Alya fue convocada a la reunión semanal de trabajo en el octavo piso, como representante del departamento de tecnología y trabajo digital. Ya se sabía al derecho y al revés los populares monólogos a discutir. Entusiasmo, esfuerzo y dedicación son los pilares de nuestra corporación —concluía el gerente general con una falsa sonrisa.
La castaña se limitaba a escuchar sin intervenir en aquella bruma corporativa, aunque a medio discurso su mente divagaba en ese complejo trabajo de manualidad que dejó pendiente la tarde anterior.
No era partícipe de la sesión de preguntas, quejas y sugerencias, y realmente tampoco prestaba mucho interés a la opinión de los que se atrevían a decir puras barbaridades o adulaciones.
Si una pregunta iba dirigida hacia ella alguna vez, entonces lo único que obtendrían era un reporte de lo bien que dirigía su departamento, de las complicaciones superadas y las posibles mejoras que deberían implementarse.
Siempre técnica, siempre al grano.
No necesitaba hablar sobre su esfuerzo y dedicación porque bien podía presumirse por sí solo.
Gran parte de su lema era «Vienes a trabajar, no a hacer amigos». Y era una decisión muy sensata al tratar con gente que solo esperaba encontrar las debilidades del otro para derrumbarse.
Al concluir la reunión las personas abandonaron la sala de juntas, algunas juntándose en grupitos y el bullicio de las voces alzándose por todo el piso. Alya caminó sin prisa por llegar a su oficina, cuando alguien decidió acompañarla en su caminata.
—¡Buenos días! —saludó, extendiendo la mano.
—Buenos días —estrechó la mano, a pesar de la poca confianza que le transmitía la alegre sonrisa del hombre.
—Alya, ¿verdad?
Ella asintió, con cierto desdén.
—Me llamo Jeovanhy, trabajo en el departamento de analista de negocios.
—Bien Jeovanhy, ¿Cómo puedo ayudarte? —inquirió, sin mostrar ninguna emoción.
A él le resultó gracioso, desde que fue ascendido como jefe del departamento de negocios y parte de su trabajo demandaba colaborar con los de tecnología, pensó que Alya era una mujer enfocada, decente y probablemente un tanto antipática.
Ya habían intercambiado una que otra palabra, entregado avances, y estado en cientos de reuniones juntos. Pero fue hasta ese día que Jeovanhy supo que no podía seguir admirándola desde lejos.
Como lo previó, la actitud de ella era como si estuviera programada para hablar de la forma más correcta, directa y sin rodeos. Tanta formalidad que parecía poco amable.
—Alya, eres buena líder, tu opinión en estas juntas sería muy valiosa. ¿Por qué no dijiste algo cuando hablaron de incorporar nuevas estrategias de venta?
Ella sonrió.
—No tenía algo que decir, eran buenas propuestas.
—Pero tu buen desempeño depende de que esas propuestas sean las adecuadas. Sé que has estado trabajando en un proyecto de innovación, ¿el ritmo de trabajo que se acordó no altera lo que has logrado?
—En cierta parte, pero siendo realistas a la empresa le interesa más el alto porcentaje de beneficios que obtendrá con su nueva campaña que invertir en una nueva infraestructura informática.
—¿Eso no te hace sentir que no valoran tu tiempo y esfuerzo? —preguntó con curiosidad.
—No, es un alivio —esbozó una sonrisa sosa—. Después de todo, mi trabajo solo es técnico y cuando surjan problemas en el sistema, volveré a la cima.
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One Shots
RomanceEra real... pero no en el mundo donde debía existir. Una colección de one shots donde cada historia es un universo distinto, pero todas comparten algo en común: emociones intensas que llegan sin aviso. Aquí encontrarás romance, drama, tensión, mirad...
