Juan estaba sorprendido de ver Krikoragán, era completamente diferente a las fotos que había visto previo a la usurpación e incluso, mucho más pintoresco de que las fotos de internet mostraban. Era un reino que, como muchos otros, había logrado mimetizar perfectamente la idea tradicional con el cambio de siglo y los diferentes avances tecnólogicos. Pero en muchos aspectos seguía manteniendo viejas costumbres. Un ejemplo claro era la monarquía, los títulos reales seguían teniendo un peso dentro de aquel pequeño reinado y fuera también, para con sus pares democráticos. Sin ir más lejos, su (ahora) suegro había sido un conde y sin mucho dilema había ascendido a rey.
Había escuchado poco y nada del país de su novia, pero no podían juzgarlo, Margarita tampoco estaba al tanto de mucho. Pipe, o Andrés y Jano, o mejor dicho, Federico estaban igual de perdidos que su hermana, pero bastante ansiosos de conocer el pequeño país que heredarían muy pronto. Aunque Margarita sería la futura reina, o al menos eso era lo que la castaña le había dicho. Su padre, Máximo Augusto Calderón de la Hoya, lo había decretado el día que asumió el trono. Andrés y Federico serían condes o algo así, todavía no estaba familiarizado con los nombres.
El auto dio un sobresaltó, y Rey se percató de que habían llegado a la casona de los Calderón de la Hoya. Margarita le había contado un poco de cómo era, pero se le cayó la boca al ver aquel lugar. De ladrillo con decoraciones en madera, tenía dos plantas. En la fachada se erguía una fuente con la estatua de un ser mitológico que Rey no reconoció. Y allí se encontraba ella, con su ropa colorinche y los rulos al aire. En su cabeza descansaba una pequeña tiara. A unos metros de Margarita había dos guardias y delante de estos estaban Pipe y Jano, que lo miraban llegar con una sonrisa.
Al bajar del auto Rey notó lo principesca que se veía su florcita, pero, ¿cómo no se había dado cuenta antes de quién era realmente? Siempre se vio como una princesa. Brillante y elegante, alegre y demasiado noble. Con una sonrisa se bajó del auto, y antes de siquiera poder abrir los brazos, Margarita estaba sobre él. De puntitas y envolviendo sus brazos en el cuello ajeno, la princesa lo besó con desesperación. Rey no tardó en responder, igual de deseoso de poder sentirla luego de semanas separados. Las manos de él bajaron hacía la cintura de Mar, y allí dio un apretón, atrayéndola más a él.
—Che, pero eso no es muy protocolar de tú parte.
Margarita solo le sonrió, para luego darle otro pequeño beso.
—Te extrañe mucho, mi leoncito.
Pipe aplaudió de forma exagerada, buscando llamar la atención. Jano a su lado simplemente se rió.
—Bueno, bueno, nos vamos separando de la princesa. Eso mismo, las manos donde pueda verlas Juancito...
Rey levantó las manos en señal de inocencia y se acercó a los dos muchachos, abrazando a cada uno. Detrás de ellos, Margarita agradecía al chofer, que simplemente dio una reverencia. Jano intentó tomar una de las maletas de Rey, pero fue rápidamente despachado por los guardias.
—No me voy a acostumbrar nunca a eso. Hace dos semanas se me llovía la pieza y ahora tengo valet, ¿quién lo diría? Tremendo upgrade.
—También ligaste hermano y hermana. —sonrió Pipe.
—Sí, pero no es tan divertido, ¿viste? —Margarita le dio un zape.
Rey observó a los trillizos interactuar y comenzó a divagar. Había buscado información de ellos en internet pero mucho no encontró. Una que otra foto borrosa del bautismo de los chicos, pero apenas si podía distinguirlos, ¿por qué corno los vestían iguales? Pronto quizás daría en la nota con las personalidades de cada trillizo. Su mente volvió cuando Margarita lo tomó de la mano; la sonrisa de la castaña iluminaba todo a su alrededor. Como la había extrañado.
