Capítulo 1: El Campamento

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El sol se estaba poniendo sobre el campamento de verano, bañando todo con un resplandor dorado. Un grupo de cinco jóvenes, Alan, Emmanuel, Eduardo, Sophia y Luisa, se encontraban alrededor de una fogata, disfrutando de su primera semana en el campamento. Aunque eran bastante diferentes entre sí, todos compartían una cosa en común: tenían 16 años y estaban llenos de esperanza y emoción por el verano que les esperaba.

Alan: El líder natural del grupo, era un chico de espíritu aventurero con una sonrisa contagiosa. Siempre estaba dispuesto a ayudar y tenía una habilidad especial para hacer que todos se sintieran incluidos.

Emmanuel y Eduardo eran los bromistas del grupo. Siempre estaban planeando alguna travesura o contando chistes para hacer reír a los demás. A pesar de sus payasadas, eran leales y siempre estaban allí para sus amigos cuando más los necesitaban.

Tanto Sophia como Luisa eran la voz de la razón en el grupo. Sophia siempre era valiente, decidida y nunca se dejaba intimidar por nadie. Luisa, por otro lado, aunque era valiente también era calmada y pensativa. Como chica trans, había enfrentado muchos desafíos en su vida, pero siempre se mantenía fuerte y positiva.

El día que Luisa recibió su uniforme femenino para el campamento fue un momento especial. Sophia estaba a su lado, sosteniendo su mano mientras abrían juntas el paquete. Cuando Luisa se puso el uniforme, una sonrisa se extendió por su rostro. Era un símbolo de su identidad, un reconocimiento de quién era realmente. Sophia la abrazó, y ambas compartieron un momento de alegría y aceptación.

La primera semana en el campamento estuvo llena de actividades divertidas: senderismo, natación, fogatas y juegos nocturnos. Los cinco amigos se conocieron mejor, compartiendo historias y risas alrededor de la fogata. Aunque no lo sabían en ese momento, estos recuerdos felices serían un faro de esperanza en los tiempos oscuros que estaban por venir.

- La noche del viernes, el cielo despejado permitió que las estrellas brillaran con intensidad. Después de cenar, los cinco decidieron alejarse un poco del bullicio del campamento principal para explorar un sendero cercano que habían visto durante el día. Alan lideró el camino, llevando una linterna potente que iluminaba los alrededores.

—Dicen que hay un lago escondido al final de este sendero —comentó Alan—. Podríamos ir a verlo mañana si nos aseguramos de que es seguro.

—Eso suena como el plan perfecto para el día —dijo Sophia, mirando las estrellas mientras caminaban—. Pero por ahora, esto está bien. Un poco de paz lejos de los ruidos del campamento.

—¡Eh, Emmanuel! Cuéntanos otra de tus historias de terror —pidó Eduardo con una sonrisa traviesa—. Esta atmósfera es perfecta para asustarnos un poco.

—Muy bien —dijo Emmanuel, adoptando un tono misterioso—. Pero no se quejen si no pueden dormir esta noche.

Mientras Emmanuel comenzaba su relato, el grupo se adentraba más en el bosque. Las risas y las bromas pronto dejaron paso a un silencio cómplice mientras el ambiente se volvía más denso. Las sombras proyectadas por las linternas parecían bailar entre los árboles, y el crujido de las hojas bajo sus pies era el único sonido que rompía la calma nocturna.

Cuando llegaron a un claro pequeño, decidieron sentarse un rato. Sophia sacó su botella de agua, y Eduardo abrió una bolsa de papas fritas que había llevado.

—Esto es agradable —dijo Luisa, observando el cielo oscuro—. Aunque me da un poco de miedo pensar en cuánto bosque hay alrededor.

—Por eso estamos juntos —dijo Alan con una sonrisa—. Nada malo puede pasarnos.

Fue en ese momento cuando Emmanuel, que había estado mirando hacia los árboles, frunció el ceño.

—Oigan... ¿vieron eso? —preguntó, señalando entre los árboles.

Todos voltearon a mirar, pero no vieron nada.

—¡Deja de intentar asustarnos! —dijo Sophia, golpeándolo suavemente en el brazo.

—No estoy bromeando —insistió Emmanuel—. Vi algo. Una luz o... algo moviéndose.

Aunque intentaron bromear al respecto, la inquietud comenzó a crecer en el grupo. Cuando finalmente decidieron regresar al campamento, el silencio del bosque parecía más profundo que antes. Sin embargo, ninguno mencionó nada más para no alarmar a los demás.

Aquella noche, mientras el resto del campamento dormía, Alan no logró conciliar el sueño. La imagen de lo que Emmanuel había dicho se quedó con él, y decidió que al día siguiente investigarían más sobre ese sendero.

El Despertar de los Muertos: Un Verano para RecordarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora