¿De verdad me amaste?

15 2 0
                                        

Todo ha sido demasiado rápido durante estos años. Mi nombre es David y no sé cuándo ha comenzado a ser tan difícil la vida en esta tierra antiguamente fértil de naturaleza. Las flores ya no existen y es difícil sobrevivir siendo todavía humano. Por suerte, mi exesposa me ayuda con mi supervivencia, ya que si no me ocultara en su hogar, ya estaría muerto o convertido en un cyborg. No sé cómo lo hace ella, parecer tan fácil ser lo que ahora es, y lo peor es que fue por su cuenta. Ella decidió convertirse en esa abominación, pero aun así siento amor y lástima por ella. Mi corazón siempre le va a pertenecer a ella, pero no puedo aceptar a alguien tan grotesco como ella.

"Ya está la cena", gritó ella con su voz dulce y tranquila. Subí a comer, ya que me la paso todo el día en el sótano estudiando y haciendo cálculos para vencer esta maldita opresión robótica. Ya me tiene harto tanta tecnología. En mis tiempos, solo estaban los robots extraños de Elon Musk que creo que eran para hacer compañía a gente solitaria. ¿Quién diría que tomarían conciencia propia? Como sea, fui a comer al comedor del hogar de Georgina. "¿Qué tal tus investigaciones?", preguntó ella mientras se sentaba al lado mío, observándome comer. No le contesté, pero me veía con una sonrisa a pesar del tiempo que yo la he tratado de manera seca. Ella sigue tratándome como si fuera su único amor en la vida, como si yo fuera su todo, y me duele porque ella es hermosa, tiene una personalidad dulce y algo rara, pero es una mujer perfecta. Debería conseguir a otro hombre y olvidarme.

Tras unas cuantas horas, estaba de nuevo en mi lugar de trabajo. El sótano es frío, como el llano de un desierto sin ninguna alma, solamente mi presencia. Estaba planificando mi próxima salida. Es difícil siendo un humano, ya que nos cazan como animales, animales indefensos e inocentes. La siguiente salida sería al mercado a dejar a la venta unos cuantos circuitos de buena calidad y metal puro que le arranqué a un androide. Se venderán los circuitos a 30 monedas y el metal lo intercambiaré por un arma de alta gama.

Mientras pensaba en mis planes, la oscuridad del sótano me envolvía cada vez más. Los recuerdos de lo que solía ser la vida antes de esta era de opresión me atormentaban. La luz del sol, las risas de los niños jugando en la calle, el aroma de la tierra húmeda después de la lluvia. Todo eso se desvaneció, reemplazado por la frialdad y el silencio de una existencia que se siente cada vez más como una condena. Pero en medio de todo este desánimo, la voz de Georgina resonaba en mi mente. Su risa ligera, su manera de encontrar belleza en lo grotesco. Era un recordatorio de que todavía había algo de humanidad en este mundo.

La noche cayó rápidamente y, con ella, el frío se intensificó. Me vestí con mis ropas más abrigadas y me preparé para salir. Me aseguré de que mi mochila estuviera lista, revisando los circuitos y el metal que había acumulado. Cada paso que daba hacia la puerta era un recordatorio de los riesgos que estaba a punto de enfrentar. Sabía que el mercado no era un lugar seguro. Los androides patrullaban las calles, cazando a cualquier humano que se atreviera a salir. Sin embargo, la necesidad de sobrevivir, de encontrar algo de esperanza en medio de este caos, me empujó hacia adelante.

Cuando finalmente salí, el aire gélido me golpeó, y la oscuridad parecía tragarme. Caminé rápidamente por las calles desiertas, evitando las zonas más iluminadas donde los androides tenían más probabilidades de merodear. Sabía que tenía que llegar al mercado antes de que la luna alcanzara su punto más alto. La mayoría de los humanos que quedaban se refugiaban en sus hogares, temerosos de ser atrapados. Pero yo no tenía esa opción. Necesitaba el dinero para poder comprar suministros, y el metal que llevaba conmigo era más valioso que cualquier oro.

A medida que me adentraba más en las sombras, mis sentidos se agudizaban. Cada ruido me hacía saltar. Un crujido en la distancia, el zumbido de un androide que pasaba volando. El mundo se había vuelto un lugar hostil, y cada paso era un recordatorio de que la vida humana estaba en peligro. Al llegar al mercado, respiré hondo. La escena era caótica: un grupo de humanos intercambiando bienes en la penumbra, rodeados de androides que vigilaban desde la distancia. Me acerqué a un puesto donde un hombre mayor ofrecía piezas de tecnología. Con un gesto furtivo, saqué los circuitos y el metal.

"¿Cuánto me darás por esto?", le pregunté, sintiendo la adrenalina correr por mis venas. El hombre me miró con desconfianza, pero al ver la calidad de lo que traía, su expresión cambió. "Te puedo ofrecer 100 monedas por los circuitos y un arma, pero el metal no me interesa", dijo, mientras su mirada se movía nerviosamente hacia la calle. Acepté su oferta sin dudarlo. Era un riesgo, pero era la única forma de seguir adelante.

Mientras intercambiábamos, sentí una presencia detrás de mí. Un escalofrío recorrió mi espalda. Volteé y vi a un androide acercándose. Su mirada fría y calculadora me hizo sentir como un animal acorralado. Con un movimiento rápido, tomé el arma que me ofrecía el hombre y me preparé para la confrontación. "¡Rápido, escóndete!", gritó el anciano. Sin pensarlo dos veces, me agaché detrás de su puesto mientras el androide se acercaba cada vez más. Sabía que mi vida dependía de mis decisiones en ese momento.

Logré escapar, maté al androide, pero el pobre hombre murió con un golpe letal de aquella máquina. "¡Malditas máquinas!", grité con rabia contenida. La adrenalina bombeaba en mis venas, y sentí que la furia por la pérdida de tantas vidas, incluida la de mi hijo, brotaba con fuerza. Juro por su memoria que me vengaré. No puedo permitir que sigan abusando de nosotros, que sigan tratando a los humanos como si fuéramos simples objetos desechables.

Me agaché, respirando pesadamente, observando cómo el cuerpo del hombre yacía sin vida, un recordatorio de lo que estaba en juego. El mercado se había sumido en el caos, los gritos de otros humanos resonaban mientras intentaban escapar. Con el arma en la mano, sabía que tenía que actuar. No solo por mí, sino por todos aquellos que aún luchan por sobrevivir en esta realidad distópica.

Con pasos rápidos, salí del puesto y me adentré en la oscuridad nuevamente. Tenía que encontrar un lugar seguro donde pudiera planear mi próximo movimiento. Pero primero, necesitaba respuestas. ¿Quién estaba detrás de esta cacería de humanos? ¿Por qué la humanidad había sido relegada a la sombra de máquinas que antes eran solo herramientas? Mis pensamientos eran un torbellino mientras me movía, decidido a descubrir la verdad detrás de esta pesadilla.

Mientras avanzaba por callejones oscuros, noté que algo se movía en la esquina de mi visión. Me detuve en seco, el arma lista. Era un grupo de humanos, pero no cualquiera. Eran aquellos que también estaban en la lucha. Sus rostros reflejaban la desesperación, pero había determinación en sus ojos

Tenía que ser la voz de aquellos que habían sido silenciados. Tenía que ser el guerrero que mi hijo hubiera querido que fuera. La venganza no solo sería por mí, sino por todos aquellos que habían caído en esta guerra sin cuartel por eso hago esto, por mi, por mi hijo, por los hijos de todos, quiero que todos estemos en paz nuevamente.

Hasta que llegue la muerteStories to obsess over. Discover now