosas.

Él, en cambio, cada vez que siquiera volteaba a verlo, se escondía detrás de cualquier cosa. Pero era muy malo para eso; siempre se veía la mitad de su cuerpo tras un árbol o cualquier mueble. Si, por casualidad, lo descubría, se ponía a llorar detrás de su mamá.

Por eso, ella nunca tuvo una buena impresión de mí. Siempre creyó que yo le hacía algo a su hijo, que lo molestaba o le decía cosas feas. Solía decirme que seguramente lo hacía porque mi mamá no me daba suficiente atención. Hasta que un día, mi mamá la escuchó decirme eso... No tengo que aclarar que, por supuesto, todo terminó muy mal. Por poco no se matan entre ellas.
Después de ese incidente, Perth dejó de esconderse en las piernas de su mamá, aunque seguía ocultándose detrás de otras cosas. Eso duró al menos un año, hasta que terminamos en la misma salita. Creo que él no sabía cómo acercarse a mí, y además tenía encima todo lo que su madre le había dicho sobre mí y lo que la mía dijo sobre el.

Su forma de intentar hablarme era solo cuando yo tenía una muñeca o un juguete, y él hacía todo lo posible por quitármelo. Pero, al mismo tiempo, no dejaba que nadie más me molestara. Era como si solo él tuviera el derecho de hacerlo. Si alguien más lo intentaba, él lo golpeaba, lo que le metía en muchos problemas.

La peor de todas las peleas, y la última vez que nos vimos en el jardín, fue cuando un niño de dos grados más grandes empezó a molestarme. Me jaló del cabello y hasta me pegó un chicle. Recuerdo haber llorado muy fuerte. Perth, al escucharme, pensó que me había golpeado.

Cuando el niño fue a lavarse las manos, Perth lo empujó con toda su fuerza. Su cara chocó contra la canilla, y terminó rompiéndose la nariz. Aunque fue un accidente, las maestras no le creyeron ya había demasiadas quejas de otros niños hacia el lo que complicó que le tuvieran clemencia. Lo expulsaron de inmediato.

Esa era la única guardería que tenía doble turno en la ciudad así que perth se mudo muy lejos durante un tiempo, admito que lo extrañaba, extrañaba sus graciosas muecas de enojo cuando no tenía lo quería o cuando terminaba con mi poca paciencia de niño al intentar molestarme por lo cual terminaba llorando, pero en cuanto lo hacía el entraba en pánico sonrojándose a más no poder y me decía

- no llores por favor, mi mamá dice que los niños que son hermosos no deben de llorar, porque luego te queda fea la cara, no dejes que tu linda cara se vuelva fea- luego corría hasta que pasaba otro rato y volvía a lo mismo

CONTINUARÁ

HOLA GENTE BELLAA este es mi primer fic espero les guste, está medio corto Pero es para ver cómo lo reciben

Pd: se avisa de ante mano no pago terapias jdjs

La eternidad de un instante (PerthSanta)Stories to obsess over. Discover now