-¿Cómo fuiste capaz de hacerme esto a mí?
Mi voz salió entrecortada.
Frente a mí estaba Adrián.
Mi esposo.
El hombre con el que llevaba más de tres años casado.
El alfa al que había amado desde el primer momento en que nuestras vidas se cruzaron.
Y junto a él estaba ella.
La mujer que durante mucho tiempo consideré mi mejor amiga.
La misma que había entrado a mi casa.
La misma a la que había recibido con una sonrisa.
La misma en la que había confiado.
Y ahora acababa de descubrirla junto a mi esposo.
En mi propia casa.
Sentía las manos temblándome.
No sabía si quería llorar, gritar o simplemente salir corriendo de allí.
Pero había algo que me dolía todavía más.
Mi hijo estaba en casa.
Mi pequeño Luis.
Mi cachorro de tres años.
-¿Cómo se te ocurre meter a una mujerzuela a la misma casa donde vive tu hijo? -espeté, intentando contener las lágrimas.
Adrián dio un paso hacia mí.
-Déjame explicarte, Luca.
Retrocedí inmediatamente.
-¡No!
Mi voz hizo que él se detuviera.
-¿Cómo piensas explicarme que te estabas besando con esta tipa en mi propia casa?
La omega que estaba a su lado bajó la mirada.
No parecía tener intención de hablar.
Y eso me enfureció todavía más.
Adrián apretó la mandíbula.
-También es mi casa.
Lo miré incrédulo.
-¿Qué?
-Luca, yo también vivo aquí.
Solté una risa amarga.
-Por favor, Adrián. Esta casa la pagó mi madre. Es mía.
Señalé alrededor.
Cada rincón de aquella casa estaba lleno de recuerdos.
El lugar donde Luis había dado sus primeros pasos.
El sillón donde tantas veces habíamos visto películas.
La cocina donde preparábamos el desayuno los fines de semana.
El cuarto de nuestro hijo.
Todo aquello que yo consideraba nuestro hogar ahora me parecía extraño.
Porque en ese mismo lugar Adrián había decidido traicionarme.
-Luca, relájate. El niño está asustado.
Me quedé callado.
Entonces escuché una pequeña voz detrás de mí.
-Papi...
Volteé.
Luis estaba parado cerca del pasillo.
Sus enormes ojos verdes estaban llenos de confusión.
Su cabello negro y rizado estaba un poco despeinado, seguramente porque había estado jugando antes de escuchar los gritos.
Miró a Adrián.
Después a la omega.
Y finalmente volvió a mirarme.
-Papi... ¿por qué papá estaba con esa señora?
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
No podía permitir que mi hijo siguiera escuchando aquello.
Me agaché frente a él y forcé una sonrisa.
-Mi amor, ve a tu habitación. Necesito hablar con tu papá, ¿sí?
Luis no se movió.
-Pero...
-Por favor, campeón.
Le acaricié los chinos.
-Ve un momento. Yo voy contigo después.
El pequeño miró nuevamente a Adrián.
-¿Papá está enojado?
Adrián abrió la boca.
-Luis...
Pero intervine antes de que pudiera decir algo.
-Ve a tu habitación, mi amor.
Luis finalmente asintió.
-Está bien.
Lo vi alejarse lentamente.
Esperé hasta que desapareció por el pasillo antes de volver a mirar a Adrián.
Mi rostro cambió.
Ya no estaba intentando ocultar mi enojo.
-¿Qué piensas hacer, Luca? -preguntó Adrián-. ¿Dejar a un cachorro sin protección?
Lo miré fijamente.
-Estás equivocado.
Di un paso hacia él.
-A mi hijo jamás le faltará protección.
Señalé la puerta.
-Ahora lárgate de esta casa antes de que te corra a patadas. ¿Quieres?
Adrián se quedó mirándome.
Por un instante pensé que discutiría.
Pero solamente suspiró.
-Luca, piénsalo bien.
No respondí.
-Volveré mañana.
Mi corazón volvió a apretarse.
-¿Para qué?
-Para hablar cuando estés más tranquilo. Quizá reconsideres las cosas.
Negué con la cabeza.
-No hay nada que reconsiderar.
Adrián me sostuvo la mirada.
-Mi omega y mi esposo eres tú.
Sentí que las lágrimas estaban a punto de salir.
-¿Y eso qué?
-Esta es mi familia.
Solté una risa llena de dolor.
-Eso debiste pensarlo antes de meter a esa mujer a mi casa.
Adrián bajó la mirada por unos segundos.
Yo no podía creer que todavía intentara justificarlo.
Después de todo lo que habíamos vivido.
Después de más de tres años juntos.
Después de haber construido una familia.
-Luca...
-Vete.
-Escúchame.
-¡Vete!
Mi voz retumbó por toda la sala.
La omega finalmente se acercó a Adrián.
Él tomó su mano.
Ese simple gesto terminó de destrozarme.
La mujer que alguna vez llamé amiga salió junto a mi esposo.
Antes de cruzar la puerta, Adrián volteó hacia mí.
