Nicole García
Cuando una persona muere, su cerebro sigue viviendo por siete minutos y recordando los mejores momentos de su vida. Aunque sean solo unos insignificantes minutos, se sienten como si duraran toda la vida.
Sin duda, mi papá sería esos siete minutos.
Estoy en el salón de mi casa leyendo una revista: lo mejor de la moda, las modelos que eligieron si saben a lo que se dedican.
No me digas.
La puerta se abre ferozmente, soltando un portazo. Mi padre, con su traje y el maletín en la mano, me mira como si le acabaran de dar la peor noticia del mundo, y tal vez así sea.
Lo miré, me mira, bajo la mirada, aparta la mirada, lo vuelvo a mirar y él me vuelve a mirar.
Ya déjate de tonterías.
Lo siento.
—¿Todo bien? —preguntó, cerrando la revista y dejándola a un lado. Él suelta un suspiro exasperado y se deja caer en el sillón enfrente de mí.
—Me trasladaron en el trabajo —por fin dijo. Su mueca era rara. Puse una mueca confundida.
¿Eso era bueno, no?
—¡Felicidades! —Me abalancé a él dándole un pequeño abrazo, pero me apartó mirándome seriamente—. ¿Qué pasa?
—El cambio es a Canadá —su semblante permanece serio, pero su voz es frágil y casi inaudible.
Me tenso de pies a cabeza, mi cuerpo parece quedarse paralizado sin poder hacer ningún movimiento.
De todos los lugares habidos y por haber, ¿por qué tiene que ser Canadá?
Mi padre me mira preocupado.
—Si quieres puedo rechazarlo y buscar en otra sede —me dijo tomándome de los hombros para que lo vea—. Solo tienes que decirlo.
Quise decirle que sí, que no quería volver allá, pero las palabras murieron en mi garganta cuando vi cómo sus ojitos brillaban con nostalgia.
Él se merecía esta oportunidad, no puedo solo llegar y arruinarle sus sueños por los que tanto se ha esforzado.
—Está bien... tienes que aprovechar esa oportunidad, además ya estoy mejor —y no era mentira, estaba mejor, las sesiones con el psicólogo iban bien.
—No quiero que te sientas obligada —acarició mi cabeza desordenando un poco mi pelo.
—Está bien... ¿Cuándo nos vamos?
Me miró de arriba abajo analizándome.
—El viernes —abrí mucho los ojos, solo tenía tres días para empacar.
—Tengo que ir a empacar —hice un gesto de despedida y fui directo a mi habitación, pero él me detuvo antes de llegar a las escaleras.
—¿Segura de que estás bien? —la pregunta no me tomó por sorpresa, era normal verlo preocupado y más con todo lo que había pasado.
—Por supuesto, solo tengo que hacer las maletas —me obligué a sonreír y vi cómo él dudaba, pero finalmente asintió con la cabeza.
Creo que te vas a arrepentir.
¿Por qué?
Por mentir.
**
Las maletas ya estaban casi hechas, pero es que tenía tanta ropa que no sabía dónde la iba a meter. Mi padre me dijo que la podía donar, así que la estoy separando de lo que me gusta y lo que no.
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AMOR PROHIBIDO
General FictionUna chica con un pasado obscuro lucha contra las leyes de la vida o al menos lo intenta, pensando en su primer amor decide escribir su propia historia aunque esta sea mentira. Las dos van de la mano construyendo su nueva vida, donde no hay dolor y t...
