"Hola amor ,¿qué tal tu día? Supongo que has estado ocupada, también yo he tenido un día largo, pero como siempre pensando en ti, Te amo no lo olvides nunca"
Han pasado varias horas, la noche ya había caído, pero no podía dejar de mirar el teléfono. Ella me había enviado un mensaje por la mañana, algo simple, como siempre. Un "Te amo" seguido de una carita feliz. Nada fuera de lo común. Pero luego, silencio. Algo en mi interior me dijo que algo no estaba bien.
Me recosté en el sofá, intentando no pensar en ello. Había tenido un día largo, pero no importaba. Algo me carcomía la mente. Era la hora, ese presentimiento raro que nunca me dejaba en paz. Lo había sentido muchas veces antes, una sensación oscura y pesada, esa que te dice que todo va a cambiar en cualquier momento.
Finalmente, decidí escribirle.
-¿Todo bien? No respondes...
Esperé. Nada.
Un leve escalofrío recorrió mi espalda, me levanté rápidamente y traté de convencerme de que estaba exagerando, pero la sensación persistía.
Subí al coche y empecé a conducir por la ciudad. El brillo de las luces se desvanecía a medida que avanzaba, las calles desiertas, el viento que azotaba las ventanas como un susurro de advertencia. No sabía por qué, pero sentía como si estuviera entrando en un sueño que no podía controlar.
Cuando llegué al departamento, la puerta estaba entreabierta. Todo estaba oscuro. Al principio pensé que tal vez se había olvidado de apagar las luces, o que había salido rápido a hacer algo. Pero algo en el aire me decía que no era tan sencillo. La casa estaba vacía. El silencio era absoluto, pesado.
Tic-tac. Tic-tac.
El reloj de la pared, un antiguo reloj de péndulo, marcaba la hora. Pero, para mi sorpresa, las agujas no se movían. El reloj estaba atorado. Las 3:00 AM. En ese instante, algo se rompió dentro de mí. La sensación de que el tiempo no avanzaba, de que estaba atrapado en un espacio sin futuro, me invadió. Miré la pantalla del teléfono, buscando alguna señal, alguna actualización, algo que me diera esperanza. Pero nada.
Me dirigí hacia la habitación, y la atmósfera se volvía cada vez más densa. El tic-tac del reloj era lo único que se escuchaba, resonando en mis oídos como una amenaza. Abrí la puerta del dormitorio. Estaba vacío. La cama hecha, como si ella hubiera estado allí hace solo unos minutos, pero no había rastro de su presencia.
¿Dónde estaba ella?
El tic-tac del reloj seguía retumbando en mi cabeza, cada vez más fuerte. Me giré, como si algo en la casa hubiera cambiado, pero no vi nada. De repente, la puerta del departamento se cerró con un estruendo, haciendo que me saltara del susto.
El reloj, imperturbable, seguía marcando las 3:00 AM ¿Que le ocurria? Y el silencio, más pesado que nunca, se adueñó de todo.
Las luces apagadas, la puerta entreabierta, la casa en completo silencio. Pareciera que ni el sonido de la ciudad llegaba hasta aquí. El aire estaba denso, como si el mundo mismo hubiera dejado de respirar. Miré mi teléfono una vez más, nada. Ni un solo mensaje, ni una llamada. La pantalla seguía mostrando ese punto de espera, ese vacío. ¿Por qué? ¿Por qué no había señales de ella? No me había dejado ni una sola pista, ni una huella de lo que había pasado, nadie había forzado nada. Nada.
Volví a mirar la pantalla del teléfono. Esperando. Quizá algo iba a cambiar. Quizá me estaba perdiendo algo. El tic-tac del reloj seguía sonando en mi cabeza, cada vez más fuerte, como si el mismo tiempo se estuviera burlando de mí.
