Sick of Jealousy: The Song of Deadly Possession

10 0 0
                                        


Relatos Oscuros

La puerta se abre apenas unos centímetros, pero es suficiente para que su presencia lo inunde todo. Su silueta, bañada en una penumbra que parece devorar la luz de la habitación, se recorta contra el marco de madera. A través del estrecho espacio que deja la cadena, puedes ver su rostro: un óvalo pálido, casi angelical, pero retorcido en una sonrisa que se estira demasiado, una sonrisa que no pertenece al mundo humano. Sus ojos, negros como pozos insondables, carecen de vida, y al mirarlos sientes que algo se hunde en ti, arrancándote hasta el último vestigio de esperanza.

El silencio de la habitación se rompe con su voz, suave al principio, un canto venenoso que se desliza como serpientes bajo la piel. "Hola, amor mío... ¿Por qué tienes esa cara? Oh, lo sé, estás sorprendido. No pensabas que te encontraría tan rápido, ¿verdad? Pero tú y yo sabemos que no puedes esconderte de mí. ¿Acaso no te lo dije? Siempre estaré contigo."

La cadena que bloquea la puerta tiembla ligeramente mientras sus dedos pálidos y delgados la rozan. Es un gesto delicado, casi cariñoso, pero su toque deja marcas en el metal, como si su sola existencia fuera corrosiva. Su cabeza se inclina levemente hacia un lado, sus cabellos cayendo en ángulos que no parecen naturales, y su sonrisa se ensancha, mostrando dientes blancos que parecen afilados bajo la tenue luz.

"¿Sabes lo que hice por nosotros, verdad? Lo hice todo. Todo. Porque tú eres mío, y nadie más debería tenerte. Pero... oh, ¿qué hiciste? Intentaste alejarme, intentaste rompernos. Eso fue muy cruel de tu parte, cariño. Muy, muy cruel. Pero está bien. Te perdono. Yo siempre te perdono. Porque te amo. Más de lo que tú jamás entenderás."

La luz parpadea en la habitación, como si algo en su presencia estuviera agotando la energía del aire. Las sombras en las paredes parecen moverse, deformarse, como si estuvieran vivas, atrapadas en un baile lento y siniestro. Puedes sentir el frío que emana de ella, un frío que no viene de la temperatura, sino de algo más profundo, algo que hace que tu pecho se contraiga y tu respiración se vuelva pesada.

"¿Quieres saber qué pasó con ellos? Tus amigos... esos que intentaron protegerte, que intentaron interponerse entre nosotros." Su voz baja aún más, casi un susurro, pero hay una emoción intensa en sus palabras, algo entre la euforia y el desprecio. "Están muertos, amor. Todos ellos. ¿Sabes qué fue lo más gracioso? Todos ellos gritaron tu nombre. Uno tras otro, suplicaron por ti. Pero no por ellos mismos. No, no, no. Me pedían que te dejara ir. ¿Puedes imaginarlo? Rogándome a mí, como si eso sirviera de algo."

Su risa rompe el aire como una aguja perforando un globo, alta y cortante, un sonido que hace que tus músculos se tensen involuntariamente. Su rostro, aunque aún sonriente, se inclina hacia adelante, y sus ojos se ensanchan, como si algo más profundo dentro de ella estuviera emergiendo. "¿Sabes lo que hice? Les dije que te amaba. Que todo esto era por ti. Y, ¿sabes qué? Ninguno de ellos lo entendió. Ninguno. Así que les mostré. Les mostré cuánto te amo... Y ahora, no hay nadie más, cariño. Sólo nosotros. Sólo tú y yo."

La cadena cruje cuando ella tira ligeramente de la puerta, probándola, como si estuviera disfrutando de la tensión, del suspenso. Sus dedos acarician el borde del marco, y su sonrisa se estrecha en algo más oscuro, más enfermizo. "¿Por qué estás tan callado? ¿Estás enfadado conmigo? Oh, no seas así, amor. Hice esto por nosotros. Por ti. Porque nadie más te merece. Porque nadie más puede amarte como yo. Y, seamos honestos, tú tampoco mereces a nadie más que a mí. Somos iguales, ¿lo sabías? Dos mitades de un todo."

Su cabeza se inclina hacia el otro lado, y un destello de algo inhumano cruza sus ojos. La habitación parece encogerse, las paredes cerrándose alrededor de ti mientras ella continúa hablando, cada palabra goteando con una mezcla de dulzura y veneno. "¿Recuerdas esa vez que dijiste que querías estar solo? Fue divertido, ¿no? Vi cómo mirabas a esa chica en la cafetería. Oh, sí, yo estaba allí. Siempre estoy allí. Y ¿sabes qué pensé? Pensé: 'Pobre tonto. No sabe que ya está atado a mí.' Pero ahora lo sabes, ¿verdad? Ahora sabes que no hay escapatoria. No puedes huir de mí. No puedes esconderte. Y, cariño... si no puedes ser mío..."

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Dec 15, 2024 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Obsessive GirlHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora