Un suspiro escapa de los labios de Anahí mientras se detiene frente a las canchas de la facultad. Los gritos de victoria y risas masculinas llenan el aire. Aunque intenta ignorarlos, su mirada se ve atraída hacia el grupo de chicos de básquet, celebrando como si hubieran ganado un campeonato. Pero no es más que un ensayo.
Entre el bullicio, sus ojos azules se fijan en él: Alfonso, de hebras oscuras y piel bronceada. Está en el centro de todo, recibiendo palmadas en la espalda y abrazos efusivos. Su sonrisa triunfante ilumina el lugar.
—¡Eso! —grita uno de los jugadores.
—¡Eres el mejor, Poncho! —añade otro, mientras Alfonso alza la vista.
Por un instante, sus ojos se encuentran. Anahí siente cómo su corazón da un salto inesperado y, en un gesto reflejo, desvía la mirada y apresura el paso.
—¿Anahí te estaba viendo? —Cristian rompe la concentración de Alfonso al percibir su mirada fija —. No te ilusiones de nuevo, bro. Sabes que no va a pasar.
Alfonso solo niega con la cabeza, pero no responde.
Minutos después, en los vestidores, Alfonso sigue perdido en sus pensamientos mientras el agua fría de la ducha le despeja la mente. El recuerdo de Anahí lo persigue: su mirada rápida, su gesto nervioso al darse media vuelta. "¿Qué me pasa?", piensa mientras se seca con la toalla.
En el salón de clases, Anahí juega distraída con un mechón de su cabello mientras su amiga Angelique aparece con su característico dramatismo.
—¡Odio las clases de historia! —proclama dejándose caer a su lado.
—No son tan aburridas —intenta defender Anahí con una sonrisa.
—¡Por favor! Admitámoslo, son un somnífero.
—Bueno... un poquito —ríe Anahí, dejando que la energía de Angelique la contagie.
La maestra Hilda entra al aula con su pila de libros y, como era de esperarse, Angelique deja escapar un suspiro teatral.
El ruido aumenta cuando los chicos llegan tarde, con Alfonso entrando al final, desaliñado pero con una confianza natural. Mientras camina, su mirada busca a Anahí casi de manera involuntaria. Ella está sentada en la primera fila, con su cabello cayendo suavemente sobre los hombros.
Angelique, quien no pierde detalle, susurra:
—Poncho no deja de verte.
Anahí niega con la cabeza, como si quisiera desterrar la idea.
—Muy bien, muchachos, formaremos equipos de dos —anuncia la maestra Hilda, y un coro de quejas y risas llena el aula.
La suerte decide que Alfonso quede lejos de Anahí, pero eso no impide que su atención se deslice hacia ella constantemente. Se concentra en su compañero Nicolas solo lo suficiente para fingir que está trabajando, pero el aroma dulce de cereza de Anahí lo envuelve como un hechizo.
—¿Qué haces? —pregunta Nicolas, divertido al ver a Alfonso distraído.
—Nada —responde Alfonso rápidamente, rebuscando en su mochila—. Maldición, no encuentro mis lápices.
Nicolas se encoge de hombros y sigue trabajando, pero Alfonso no puede resistirse. Con pasos decididos, se dirige hacia ella.
Anahí lo ve acercarse y ladea la cabeza con curiosidad.
—¿Pasa algo? —pregunta, sus ojos grandes y brillantes capturando cada rincón del alma de Alfonso.
Por un momento, se queda sin palabras. Es como si estuviera frente a una muñeca de porcelana perfecta, inalcanzable.
Finalmente, carraspea.
—Eh... ¿tienes un lápiz que me prestes? Olvidé los míos.
Anahí sonríe suavemente, abre su lapicera y busca entre sus plumones. Saca un lápiz rosado y se lo extiende.
—Aquí tienes.
—Gracias —responde Alfonso, su voz apenas audible.
Al volver a su asiento, escucha las risitas de Nicolas y Cristian.
—Eso, Poncho. No pierdas la esperanza —se burla Cristian.
