1. Empezar con mal pie

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C

El aire en Boston era distinto. Más frío, más real. Cada bocanada que llenaba mis pulmones parecía recordarme lo lejos que estaba de casa y, por alguna razón, lo cerca que estaba de mí misma. Frente a mí se erguía la imponente fachada de la universidad, un edificio de piedra gris que parecía haber resistido siglos de historia. Las banderas ondeaban en lo alto, como si me dieran la bienvenida a una nueva vida.

Entré ajustándome la bufanda al cuello. No porque tuviera frío, sino porque necesitaba algo que me contuviera. Algo que me impidiera desmoronarme frente a toda esta gente desconocida que cruzaba el campus a paso firme, seguros de sí mismos, como si supieran exactamente a dónde iban.

Yo también sabía a dónde iba, pero el camino había sido cualquier cosa menos fácil.

-Criminología, Caitlyn. -La voz de mi madre resonó en mi cabeza, afilada y precisa. -No medicina. No derecho. Criminología. -La última palabra había caído como un martillo.

Mi padre, menos elocuente, había alzado una ceja desde el otro lado del salón. Esa había sido su única contribución a la conversación.

Pero ahí estaba yo, desafiándolos de la única manera que podía permitirme: haciendo exactamente lo que ellos no querían. Ser policía no era lo que una Kiramman debía hacer, pero eso solo me daba más razones para hacerlo.

El primer problema surgió en el momento en que puse un pie en el edificio principal. Según el mapa del campus que llevaba doblado en el bolsillo, el aula magna estaba en el ala norte. Pero después de dar vueltas durante diez minutos, supe que algo estaba mal.

Giré en un pasillo y, de pronto, el suelo parecía inclinarse ligeramente bajo mis pies. El mapa no tenía sentido y la ansiedad empezaba a trepar por mi pecho como una enredadera. Me obligué a respirar, a pensar con claridad.

Fue entonces cuando la vi.

Una chica de cabello azul, demasiado joven para ser estudiante, estaba sentada en una barandilla, balanceando las piernas como si no tuviera una sola preocupación en el mundo. Tenía una sudadera desgastada y unos auriculares enormes que sobresalían por encima de su cabeza.

-¿Estás perdida? -preguntó, con una sonrisa que era mitad curiosidad, mitad burla.

-No. -Mentí automáticamente.

Ella arqueó una ceja, y su sonrisa se ensanchó.

-Claro que no. -Saltó de la barandilla con una agilidad que me sorprendió y se plantó frente a mí. -Déjame adivinar, aula magna.

Me quedé mirándola, dudando por un segundo si debía aceptar la ayuda de una desconocida. Pero había algo en ella, una chispa en sus ojos, que me hizo bajar la guardia.

-Sí. -Admití, soltando un suspiro.

-Ven conmigo. Yo te llevo. -Dio media vuelta sin esperar respuesta y comenzó a caminar con las manos en los bolsillos.

La seguí.

-¿Eres estudiante? -pregunté, intentando no parecer demasiado interesada.

-¿Yo? Nah. Solo paso el rato por aquí. -me miró de reojo. -Me llamo Powder, por cierto.

-Caitlyn.

-Lo sé. -Sonrió de nuevo, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

En menos de cinco minutos estábamos frente a la puerta del aula magna. La chica se detuvo y se giró hacia mí.

-Aquí es. No te pierdas otra vez, ¿eh?

-Lo intentaré.

Ella se rió, un sonido ligero y despreocupado.

Los dos lados de Boston ~ (Caitvi)Bağımlısı olacağınız hikayeler. Şimdi keşfedin