CAPÍTULO I.

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Ash.

El cielo estaba nublado y a la tierra la adornaba innumerables gotas de agua.

Veía como la lluvia caía mientras me parecía estar debajo de ella, pero aún así no pude evitar sentir su frío abrazador y el olor de la tierra. Quería ser como ella; que a pesar de haber caído quería recorrer cada rincón de la tierra sin un rumbo exacto, pero no es así, tal vez nunca lo será, estoy solo observando detrás de la ventana de mi habitación mientras poco a poco el vidrio se empaña haciendo que mi vista sea perturbada por este.

—¿Asher?

Al escuchar mi nombre pude hacer contacto con la realidad, mi hermano estaba detrás de mí muy cerca de la silla dónde estaba sentado. Me estaba observando desconcertado porque no sabía lo que me pasaba. Tenía una chaqueta de color azul (puesto a que hacía frío) que le quedaba hasta las rodillas; el aún era muy pequeño ya que solo tiene 9 años. Sus ojos de color negro irradiaban preocupación, su cabello (del mismo color de sus ojos) estaba húmedo haciendo que tapara parte de sus ojos.

—¿Si?—le pregunto.

—¿Te encuentras bien?— me pregunta y al hacerlo sonrío y asiento con la cabeza en señal de que si estoy bien. Extiendo los brazos hacia él para abrazarlo y de inmediato viene hacia mí, reposando su cabeza en mi hombro acarició su pelo húmedo y le digo.

—Te amo.

—Yo también hermanito.— me dice mientras acaricia mi espalda y con su voz casi quebrantada me dice.

—Asher...

—¿Si?—le digo.

—Extraño a mami.— Bastó una simple palabra, una simple oración, un insignificante pero importante termino que pudo lograr desestabilizar mi estado emocional.

La habíamos perdido, ella ya no estaba con nosotros, y ahora cada vez que sea mencionada nuestros días serían jaspeados de gris. Su ausencia cambió muchas cosas en nuestras vidas; desde llorar incansablemente hasta tolerar el maltrato de un "padre" que resultó ser aún más vulnerable que nosotros.

Somos víctimas de los errores de alguien que trata de conquistar el mundo.

—Lo sé. —le respondo con un nudo en la garganta, apenas y pude responderle.

El incansable y doloroso recuerdo me persigue y siempre lo hará, extraño cada parte de ella; desde su espléndida sonrisa hasta su mirada color café que irradiaba seguridad y benevolencia, su cabello color castaño llegaba hasta su cintura y siempre vestía el mismo vestido de flores.

Aún estando abrazado con mi hermano los momento junto a ella pasaban frente a mí, hiriendo mi corazón hasta hacer brotar lágrimas por mis mejillas.

—¿Están bien?— Dice mi otro hermano llamado Alex, que tiene 15 años, el cual está acompañado por Nicolás tiene 11 y también es mi hermano. Ambos están parados en la puerta de mi habitación observándonos mientras Nathan y yo seguimos abrazados.

Así es, tengo 3 hermanos y yo soy el mayor. Ellos son la razón por la cual vivo, ellos son parte de mí y siempre lo serán.

—Sí. —respondo a su pregunta mientras Nathan vuelve a mirarme de nuevo y sonríe limpiando mis lágrimas.

—¿Haz visto la tele?— Me pregunta Alex y al hacerlo puedo notar algo de preocupación en su rostro.

—No, ¿Porque?— le pregunto.

—Han desaparecido cuatro más— En ese instante supe que había pasando.

Hace tres años empezaron a desaparecer jóvenes sin importar su edad, color, sexo o estatus socia. Solo desaparecían sin dejar rastro. Este pueblo llamado Ashland se había convertido en un lugar inseguro, ya nada era como antes, todos permanecían en sus casas encerrados por miedo a poder convertirse en una víctima más de este depredador que por varios años ha causado tanto dolor en este pueblo.

Más allá de un infierno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora