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Era la fiesta anual navideña de Lilia Calderu.

Comúnmente, Lilia hacía una fiesta el 24 de diciembre, y Alice Wuu, otra el 25. Para una fiesta, Río Vidal era invitada, y en otra, Agatha Harkness. Jenn hacía una en año nuevo, pero actualmente ninguna de las dos asistía.

Pero esto no siempre había sido así. Cuando las dos chicas estudiaban en la preparatoria, asistían a ambas celebraciones. Llevaban atuendos a juego, daban regalos a todos, se emborrachaban y peleaban hasta que sus amigas las separaban o Agatha vomitaba en el sofá de la madre de Alice.

Era algo común en ellas. Todas sabían que para Año Nuevo, en casa de Jenn, estarían revolcándose debajo de las decoraciones navideñas. Porque así eran ellas. Hasta que en la Navidad de su último año, Río se fue de la fiesta pegando un portazo y nunca quiso volver a asistir a una fiesta en la que Agatha estuviera presente.

Y la chica de ojos azules no se quedaba atrás. Si veía a Río en la preparatoria o cruzando la calle, se daba la vuelta y huía del lugar. En realidad, la chica era experta en eso.

Logró una beca para estudiar leyes fuera de su pequeño pueblo y huyó de inmediato a la ciudad en el momento en que se graduó. Su justificación siempre fue "estar lo suficientemente lejos de las garras de su madre", pero aún cuando Evanora Harkness murió, ella no regresó.

Solo venía en las vacaciones decembrinas y, a veces, en verano, cuando el calor de la ciudad era insoportable. Específicamente, venía a una de las fiestas de alguna de sus amigas que la hubiera invitado previamente, asegurándole que la chica de ojos marrones no estuviese presente. Este año, Alice la había invitado, pero a los pocos días, Billy envió un mensaje de voz.

"Río estará fuera de la ciudad", decía. "Lilia dice que vengas."

Y ella, razonablemente, sabía que era una trampa del mocoso que vivía en casa de su amiga vidente, pero fue grande su sorpresa al descubrir que Lilia le mandaría el mismo mensaje días después.

Agatha amaba locamente ver a sus amigas aunque no se los expresara verbalmente y tener la oportunidad de verlas en más de una ocasión. No iba a perderse eso por nada del mundo.

Por ello, ahora se encontraba en su viaje en carretera de dos horas. Era el 24 de diciembre, por lo que llegaría directo a casa de su amiga.

Llevaba una camisa blanca y unos pantalones de vestir, y su gran gabardina azul con forro morado por dentro; un regalo de Alice en su último cumpleaños. Según ella, últimamente se vestía como un leñador abandonado, e, internamente, podía darle la razón.

Agatha llevaba escuchando la estática de la radio por un rato; su camioneta tenía la opción de conectarse por Bluetooth, pero realmente nunca entendió cómo funcionaban esas cosas. Billy decía que era un alma vieja y ella siempre le decía que era demasiado joven para ser metiche.

Todas las chicas se conocieron al entrar a la preparatoria, después de haber sido llevadas al área de detención. Las cinco chicas eran diferentes en todo, pero de alguna manera conectaban tan bien para meterse en problemas que de milagro lograron graduarse.

A ella la retaban por pelearse con otras chicas. Agatha siempre sabía salirse con la suya y aprovecharse de la amabilidad de las jóvenes. Lamentablemente, siempre llegaba el punto en que aquellas se lo cobraban de la peor manera.

Así que un ojo morado o una mejilla roja era lo de cada día. Pero se sorprendió cuando un día una de las chicas de detención se acercó a ponerle un bálsamo en la cara: Jennifer Kale, quien realmente estaba probando su habilidad en herbolaria y quería un conejillo de indias, pero nunca se lo dijo.

Christmas Time In A Bottle [AGATHARIO]Stories to obsess over. Discover now