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El día había empezado mal, Farah tenía una lista estricta de lo que haría ese día y nada estaba yendo como debería.

La primera cosa en su lista era ir a casa de su vieja amiga, bella swan. La castaña regresaría al pueblo por un tiempo indefinido y la morena no podía esperar a encontrarse con ella de nuevo.

Si bien bella dejo de ir hace mucho a casa de Charlie, ella y Jacob eran de los pocos amigos de Farah, la morena siempre pasaba las tardes con ellos haciendo pasteles de lodo y recolectando plantas para hacer coronas con ellas.

Entrando a la avenida principal para ir a la casa del jefe escuchó el motor de un auto acercarse.

Era la patrulla del susodicho.

- Farah, hola.- saludó bella.

- hola, bells. Estaba yendo a tu casa, creí que ya habías llegado.- aclaró.- Hola, Charlie.

- Farah. Sube al auto, bella estaba hablando de ti.

Con la morena en el asiento trasero arrancaron de nuevo rumbo a la casa.

- ¿Que tal Arizona? He escuchado que es mucho más soleado que aquí.

- si, el sol está casi siempre presente y todos los disfrutan.

- Pero tú no, bells. ¿Por qué parece que siempre estabas bajo una roca? Estás muy Blanca.

- prefiero leer libros o no lo sé, no salía mucho.

Farah realmente recordaba a una bella distinta, una habladora y risueña, no una ermitaña que parecía que no quería hablar con nadie.

- ¿Cómo está tú padre? Escuché que el señor Tadeo abrirá un nuevo local en Port angeles.

- oh, si.- la morena miró al oficial por el espejo.- ahora quiere abrir un negocio de joyería, ya sabe sobre sus viajes y eso, al parecer quiere aprovechar los bajos precios de las joyerías amazónicas.

- Bueno siempre fue un hombre de negocios al parecer.- aparcó frente a su casa.- saca dinero de cualquier oportunidad.

- Ni lo menciones.- la morocha tomó su bolso cuando el mayor aparcó frente a la conocida casa y bajo del vehículo.

- vamos adentro, chicas.- el oficial bajó las maletas de la castaña y entraron.

Charlie guío a ambas adolescentes a la planta alta dónde estaría la habitación de bella.

El cuarto tenía un concepto simple, paredes unicolor, una mesa tipo escritorio y la cama tenía sábanas moradas.

- Wow, Charlie, debo admitir que conservaste el estilo simple de bella.

- no sabía si el color le gustaría.- se rasco la mandíbula.- ¿El color morado está bien?

- me gusta, el lila es bonito.- agradeció su hija.

Antes de hacer mucho más Charlie las llevo de nuevo a la entrada, Jacob y Billy llegarían en cualquier momento.

- bella, ¿Te acuerdas de Billy black?

Bella estrechó la mano del mayor y le sonrió.

- Si, luces bien.

- digo bailando.- las bromas de Billy era algo que siempre le sacaría una sonrisa a la morena.- es bueno que estés aquí. Charlie no dejó de hablar desde que supo que vendrías.

- Sigue molestando y te pateare.

- después de que te dé en los tobillos.- los dos mayores se centraron en su juego mientras Jacob se acercaba a ambas.

La morena emocionada tomó a bella por los hombros y la giró a la camioneta.

- dinos que te parece, bells.

- ¿Que?

- Tú regalo de bienvenida.- la interrumpió charlie.- se la acabo de comprar a Billy.

- Oh por Dios.- se emocionó.- es perfecto.

Los tres adolescentes se adentraron a la camioneta para que bella la detallara mejor.

- es increíble, bells.- admitió farah.- podríamos ir a Port angeles cuando quieras. Hay unas tiendas increíbles y seguro te gustará mucho la biblioteca de allí.

- Si, sería lindo ponernos al día, fey.- admitió la castaña.

Antes de poder decir otra cosa el celular de la morena vibró en su bolsillo. Un mensaje de texto apareció en la pantalla.

Señor Tadeo.

- vuelve a casa. Tú madre terminara la cena.

- chicos, mi padre acaba de escribirme. Lo siento, debo volver a casa.

Ambos jóvenes se despidieron de ella y después de tomar su bolso de la entrada de los swan se despidió de los dos mayores cuando paso a su lado.

[...]

Al llegar a la entrada de su casa la morena se acomodo lo más posible su cabello, reviso que si ropa estuviera lo más lisa posible y por fin entro.

Todo estaba en silencio. Si abrigo y su bolso quedaron en la perchera de la entrada y se encamino hasta la cocina, dónde sabía que estaría su madre.

- Mamá, estoy en casa.

La corta pero reluciente cabellera de Christian y su pulcro vestido debajo del delantal la recibieron.

- Evangelin, tú padre está en su estudio, ¿Por qué no vas a saludarlo?

Christian le sonrió y siguió con el elaborado menú de la cena que su esposo exigía.

La morena asintió en silencio y se encamino hasta el segundo piso. De la última puerta del pasillo salía una tenue música clásica que escuchaba siempre que su padre estaba en casa.

Un fuerte "adelante" se escuchó del otro lado de la puerta en cuanto tocó esta.

- Hola, padre. Disculpa la demora.

- Evangelin, que bueno que llegaste. ¿Tú madre sigue cocinando?

La fría mirada en ella a través de sus lentes de lectura la hicieron bajar la mirada.

- Así es. Aunque está por terminar.

- Entonces no sé que haces aquí. Ve y ayuda a arreglar la mesa.

- Si, en seguida.

Cuando abandono ese cuarto soltó un pesado suspiro, siempre eran efímeras las conversaciones con ellos.

En silencio y con sumo cuidado ordenó la vajilla y los cubiertos en la mesa. Un plato en la punta de la mesa y uno a cada lado de esta misma.

- Evangelin, iré a llamar a tú padre. Por favor ve a buscar el pavo, es lo único que falta en la mesa.

Una incómoda cena más en la casa Tadeo.

Farah - Paul LahoteWhere stories live. Discover now