Me acerqué a la ventana, mirando la calle vacía. No podía pensar en otra cosa que en ella. ¿Por qué no me decía nada? ¿Dónde estaba? Sabía que algo no cuadraba, pero el silencio me rodeaba como una manta pesada, y era todo lo que podía oír. El reloj, el único sonido constante: Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
El reloj nunca avanzaba.
Me pregunté por qué no me había dado cuenta antes. Algo tan simple, y sin embargo tan perturbador. Las 3:00 AM. Una hora que en muchas culturas se decía que estaba cargada de energía oscura. De una energía ajena, que no pertenecía al mundo.
El tiempo se detuvo en esas malditas agujas, y por un momento me dejé llevar por la idea de que todo esto era... imposible. Como si todo lo que conocía, todo lo que creía saber, hubiera dejado de ser real. Me senté en la cama, tratando de calmarme, tratando de pensar con claridad, pero el caos en mi mente no me lo permitía.
Mi mano temblaba cuando levanté el teléfono para marcar el número de su madre. La voz del otro lado sonó tranquila, pero vacía. Nadie había sabido nada. Nadie había visto nada. Nadie. ¿Cómo era eso posible? Había hablado con su madre un par de horas antes, y entonces, todo parecía normal. Como si ella estuviera a salvo. Como si estuviera bien, pero ahora... ahora todo estaba distorsionado, envuelto en este silencio que ahogaba mis pensamientos. Nadie me contestaba. No había señales de que algo extraño hubiera ocurrido. Era como si el mundo, a pesar de todo, hubiera decidido seguir sin ella.
Me levanté de la cama y salí de la habitación, caminando por el apartamento. Volví a buscar en todos los rincones. Miré bajo la mesa, en los cajones, en el baño, incluso en el armario. Cada rincón vacío me hacía sentir más lejos. No había nada. Ninguna pista. Ningún mensaje dejado por accidente. Nada que me pudiera decir que ella había estado ahí.
El teléfono volvió a vibrar. Estaba tan absorto en la habitación vacía que ni siquiera lo había notado. Pero al mirar la pantalla, vi que era un mensaje de mi hermano.
-¿Ya la encontraste? No estás respondiendo.
Me sentí como si el mundo me estuviera observando desde afuera. Me senté en el sillón, mirando la pantalla en blanco, mientras el tic-tac del reloj seguía retumbando en mi cabeza. Lo observé por unos segundos más, hasta que volví a marcar el número de su madre. Esta vez, no me contestó.
Mi respiración se aceleró. No me importaba si la casa seguía en silencio. No me importaba si el reloj ya no avanzaba. Tenía que salir de ahí. Tenía que buscar respuestas. Algo había sucedido, y no iba a dejar que me lo arrebataran sin luchar.
Dejé el teléfono sobre la mesa, y salí de la casa, sintiendo el peso del aire frío golpeando mi rostro. La calle estaba vacía, sin un alma a la vista. Nadie había visto nada. Nadie había oído nada.
Mi coche estaba estacionado cerca, las luces apagadas. Sin embargo, algo en su silencio me resultó más inquietante que nunca. La quietud, la absoluta falta de movimiento. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso instante, tan puntual como el tic-tac que aún retumbaba en mis oídos.
Así que comencé a buscarla. Volví a revisar las redes sociales, a preguntar a los vecinos, a buscar en los bares y cafés de la ciudad. Pero como siempre, la respuesta era la misma: Nadie había visto nada.
Pasaron los días y la ansiedad creció más. Ya no me limitaba a preguntar por ella; preguntaba por otras personas, por casos similares. Cada vez más extraño se volvía todo, y cada vez menos podía explicarlo.
Hasta que, finalmente, me encontré con algo que no pude ignorar.
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TIC TAC:El tiempo nunca perdona
FanfictionFanfic basado en el universo de Supernatural El tiempo tiene una forma cruel de burlarse de nosotros. Un reloj detenido a las 3:00 AM, una llamada que nunca fue contestada, una sombra en el rincón más oscuro de la habitación... A veces, las respuest...
