Vodnik

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Dejaron los bolsos en el suelo, Dimitri buscaba las llaves en sus bolsillos mientras Aliocha miraba la casa. Al entrar, los recibió rodeandolos con olor a encierro y humedad. Dimitri tenía mucho que hacer antes de que el lugar sea medianamente habitable.

En las paredes todavía se veían las fotos viejas de su casamiento, de Aliocha recién nacido y Aliocha cuando todavía usaba pañales, todas cubiertas por una capa de polvo. Tendría que limpiar algunas y quitar otras.
Era invierno pero no hacía frío como en Moscú, de caso contrario las cañerías estarían congeladas imposibilitando vivir ahí.
—Aliocha, mañana Papa tiene que ir a un trabajo nuevo, vas a quedarte con la señora Nastia hasta que vuelva ¿Te acuerdas de ella? —Aliocha negó con la cabeza mientras sacaba sus juguetes de la mochila—. Vive en la dacha de al lado, los chicos del pueblo siempre van con ella a comer blini, necesito que te portes bien.
—Sí Papa. ¿La abuela Nastia me va a hacer blini a mi también? ¿Con chocolate? Hace mucho que no me compras chocolate.
—Sí hijo, con chocolate, pero solo si te portas bien.
Dimitri se apuró a acomodar la casa y desarmar los bolsos. Al día siguiente comenzaría un nuevo trabajo que le robaría una buena parte de su tiempo y quería aprovechar sus horas libres para estar con Aliocha y no quitándole el polvo a los muebles.

Dimitri calentó el samovar, tuvo que despertar a Aliocha para que desayune antes de dejarlo con la abuela Nastia. Armó dos mochilas, una con juguetes para su hijo y otra con ropa de abrigo y elementos de pesca para él. En Moscú, trabajaba en una fábrica de coñac, ahora, iba a tener que embarcarse con otros hombres a pescar durante horas mientras sus dedos se congelaban.

Llegó al muelle, había una pequeña garita a la que se acercó para poder hablar con el hombre adentro.
—Buenos días, me dijeron que venga hoy. Me escribió un tal Piotr Zaytsev
—¿Dimitri Sergovitch Kuznezov?
—Si, ese mismo
—Adelante, te están esperando en el barco Schastye.
Con su mochila y lo puesto, subió a aquella embarcación. No era grande ni era nueva, la madera crujía bajo sus pies y había tripas de pescado en toda la cubierta. Dimitri pescaba como hobby, en los veranos que pasaba con su ahora ex esposa solía pescar en canoa con solo una caña y un poco de carnada. Ahora la situación cambiaba, se encontraba entre redes enormes y arpones, nada de cañas caras y carnada de calidad. Ahora era él ante la inmensidad del Mar Negro.
Le explicaron que su trabajo iba a variar conforme ganase experiencia, que por ahora limpiará pescado y observará la pesca con redes para así en breve comenzar a ser él quién recoja los peces.

Regresó a tierra, recibió tanta información que le dolía la cabeza además de que se encontraba mareado. Quería llegar y dormir dos días seguidos pero tenía que cocinar la cena para su hijo, estaba feliz de que le hayan dado un kilo de anchoas, los pescadores aseguraban que "tenían sabor a caviar negro", era lo mejor que le había pasado en la última semana, iba a poder comer algo que no sea borsch e incluso le dieron unos rublos que gastó en un almacén camino a casa, comprando una botella de vodka y chocolates para Aliocha.

Al llegar a casa de la señora Nastia, se encontró con un Aliocha somnoliento, tendido sobre el sillón, con el estómago lleno y una sonrisa en el rostro.
—¿Ya cenó? —le pregunto a la señora
—Pues si, si ya viste la hora que es. No iba a dejar que se duerma sin comer.
Dimitri no tenía reloj, jamás le cambió la batería al que le regalaron en su cumpleaños de hacía cinco años, en todo este tiempo, no se había fijado en que hora era. Al revisar el reloj en la pared de la cocina, noto lo tarde que era. Habían pasado casi doce horas desde que dejó a Aliocha ahí.
—Disculpe la hora, ya mismo me lo llevó. Espero no la haya molestado mucho.
—Para nada, es un niño precioso y bien portado. Cuidelo mucho, no vaya a ser que se lo roben. Cualquiera querría comerse esas mejillas regordetas.
Se despidió de la abuela y cruzó la calle con Aliocha en brazos. Después de quitarle la ropa y ponerle el pijama lo metió en la cama. Guardo el kilo de pescado que trajo para cenar, destapó el vodka y permaneció mirando el chocolate que le había traído a su hijo y que aún no había podido darle.
Dimitri no sabía si iba a poder adaptarse a este tipo de vida.

VodnikWhere stories live. Discover now