Su escritorio seguía exactamente igual a como lo había dejado el viernes al concluir las clases. No había señal de que hubiera llegado ya, y por la hora ya estaba llegando tarde. Todos sus compañeros estaban sorprendidos al notar su ausencia, Tomioka nunca faltaba, inclusive si estaba enfermo, él nunca faltaba.
Al pasar de las horas también los alumnos se hacían la misma pregunta sobre el paradero del profesor de educación física, el que no estuviera rondando los pasillos para regañarlos sobre el código de vestimenta era raro. Los profesores se estaban preocupando por él, incluidos Sanemi e Iguro, aquellos dos que decían odiarlo (lo cual era mentira) estaban preocupados; y a pesar de que Ubuyashiki les había dicho que repentinamente le había pedido permiso de faltar, todos seguían preocupados ya que el director se había negado a revelar el motivo de su falta. El más inquieto era Rengoku, sentía que él era el más cercano a Tomioka, se aventuraría a decir que eran amigos, pero no podía evitar pensar que eso era algo normal en él, siempre tan frío y reservado, pero seguía siendo raro que no estuviera, era extraño para él girar su silla y no encontrarlo ahí sentado.
—Espero que no sea nada grave— se dijo así mismo en voz alta.
—Debe serlo— Uzui interrumpió sus pensamientos— Lo hemos visto llegar demasiado enfermo. — Agregó mirando el suave movimiento de las cortinas.
—Lo sé, pero no podemos ser pesimistas— Le reclamó enérgicamente, obligando al maestro de artes a verlo, sus ojos bicolor brillaban con entusiasmo y su típica sonrisa estaba ahí. Verlo de aquella manera tan optimista hizo que Tengen soltará una pequeña risita.
—Kyojuro, no todos podemos ser tan optimistas como tú. —Respondió mientras inflaba una pequeña burbuja con su chicle. —Pero también espero que Tomioka esté bien. —Añadió en cuanto estalló su chicle.
Y el día terminó dejando a todos con la intriga de saber porqué no había ido Giyuu a trabajar, y tal vez todos se quedarían con esa incógnita, ya que seguramente él no les diría nada, solo podrían teorizar sobre el asunto.
Pero al día siguiente parecía que tampoco aparecería el maestro de cabello negro y ojos azules, comenzando a preocupar mucho más a sus compañeros. En pocos minutos empezarían las clases y no se veía rastro de él, sin embargo unas fuertes y rápidas pisadas se escuchaban en el pasillo, estruendosamente se abrió la puerta de la sala de maestros dejando ver a un ligeramente agotado y cansado Tomioka ante la mirada de unos estupefactos profesores. Eso no era propio de él tampoco, siempre era puntual, nunca llegaba corriendo a donde fuera que tenía que ir, incluso a las reuniones informales que llegaban a tener, él era de los primeros en llegar.
—Buenos días— arrastró sus palabras débilmente mientras caminaba hacía su escritorio, su suave voz se escuchaba cansada, por no decir que también se notaba el cansancio en su rostro.
—¿Estás bien?— preguntó Rengoku, recibiendo una mirada desganada. —Te ves terrible. —El golpe de sinceridad que había recibido Giyuu hizo que frunciera un poco el ceño, el rubio debía ser ligeramente más sutil para decir las cosas.
—No pude dormir anoche. —Respondió masajeando el puente de su nariz. Frente a él Kyojuro le ofreció su taza de café, dejando un poco confundido al de cabello negro.
—Lo necesitas más que yo. —Se justificó ante los ojos azules confusos. —No le he tomado, no te preocupes.
Giyuu aceptó aquella taza con decorado raro, sabía que el hermano menor de Kyojuro la había pintado para él cuando apenas asistía al kínder, era uno de los preciados tesoros del profesor de historia. Sorbió un poco del café, quemándose un poco de la lengua en el proceso, pudo escuchar la risa de Kyojuro en ese instante y lo entendía, ya no era un niño como para quemarse con las bebidas calientes pero estaba tan cansado que no pensaba reclamarle por ello. El café tenía un sabor dulzón que opacaba un poco su sabor amargo, había descubierto que tanta azúcar le ponía Rengoku, mucho más que él.
