Prólogo: La Luna Fantasma.

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Ciudad Algaria, Centro Espacial de Hoenn
31 de octubre, 21:50 horas.

El zumbido constante de las máquinas llenaba el aire en el turno nocturno del Centro Espacial. Era un sonido monótono, casi hipnótico, que solo acentuaba el peso del cansancio en Jacob. Sentado en su escritorio con una taza de café a medio terminar, el científico ajustó sus gafas mientras revisaba los monitores frente a él. A su lado, su compañero Pokémon, un Baltoy, flotaba silenciosamente, pero sus ojos brillaban con curiosidad inquieta.

Jacob encendió una vieja grabadora de cinta, algo que insistía en usar pese a la tecnología moderna. Había algo reconfortante en lo físico de las cintas, en el clic que anunciaba el inicio de una grabación.

—31 de octubre, 21:50 horas. No hay cambios en los sectores 1, 2, 4 y 7. Notamos una anomalía en el sector 5. Probablemente un desprendimiento, nada preocupante. —Detuvo la grabación y suspiró. Dejó la grabadora sobre el escritorio y tomó un sorbo de café frío, haciendo una mueca.
—Los turnos nocturnos sin dudas son los peores...

Baltoy lo observó con una inclinación de su cuerpo flotante.
—¿Bal?

Antes de que Jacob pudiera responder, las luces comenzaron a parpadear. Un crujido profundo se oyó en algún lugar del edificio, seguido de un rugido sordo. El viento se colaba furioso por las rendijas, hasta que una ventana cercana estalló en mil pedazos.

—¡Mierda! —exclamó Jacob, sujetándose del escritorio mientras el suelo empezaba a sacudirse bajo sus pies.

Baltoy giró sobre sí mismo, emitiendo sonidos nerviosos mientras usaba sus habilidades psíquicas para desviar los vidrios rotos. Jacob corrió hacia su computadora, su corazón latiendo con fuerza.

—¿Qué demonios está pasando? —murmuró mientras sus dedos volaban sobre el teclado, buscando información.

En la pantalla, un gráfico de monitoreo mostraba picos de energía inusuales en el sector 5. Pero entonces, algo más captó su atención. Jacob se congeló, sus ojos fijos en el monitor.

—Esto no... esto no puede ser...

El temblor cesó de repente, como si el mundo hubiera contenido la respiración. Todo quedó en silencio, salvo por el sonido entrecortado de su respiración.

Se levantó bruscamente de su silla, mirando el reloj digital en la esquina de la pantalla.

—31 de octubre, 21:30 horas.

Jacob parpadeó varias veces.
—No... imposible.

Corrió hacia la grabadora y la encendió.

—31 de octubre, 21:50 horas. No hay camb...

Detuvo la reproducción y volvió a mirar la computadora. Entonces se giró hacia el reloj de pared de la habitación.

—21:30... —jadeó, su voz quebrada entre incredulidad y miedo.

Baltoy flotó hasta él, sus movimientos eran más lentos, como si también sintiera el peso de lo que acababa de suceder.

—¿Baltoy? —preguntó con un tono bajo.

Jacob lo miró, sus manos temblando.
—Hemos retrocedido en el tiempo...

Tomó su videomisor apresuradamente. Tras unos segundos de estática, una voz respondió al otro lado.

—¿Jacob? —Era Daigo, el reconocido Campeón de la Liga Pokémon.

—¡Daigo! ¿Estás bien? ¿Qué está pasando?

La voz de Daigo sonó preocupada pero serena, como siempre.
—Yo podría preguntarte lo mismo. ¿Qué anomalías has detectado?

—No lo vas a creer, pero... —Jacob vaciló, sintiendo que las palabras se atascaban en su garganta—. Retrocedimos veinte minutos. El temblor, las luces, todo... no tiene sentido. Es como si el tiempo se hubiese reiniciado.

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