Respirar.
Una tarea tan sencilla que se lleva a cabo inconscientemente.
Respirar.
Algo sumamente necesario para poder sobrevivir.
Respirar.
Eso.
Eso era lo que no podían hacer aquellos pobres dioses que se iban hundiendo en las aguas del planeta en el que sus cuerpos cayeron.
Tampoco ayudaba el hecho de que quien los había golpeado aún mantenía considerablemente su poder.
Respirar.
Respirar.
Respirar.
Respirar...
Su cuerpo no respondía de ninguna manera. Como si aquel sueño fuera realmente profundo.
Tanto como el abismo oceánico que pronto lo acogería.
Su mente, aún envuelta en confusión y una creciente pero silenciosa desesperación.
Misma que de a poco se desvanecía, conforme pasaban los segundos. Los minutos. Las horas.
Empezó a sentir cansancio. En ese punto sus pulmones divinos estaban llenos de agua, lo que le parecía algo gracioso: había ascendido a la divinidad, algo que muchos mortales alguna vez anhelaron, pero eso no había significado que lo haría invulnerable a morir como cualquier otro.
A fin de cuentas, entre los dioses y los mortales las diferencias eran ciertamente mínimas fuera del poder que ejercían.
Esa fue la conclusión a la que su ya calmada mente llegó. De pronto sintió que debía dormir, descansar, que estar despierto le haría más mal que bien. Sí, necesitaría una buena siesta, justo como su camarada escamoso estaba tomando desde su perspectiva.
Dejó de preocuparse, se despidió de su querido hermano mayor en sus pensamientos. Y tras pensarlo, justamente se arrepentía de no volver a verle tan siquiera para despedirse, para irse en paz.
Bueno, habrá otro momento para ello, pensó. Por lo mientras, se ocupaba en entrar en reposo dado la adquirida pesadez que ahora hundía su cuerpo más al fondo.
Inesperadamente, tocó suelo. Suelo marino. Pero ni eso le sacó de esa inusual calma que había obtenido.
Su nariz paró. Sus latidos se iban apagando. Su cerebro iba cesando su actividad. Ahora estaba solo, un alma solitaria, con los pensamientos como última compañía.
Eventualmente, dejó de pensar.
Por fin, el anhelado descanso había comenzado para él.
Respirar... ya no hacía falta respirar.
No para él.
De esa manera Gustavo, el que antaño fue un conejido madurado a la fuerza, buen maestro en el manejo del espadón y que por poco tiempo fue un dios de la guerra, señor del Dominio de la Fuerza, al fin encontraba la paz que su hermano mayor había deseado regalarle por tanto tiempo.
"Nos veremos de nuevo... White..." Fueron sus últimas palabras, antes de ceder a los brazos de la misericordiosa muerte.
.......
......
.....
....
...
..
.
-Despierta.
Las orejas de Gustavo se agotaron levemente ante ese ruido. El conejo seguía persistente en cuanto a dormir, aún así.
-Despierta -se volvió a escuchar.
Y de nueva cuenta, le ignoró. Solo quería descansar, ya no tenía ganas de siquiera mover sus extremidades. A fin de cuentas estaba muerto, se decía a sí mismo.
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Beastars: From Other World
RandomCuando se habla del género "Isekai", la definición del mismo llega a la mente. Lo típico. Pero, ¿qué pasaría si fuese al revés?