-Desde el momento en el que te marqué, eres mío, Luca.
Fruncí el ceño.
-No me voy a deshacer de ti tan rápido.
Sus palabras me hicieron sentir todavía peor.
-Tengo derecho a ver a mi cachorro.
No contesté.
Adrián salió.
Ella lo siguió.
Y después escuché el fuerte portazo.
Me quedé inmóvil.
Mirando la puerta.
Esperando.
No sé qué esperaba exactamente.
Quizá que Adrián regresara.
Quizá que dijera que todo había sido un error.
Quizá que me abrazara y me dijera que aquello no era real.
Pero nada ocurrió.
Solo escuché cómo el coche se alejaba.
Cuando finalmente dejé de escuchar el motor, mis piernas perdieron fuerza.
Me dejé caer sobre el sillón.
El mismo sillón donde momentos antes ellos estaban juntos.
Me quedé mirando el lugar.
Y entonces las lágrimas comenzaron a caer.
No pude detenerlas.
Lloré.
Claro que lloré.
Después de todo, era mi marido.
Era el padre de mi único hijo.
Era el hombre al que había amado durante años.
El hombre al que había elegido.
El hombre que pensé que me había elegido a mí.
-¿Por qué, Adrián? -susurré.
Me cubrí el rostro con ambas manos.
No entendía nada.
¿Cuánto tiempo llevaba engañándome?
¿Desde cuándo?
¿Había sido una sola vez?
¿O llevaba meses?
¿Tal vez años?
Y ella...
Ella había estado entrando a mi casa mientras fingía ser mi amiga.
¿Cuántas veces había sonreído frente a mí sabiendo lo que hacía?
¿Cuántas veces me había dicho que todo estaba bien?
Sentí un vacío enorme en el pecho.
Me habían visto la cara.
Y lo peor era que lo habían hecho en mi propia casa.
Después de varios minutos, escuché unos pequeños pasos.
Levanté la mirada.
Luis estaba parado al inicio del pasillo.
Tenía su peluche entre los brazos.
Sus ojos verdes estaban húmedos.
-Papi...
Me limpié rápidamente las lágrimas.
-Ven aquí, mi amor.
Luis corrió hacia mí.
Lo abracé con todas mis fuerzas.
-¿Se fue papá?
Cerré los ojos.
-Sí.
-¿Va a regresar?
No pude responder inmediatamente.
-No lo sé, mi amor.
Luis levantó la cabeza.
-¿Está enojado conmigo?
Sentí que el corazón se me partía.
-No.
Le acaricié el cabello.
-Nunca pienses eso. Nada de esto es por tu culpa.
-¿Entonces por qué se fue?
Tragué saliva.
¿Cómo podía explicarle a un niño de tres años que su padre había traicionado a su familia?
No podía.
Todavía no.
-Papá y yo tenemos algunos problemas de adultos.
Luis me miró confundido.
-¿Pero tú estás triste?
No pude mentirle.
-Sí.
Luis me abrazó más fuerte.
-No estés triste, papi.
Lo apreté contra mi pecho.
-Voy a estar bien.
Aunque no tenía idea de cómo.
Esa noche acosté a Luis.
Me quedé sentado junto a su cama hasta que finalmente se quedó dormido.
Observé su rostro tranquilo.
Sus pequeños chinos descansaban sobre la almohada.
Su cabello negro era igual al de Adrián.
Sus ojos verdes eran míos.
Era nuestro hijo.
Nuestro pequeño cachorro.
Y ahora yo tendría que encontrar la manera de protegerlo.
Me levanté lentamente y cerré la puerta.
Regresé a la sala.
La casa estaba completamente silenciosa.
Me senté nuevamente en el sillón.
Entonces pensé en todo lo que tenía que enfrentar.
¿Qué iba a hacer?
Era un omega.
Tenía un cachorro pequeño.
No tenía trabajo.
Y acababa de descubrir que mi esposo llevaba una doble vida.
Sentí miedo.
Muchísimo miedo.
Pero entonces recordé a mi madre.
Ella siempre había estado conmigo.
Y también estaba mi suegra.
La mujer que durante años me había tratado como un hijo más.
Aunque ahora no sabía qué pensaría cuando Adrián le contara lo ocurrido.
Quizá él iría con ella primero.
Seguramente le contaría las cosas a su manera.
Y, claro...
Era su hijo.
Tal vez ella lo apoyaría.
Me limpié otra lágrima.
-Estoy solo...
Susurré aquellas palabras.
Pero en el fondo de mi corazón había una pequeña voz diciéndome que quizá estaba equivocado.
Porque todavía no sabía que aquellas dos mujeres estaban a punto de convertirse en las personas que más lucharían por mí.
Mi madre.
Y mi suegra.
Mis dos ángeles guardianes.
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EL ENGAÑO DEL CORAZÓN
General Fictionluca un omega es traicionado por el que creía era su destinado causando un demanda por la custodia de su hijo 3 años a vale de mentiras sin saber en que el omega tenia a sus ángeles guardianes.
