Prólogo: Antes de la luz blanca

7 1 0
                                        


El año 1990 marcó el comienzo del fin para muchos, pero para nosotros fue el inicio de un destino que no elegimos. Éramos adolescentes, apenas comenzando a entender el mundo, cuando el cielo se tiñó de un blanco cegador y la vida, tal como la conocíamos, cambió para siempre.

Todo comenzó con las luces. Al principio, eran simples destellos en el horizonte, como tormentas lejanas que nadie podía explicar. Luego, los destellos se convirtieron en explosiones que desintegraban todo a su paso. Las ciudades fueron cayendo una a una, y el mundo entró en un estado de caos absoluto.

Mi familia intentó resistir, pero la devastación llegó demasiado rápido. Recuerdo a Félix corriendo hacia nosotros, con el rostro desencajado, diciéndonos que su padre había preparado un refugio en el sótano de su casa. "Es nuestra única oportunidad", dijo con la voz temblando.

El refugio era un búnker improvisado, lleno de planos, herramientas y una máquina extraña en el centro. Según Félix, su padre había estado trabajando en ella durante años, convencido de que algo así ocurriría. "Es un teletransportador", explicó con urgencia. "Nos llevará lejos de aquí, aunque no estoy seguro de dónde o cuándo".

Mientras nos refugiábamos, los destellos blancos comenzaron a acercarse. Por las pequeñas ventanas del búnker, veíamos cómo esas luces tomaban forma: figuras humanas deformes, de un blanco puro, con ojos enormes que parecían perforar nuestra alma. No hablaban, pero su presencia era suficiente para paralizar a cualquiera.

"¡Necesitamos encender la máquina ya!", gritó el padre de Félix. Pero la máquina requería más energía de la que podíamos proporcionar. Fue entonces cuando él tomó la decisión más difícil de su vida. "Yo me quedaré. Si activo el generador manualmente, tendrán el tiempo suficiente para escapar".

Félix intentó detenerlo, pero su padre lo abrazó con fuerza. "Cuida de ellos", le dijo antes de salir al exterior. Lo último que vimos fue su figura enfrentándose a las luces, sacrificándose para darnos una oportunidad.

La máquina se activó, pero las criaturas blancas ya estaban dentro del búnker. Sus formas eran irregulares, como si no pertenecieran a este mundo. Fue Maite quien entendió lo que debía hacerse. Con lágrimas en los ojos, tomó el brazalete que conectaba con la máquina y lo ajustó en su muñeca.

"No hay otra forma. Alguien tiene que dar su energía para mantener esto estable", dijo, con una calma que rompía el corazón.

Antes de que pudiéramos detenerla, Maite cerró los ojos y colocó su mano en la máquina. Su cuerpo comenzó a desvanecerse, mientras la energía llenaba el dispositivo. "Encuentren un lugar seguro", fueron sus últimas palabras antes de desaparecer en un destello de luz.

Cuando la máquina finalmente se activó, el búnker se desmoronó a nuestro alrededor, y fuimos lanzados al futuro, al año 2051. Pero algo había cambiado. Aunque nuestros cuerpos seguían siendo los mismos, sabíamos que estábamos en un universo diferente. Y con nosotros, algo más había cruzado: un rastro de las criaturas blancas que nunca nos dejarían en paz.

Los asesinatos del hombre blancoStories to obsess over. Discover now