Alfonso pone los ojos en blanco y trata de concentrarse en el libro, pero el lápiz rosado en su mano es un recordatorio constante de lo cerca que estuvo de ella... y lo lejos que sigue estando.
-
Cuando el timbre suena, todos comienzan a salir en breve.
—Vamos —. Se detiene Cristian esperando a su amigo, pero Alfonso negó.
—Vete yendo.
—¡Claro! —. Cristian se va sin decir nada, seguro de que Alfonso haría un intento en acercarse nuevamente a Anahí.
Alfonso se cuelga su mochila oscura en el hombro y se acerca a Anahí, quien guarda sus libros en silencio.
—Toma, gracias por prestarme el lápiz —. Su voz suena más tranquila de lo que se siente.
Anahí alza la mirada, toma su lápiz y lo guarda sin mucho alarde. —De nada.
Alfonso se queda de pie frente a ella, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. Está buscando algo que decir para alargar el momento.
—De verdad me salvaste, si no hubiera sido por ti, no habría hecho nada en clase.
—Me alegra haberte salvado —. Anahí se cuelga la mochila, y por primera vez en semanas, sus miradas se sostienen un poco más de lo usual.
—Si... —. Alfonso siente un cosquilleo al verla tan cerca. Su perfume de cereza y vainilla parece inundar el aire entre ambos. No puede evitar deslizar la mirada de sus ojos a su cabello, luego a sus labios. —Te ves súper linda hoy.
Anahí se pasa un mechón de cabello detrás de la oreja, algo nerviosa, y asiente. —Gracias.
Alfonso nota su incomodidad, pero no quiere que este breve encuentro termine. Cielos, ella es distinta.
—¿Tienes algo que hacer hoy?
—¡Poncho! —. La voz de Sabrina corta el momento como un cristal que se rompe. Alfonso cierra los ojos con frustración antes de sentir un beso fugaz en sus labios.
—¿En qué estás metido? Te he estado buscando —. Sabrina lo abraza con familiaridad, ignorando por completo a Anahí.
Alfonso abre los ojos y, aunque Sabrina le sonríe coqueta, su mirada va directamente a Anahí, que luce visiblemente incómoda.
—Sabrina, estoy ocupado. ¿Puedes irte?
—Ay, pero...
—Estoy ocupado y...
—No, no te preocupes, yo me tengo que ir —. Dice Anahí tomando su mochila y escapando de la situación.
Alfonso se queda mirando cómo se va, su cabello castaño ondeando con cada paso apresurado.
—Te extrañaba —. Sabrina trata de recuperar su atención, pero Alfonso da un paso atrás, liberándose de su agarre.
—¿Te puedo pedir un favor?
Sabrina lo observa con desconcierto. —Claro...
—No me molestes cuando yo esté hablando con Anahí —. Dicho esto, Alfonso da media vuelta y sale del salón.
Mientras camina por los pasillos, siente una punzada de frustración. ¿Qué estoy haciendo mal? Se detiene junto a una ventana, mirando hacia el patio mientras los estudiantes ríen y charlan.
Ella no es como las demás. Eso ya lo sabía. Pero... ¿y yo? ¿Cómo voy a demostrarle que no soy el tipo que cree que soy?
El reflejo en el cristal le devuelve la mirada de un chico que nunca ha tenido que esforzarse por gustarle a nadie. Pero esta vez es distinto. No es solo una atracción, no es un juego. Lo que siente por Anahí es real, y la idea de que lo vea igual que a cualquier otro, lo atormenta.
Suelta un suspiro, se pasa una mano por el cabello y retoma su camino. Voy a demostrarle que soy más que un jugador. Cueste lo que cueste.
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Tiempo equivocado. PONNY / AYA
FanfictionAnahí siempre fue la chica que seguía las reglas, la que tenía claro lo que quería en la vida. Alfonso, por otro lado, era todo lo que ella debía evitar: el chico popular, encantador y con una reputación que no dejaba espacio para el compromiso. Per...
