La habitación estaba bañada en sangre, un rastro visible en el suelo sugería donde el cuerpo había sido arrastrado después de una posible persecución por el apartamento. En la cocina, los platos sucios y algunos cubiertos esparcidos por el mesón insinuaban que el asesino podría haber sido alguien cercano a la víctima.
Al elevar la vista, el impacto fue mayor. Un hombre colgaba del techo por los pies, sujeto con una cadena que alguien había ajustado con un martillo. Una grotesca herida de bala perforaba su frente, justo entre los ojos. Abajo, el charco de sangre añadía una nota de crudeza visual a la escena.
—Hemos encontrado los dedos de su mano derecha en la cocina —informó uno de los detectives—. Recibió una puñalada en el abdomen, cayó y se desangró aquí mismo. Después, el asesino le cortó los dedos.
Frunzo el ceño, inquieta.
—¿Por qué dispararle en la cabeza si ya estaba herido mortalmente?
—¿Para acabar con su sufrimiento rápidamente? —sugirió, mirándome fijamente.
No estoy convencida y cruzo la cinta amarilla de la policía, saliendo de aquel teatro macabro hacia el pasillo, ahora lleno de vecinos curiosos y desobedientes.
—Es horrendo lo que sucedió allí dentro —comentó Eva, acercándose con una bolsa roja mientras me deshacía de mis guantes de látex y los arrojaba dentro. Ella cerró la bolsa y la entregó a un forense.
Mientras entramos al ascensor, Eva compartió sus hallazgos.
—No hay huellas ni pisadas, y el ADN recogido es solo de la víctima. Nuestro asesino sabía lo que hacía.
Asentí justo cuando las puertas se abrieron.
—Estoy segura de que fue alguien de confianza. Le abrió la puerta y probablemente le ofreció algo de comer.
En el vestíbulo, agentes nos saludaban mientras avanzábamos, y una vez afuera, Eva abrió un paraguas para protegernos de la lluvia. La escena estaba plagada de periodistas buscando una historia.
—¿Crees que él sabía que lo iban a matar? —preguntó Eva desde el auto.
Miré hacia ella, evaluando sus palabras a la luz del farol que iluminaba débilmente su rostro anguloso.
—¿Mirarías a los ojos a quien confías, aceptando que será quien acabe con tu vida?
Eva asintió lentamente, la tensión visible en su expresión.
—Sí. Si fuera tú, aceptaría mi destino.
La conversación se tornó personal y reveladora a medida que Eva y yo continuábamos discutiendo sobre el impacto de lo sucedido y los desafíos del caso, incluyendo el reencuentro con personas del pasado que no esperábamos encontrar.
Este caso no solo desafiaba nuestra integridad profesional, sino también personal.
Eso ciertamente daba miedo
Esperaba que al final, los desafíos que enfrentábamos no superaran nuestra capacidad de resolverlos.
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Metanoia [Detrás Del Cambio]
Misterio / SuspensoQuizá el pasado siempre iba a volver... Quizá tener una vida nueva sería la solución... En su mundo, las cosas malas siempre estaban presente, su trabajo no era hermoso... De echo en lo que se dedicaba ella y su novia, la muerte... Siempre estaba...
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