Única parte

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¿Dónde estás? Se preguntaba, caminando entre los inmensos robles de corteza oscura, con enormes ramas de distintas apariencias. Cada paso que daba hacía crujir las hojas en el suelo, conjunto con las pequeñas ramas esparcidas por el lugar y tierra levemente húmeda por la llovizna de hace un rato. El chico, para no mojarse, se había ocultado entre una deformación de cuatro árboles que habían quedado extrañamente unidos, haciendo que sus ramas se superpongan entre sí, creando una especie de techo con éstas y con la ayuda de sus hojas.
 
Largo rato estuvo caminando por el bosque, se sentía hambriento hasta que encontró unos hongos que parecían comestibles, se acercó a ellos y los examinó. El chico es micólogo, por lo tanto, con solo verlos de cerca, se percató de que estos eran venenosos. Continuo su búsqueda, hasta encontrar un pequeño río oculto entre los árboles, decidió acercarse para ver si podía beber un poco de agua. Caminó lentamente hasta llegar lo suficientemente cerca como para ver algo en la orilla, no tenía sus lentes así que no veía del todo claro, mientras se acercaba más, llegaba a apreciar una figura, pero solo lograba ver su cabello largo lacio y de color café, cubría casi toda su espalda, era voluminoso y brillante. La criatura tomó su cabello y lo traslado hasta su hombro dejándolo caer por su parte frontal del cuerpo. De esta forma, el chico logró ver más de la criatura, visualizando sus pequeñas caderas y una piel completamente perfecta, esta criatura estaba sentada en la orilla. parecía una figura totalmente humana hasta el momento, hasta ahora, la criatura no había logrado escucharlo, pero sus rasgos humanos salieron a la luz, escuchándose un rugido de su estómago, porque claro, no se había alimentado aún. La figura se volteó un poco asustada, reflejando su hermoso y perfecto rostro, con ojos azules y grandes, mandíbula pequeña, sutil, nariz definida y labios carnosos y jugosos de color rosa precioso; su vestimenta bueno... No tenía, simplemente cubría la parte central de sus pechos con estrellas de mar color azul pastel. Por su mente paso:
 
-Como semejante belleza podría estar en un bosque como este... Está muy lejos de las personas, de la gente.
 
Antes de que pudiera decir algo, la aparente chica habló.
 
-Eres humano... ¿Qué haces aquí?
 
Su voz era como un ángel hablando, su tono suave y delicado lo cautivó por unos segundos, luego de volver a la realidad le contesto.

-No es importante que haga aquí, es importante que haces tú aquí; así que cuéntame, soy todo oídos cariño.
 
Ese tono... Debo admitirlo, también era atractivo, un poco grave, pero con ese toque tierno a su vez.

  -Oh bueno, este es mi hogar, mi lugar seguro, me gusta estar cerca de la naturaleza... Soy parte de ella...
 
-Concuerdo, somos parte y me parece bien que te guste convivir con ella, entonces tienes alguna casa por aquí cerca, supongo.
 
Ella se ríe, su carcajada es tan tierna que le saco una sonrisa al chico.
 
-Mi hogar es el agua. 

Diciendo esto, ella se arrastra desde la orilla, empujándose con sus manos, desvelando una cola adherida a la parte baja de su cadera, color morado, grande y en la punta una especie de aleta al final. Esta cola no era hermosa, era ¡horripilante! La superficie estaba cubierta de escamas que no brillaban con la belleza de una criatura marina, sino que sobresalían como espinas afiladas, listas para desgarrar la piel de quienes se acercaran demasiado. Al final de esta abominación, una aleta deforme, con rasgaduras y un pedazo arrancado, se balanceaba como un testimonio de una batalla perdida. 

-Una... ¡¿Una... sirena?!
 
La expresión del chico fue de terror verdadero, sorprendiéndose, mirándola con unos ojos que parecían ¡Dos grandes huevos fritos!
 
-Uh... No, no tengas miedo, no debes tenerme terror... Yo soy hermosa tal como soy...~
 
Diciendo esta última frase con una melodía encantadora, el chico rápidamente se tranquilizó y volvió a la ¨normalidad¨. La veía con unos ojos de amor a primera vista, como si hubiera encontrado a su media naranja. Quiere conocerla mejor.
 
- ¿Cómo te llamas, cariño?
 
-Mi nombre es Triss...~
 
Cada frase que salía de sus bellos labios era una melodía para sus oídos.
 
