Raza, digan lugares donde pueda sacar buenas fotos, no es posible que tenga que sacar porno fuera de contexto para hacer las portadas de mis fanfics :'v. Por el momento tendrán esa portada provisional. Ándale, no sean culones, digan dónde sacar fotos :c.
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Hemos vuelto, mamayemas. Desconozco cuál será el resultado de esta obra de arte; o termina muy mal, o simplemente termina. Con éste fanfic ya habría cubierto todas las propuestas genéricas de historia de internet: Multiverso, mandar a los personajes a un país tercermundista, conspiraciones contra el gobierno, lesbianitas y peleas contra el narco.
Voy a bajarle 2 rayitas a los comentarios corta rollo que me he dado cuenta que siempre hago. Volveré a hacer el intento. Esto lo van a estar viendo en mi cumpleaños. 20 años sin bañarse la criaturita 🧐.
Sumire, hazme un hijo.
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Pasaron algunas semanas de la graduación de preparatoria. Queriendo pasar el rato todas juntas por última vez en mucho tiempo, decidimos ir todas al rancho de Kinako antes de que Kanon partiera a Austria. Las once íbamos metidas en el mismo metro, como es de esperarse.
Durante todo el trayecto rememorábamos anécdotas de nuestros —no tan lejanos— tiempos de preparatoria... muy exagerado de nuestra parte, pero ellas nos van a extrañar.
No es como que las vaya a extrañar, ¿Saben? Comparar el aprecio que le tengo a Kanon con el de Natsumi es ridículo, ni mencionar a Margarete.
El viaje duró varias horas, horas en las que convivimos como de costumbre: Keke diciendo puras mensadas —apoyada por Mei—, Chisato viendo por la ventana, Ren viciando al Coocking Mama, Kinako dormida, etc...
Después de aquel viaje, llegamos a un lugar abandonado por el señor, el terror de las carreteras: la casa de la familia de Kinako. Abrió la puerta y fuimos a dejar todas las maletas. Tampoco vamos a quedarnos a vivir, no no, solo será el fin de semana.
—¡Hogar, dulce hogar!
Coreaba Kinako, la encargada de recibirnos.
—Tu hogar es muy frío, de haber venido en invierno nos estaríamos pudriendo de frío.
Comentó Margarete, la menos aclimatada.
—Ni que en Austria no nevara, llorona. —Tonta.
Le respondió Keke.
Mei y Shiki cuchilleaban —como de costumbre—, Kanon y Chisato lo mismo, y la viciada seguía jugando, ¡No se me acababa la pila!
—Sumire. —...¿Mande? —Has estado muy callada desde antes de llegar. ¿Traes algo? —Oh... eso. Disculpa, estoy un poco pensativa.
Tomari me interrumpió en medio de la sala, luego se iría con su hermana a hacer sus cosas.