—Vení, vamos adentro. Quiero mostrarte lo inmensa que es esta casa...—el rubio beso la frente de la contraria y se dirigieron al interior de la casona.
La quinta de los Calderón de la Hoya era antigua, y muy imponente. Al entrar te chocabas con un arco lleno de flores falsas colgando, y Rey quiso pensar que eran en honor a su mujer. A los costados de este mismo arco, dos columnas con más figuras mitológicas. ¿Qué tenían los nobles con la mitología y lo antiguo? No lograba comprenderlo, ¿se veía vintage? ¿más cheto?. Siguió camino, Margarita le explicaba todo a una velocidad impresionante, pero Juan ya estaba acostumbrado a la forma efusiva en la que hablaba su novia. Llegaron a lo que parecía ser el hall principal; de allí se desprendían dos escaleras que subían al segundo piso, y en el medio de esas dos, un hogar. Arriba, imponente, un cuadro de la familia real. Florencia se hallaba sentada en lo que parecía ser un trono, con un bebé en brazos. ¿Quién? No tenía la más mínima idea. Detrás de ella, Máximo, con dos bebes más. Los trillizos usaban los mismos ropones, sin ningún color que los identifique uno del otro. ¿Cómo hacían Flor y Max para diferenciarlos?
—Ese es el día que nos bautizaron, me contó mi papá. La que está en brazos de mi mamá soy yo. Papá sostiene a Jan-Federico, del lado derecho y a Pip-Andrés, del izquierdo. Perdón, todavía no me acostumbro a esos nombres...—jugueteó con sus rizos, mirando el piso. — Y no creó lo haga nunca, pero para mamá y papá es importante lo intentemos.
—Debe ser re difícil para ellos también, Mar. Se están conociendo de nuevo, no es fácil.
—Sí, mis papás están re emocionados por conocerlos a todos. Zeki y Daisy llegaron esta mañana, y puede que mi madre tenga especial afecto por mi tocayita después de todo lo que le pasó.
Los dos volvieron la vista al cuadro, y el rubio no pudo evitar observar a su Margarita de reojo. Parecía... diferente, portaba un aura un poco más adulta, y no era para menos. Hacía menos de dos meses que se había enterado de su verdadera identidad, y de repente, era empujada a todo este rejunte de responsabilidades y actos y demás yerba... Lo único que agradecía era que Merlín estaba aquí también, apoyando y ganándose el perdón que sus padres usurpadores no pudieron arrancarles a los reyes. Los trillizos necesitaban el apoyo de alguien conocido y que supiera las riendas de todo esto, y aunque le costaba aceptarlo, Merlín era el indicado. Las miradas que le daba a la princesa no eran de amistad, y Rey sabía muy, pero muy bien que eso jamás cambiaria.
Margarita provocaba eso. Ese deseo de amarla profundamente, de estrujar su corazón contra el tuyo y fundirlo en uno, tenerla cerca y nunca, pero nunca más lejos. Lo único que podía apagar dicho deseo era la atención desmesurada de su mirada, sus sonrisas, las pequeñas risas que emanaba. Rey la adoraba con locura, ¿cómo no? Si era todo lo que estaba bien. Tan perfecta. Tan maravillosa.
—¿Qué pasa qué me miras tanto, mi leoncito descosido? —ella se puso de puntitas y lo besó, acariciando la leve barba que crecía en el chico. —Dale, vamos. Tengo mucho más que mostrarte antes de que conozcas a los suegros.
La mera idea de conocer a los suegros lo asustaba, pero era parte del todo ¿no? Aparte, el estaba acá para apoyar a su novia y sus amigos, ahora mismo no se iba a echar para atrás. Se lo había prometido.
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Princesa, soy un héroe desolado.
Teen FictionMargarita, Andrés y Federico por fin volvieron a casa, pero, ¿estarán listos para los cambios que se avecinan? Han vuelto a su país natal y ahora deben responsabilizarse de los títulos que portan. Zeki, Rey y Daisy puede que se hayan entrometido. o...