-Triss... Triss... Que bella que eres Triss...

  Poco a poco parecía que el chico estaba cayendo, repitiendo su nombre una y otra vez en su mente.
 
-Toma asiento a mi lado... El agua está deliciosa...~

  Dijo ella, colocándose nuevamente en la orilla del río, hundiendo su cola bajo el agua. El chico se quitó sus botas rojas manchadas de barro por aquella noche, sus medias, sus pantalones de color verde musgo... Lo tiro todo al suelo.

  -Ven ven... No seas tímido mi hermoso pescador...~

  El chico queda extrañado por la forma en que Triss lo llama, él no es pescador, no está atraído demasiado por el reino marino, pero ella... Triss... Su nombre volvió a invadir sus pensamientos, tomó asiento junto a la sirena. De repente su estómago vuelve a rugir, seguía hambriento.

  -Tienes hambre, puedo ayudarte con eso si lo deseas...~

-Si... ¡Si por favor! Muero de hambre.

  Una sonrisa pícara se forma en el rostro de la sirena.

  -Antes debes darme algo a cambio mi pescador...~

El chico frunció el ceño, todavía algo confundido por el término ¨pescador¨. A pesar del encanto que sentía hacia Triss, no pudo evitar preguntar con curiosidad:

-¿Por qué me llamas pescador? ¿Tiene algún significado especial?

 Había un toque de desconcierto en su voz, mientras intentaba descifrar lo que ella quería decir. Triss, con sus ojos cristalinos fijos en los de él, mostró una sonrisa dulce, inclinándose un poco más cerca como si quisiera susurrarle un secreto.

-Oh... bueno, tal vez el título te quede mejor de lo que crees...~

Contestó juguetonamente, dejando en el aire un misterio que envolvía sus palabras. El chico decidió volver a su petición del principio y contestarle.

  -¿Qué deseas Triss? Eres hermosa y debes de tener a todo hombre a tus pies, que es lo que podrías desear...

  Esas palabras, de forma repentina hicieron reflexionar levemente a Triss, retumbaron en su mente... Que desea, que en verdad desea...

  -Deseo... Deseo ser amada de verdad...

  Dijo entre dientes, pero el joven, cautivado por su belleza, no logro escucharla en verdad. Pero entonces, Triss levanto su mirada, vió al hombre que tenía ante sus ojos, su piel morena, con cabello corto y rubio, y sus ojos... Sus ojos verdes llenos de esperanza, por unos segundos sintió pena por él...

  -De esto es de lo que vivo... Perdóname mi pescador...~

Diciendo esto, se lanzó a sus labios, besándolo de una forma magnífica, el chico nunca había experimentado algo así... Su cuerpo joven y delgado... Ella pasando sus manos por sus hombros, acariciándolos y posando éstos sobre ellos, y él colocando sus manos en las caderas de ella, sosteniéndola con firmeza. Ella pensaba, como un chico con su figura, podría sentirse tan fuerte... Se fueron sumergiendo bajo el río sereno, entonces el color del agua fue tornándose más oscuro alrededor de ellos, mientras ese beso apasionado continuaba, bajando y bajando... Llegando casi al fondo del río que para su suerte era profundo. El joven se separó de ese beso, conteniendo la respiración, pero cuando abrió sus ojos... Vió la verdad, Triss, era una sirena verdaderamente horrible, sus dientes afilados y grandes, su piel de un tono celeste sucio y horripilante, escamas por su cuello por donde ella realmente respiraba, sus delicadas manos con unas enormes uñas y sus ojos... Sus cuencas de los ojos se volvieron completamente negras y oscuras, con las pupilas blancas y ella... Todo su cuerpo se fue deformando y ella... Estaba hambrienta... Pero el chico, a pesar de todo, de una forma muy extraña le sonrió, pareciendo comprender la situación. Hasta se pudo apreciar, debajo del turbio río, como una pequeña lágrima caía del rostro de Triss... Pero sus instintos animales son más fuertes que ella, lo mordió en el cuello haciendo que sea el fin del chico desconocido... Luego de un par de horas, Triss estaba sentada nuevamente en la orilla del río, mirando como la parte de la ropa del chico estaba flotando en el río, dejando que se vaya lentamente todo rastro de él. Se acercó a esos pantalones tirados en el suelo a punto de arrojarlos al río, y de un bolsillo saco algo que la dejó anonadada.

Lo hermoso puede llegar a ser peligrosoStories to obsess over. Discover now