—Gracias. —Apreciaba el gesto, realmente necesitaba ese café, pero sabía que esa única taza no sería suficiente para él.
La campana sonó llamando la atención de los dos, ambos se despidieron y se dirigieron a sus respectivos lugares de trabajo. Giyuu se llevó la taza de Rengoku sin darse cuenta, pero varios estudiantes se dieron cuenta que el profesor llevaba consigo la taza del profesor de historia, era inconfundible, sin embargo no se atrevieron a hacer bromas al respecto, Tomioka tenía un aspecto horrible y peor que eso estaba su humor, y eso era notable, a la mínima provocación pondría a los adolescentes a hacer ejercicios pesados y nadie quería eso.
Las clases transcurrieron sin contratiempo, o bueno, casi sin contratiempos, Giyuu estaba de peor humor que de costumbre sin embargo fue algo con lo que todos pudieron lidiar ese día. Y en cuanto dieron las cuatro de la tarde él salió casi corriendo de la escuela sin decir nada a nadie.
Y esto se repitió los días consecuentes, Tomioka llegaba cansado a dar clase y salía un poco antes del trabajo. Rengoku estaba especialmente preocupado por eso, había visto como en la menor oportunidad de recargarse en una pared o sentarse Giyuu comenzaba a cabecear de sueño, lo cual ya era preocupante, no estaba durmiendo adecuadamente y aquello comenzaría a cobrar factura pronto, le dolía un poco que no le tuviera la suficiente confianza como para decirle que era lo que ocurría pero estaría ahí por si llegaba a necesitarlo.
—Nos vemos.— Anunció Giyuu antes de irse, era viernes y algunos ya se habían ido, después de todo ya querían descansar un poco.
—¡Qué descanses!— gritó Kyojuro antes de que cerrara la puerta, realmente esperaba que durmiera bien ese fin de semana, lo necesitaba más que nadie esa semana.
Un par de minutos después Rengoku había terminado su trabajo, quería regresar a casa y degustar la deliciosa comida de su madre y después tomar un relajante baño. Al voltear pudo observar como en el escritorio de Tomioka estaba su celular olvidado, bueno podría esperar un poco la comida de su madre, primero trataría de entregar el teléfono.
Vagamente recordaba donde estaba el departamento del profesor, lo había acompañado una vez que ambos se sobrepasaron con las copas, pero no recordaba con exactitud la ubicación. Sabía que no vivía muy alejado de la escuela, solo caminaría por el rumbo que recordaba y si de pura casualidad llegaba a su casa estaría bien también, sino simplemente tendría que esperar hasta el lunes para entregárselo, aunque eso sería un poco malo para Giyuu, estaría incomunicado casi por tres días y podría pasar de todo en ese tiempo.
Rengoku deambulo un poco por los alrededores, buscando con la mirada a aquel profesor de conjunto azul, hasta que lo encuentro hablando con una alumna de la preparatoria, sabía que era de la preparatoria por el uniforme, pero no era una alumna cualquiera, era Shinobu, la hermana de la profesora del club de arreglos florales. Rengoku se acercó con un paso un poco acelerado para hacer su entrega pero se podía notar que la chica tenía algo sobre sus brazos algo que le entregó a Tomioka. No, no podía ser aquello que pensaba, aquello sería demasiado malo para el profesor.
—Tomioka— lo llamó cuando estuvo a unos cuantos pasos de ellos dos, esperando que cuando volteara no tuviera lo que estaba esperando en sus brazos, pero sus sospechas eran ciertas, en cuanto se giró pudo ver cómo entre los brazos del profesor estaba un pequeño bebé y sobre su hombro lo que parecía ser una pañalera.
No, no, no, se repetía en la mente de Kyojuro al ver al pequeño, pensaba que él era incapaz de hacer ese tipo de cosas.
—¿Tienes un hijo con una alumna?
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Sleep Well Tomioka-san
FanfictionGiyuu tiene un "problema" que no lo deja dormir, preocupando a todos especialmente a Kyojuro, quien quiere ayudarlo con ello [RenGiyuu]
