La Promesa del Shogi
En una tranquila tarde de primavera, en una antigua casa de té en el corazón de Kioto, dos hombres mayores disfrutaban de una ceremonia del té, rodeados del susurro de los cerezos en flor. Kazuo Tatsumaki, entonces un joven de 16 años, estaba allí por respeto a su abuelo, el venerado líder del Clan Tatsumaki. El anciano había insistido en la visita, mencionando que se encontrarían con una familia de gran importancia. Mientras los ancianos conversaban en voz baja y bebían té, Kazuo observaba el entorno con atención. Los jardines estaban llenos de vida y armonía, pero lo que más le llamó la atención fue una niña pequeña que jugaba sola entre los árboles. Era Akiko, la nieta del anfitrión, una niña de tan solo ocho años. Sus movimientos eran gráciles pero decididos, lo que llamó la atención de Kazuo de inmediato. De repente, Akiko, con la misma audacia que mostraba en su juego, se acercó a los adultos y, con una valentía sorprendente para su edad, interrumpió su conversación. Se dirigió directamente a Kazuo.
—¿Te gustaría jugar una partida de shogi conmigo? —le preguntó, su voz clara y firme. Los adultos, sorprendidos pero entretenidos por la escena, permitieron la interrupción. Kazuo, sonriendo con interes ante la propuesta de la pequeña, aceptó el desafío.
—Si gano, —dijo Akiko con seriedad—, puedo pedir lo que quiera. Si pierdo, tú puedes pedir lo que desees.
Kazuo, confiado en su habilidad y subestimando a la niña, aceptó las condiciones con una sonrisa. Para él, aquello era solo un juego para pasar el tiempo. Sin embargo, menos de una hora después, Akiko había ganado la partida con una estrategia que dejó a Kazuo perplejo. Incapaz de creerlo, pidió una revancha. Perdió cinco veces seguidas. Cada derrota fue más humillante que la anterior, y su respeto por la pequeña creció con cada movimiento que ella hacía en el tablero. Finalmente, con una mezcla de asombro y admiración, Kazuo, rindiéndose, le preguntó qué deseaba como premio.
—Quiero ser tu esposa cuando tenga la edad adecuada, —dijo Akiko, su tono lleno de serenidad y una determinación que desmentía su juventud. Kazuo quedó estupefacto. Ante él no solo estaba una niña de una mente brillante, sino también alguien con una valentía y determinación inusuales. Aunque Akiko aún era muy joven, Kazuo, impresionado por su aguda inteligencia, consideró que un heredero con su talento sería una gran virtud para el clan. Con una leve sonrisa en los labios, aceptó la promesa.
Los años pasaron, y Kazuo se convirtió en un joven que caminaba hacia la responsabilidad de ser el futuro líder del Clan Tatsumaki. Pero, a pesar de los desafíos y los deberes que lo rodeaban, nunca olvidó la promesa que hizo aquella tarde en el jardín de Kyoto. El recuerdo de Akiko y su astucia permaneció en su mente, un eco constante de aquel día.
Cuando Akiko cumplió 17 años, Kazuo decidió cumplir su palabra. Fue a buscarla, dispuesto a pedir su mano en matrimonio cuando ella alcanzara la mayoría de edad, como había prometido. Cuando la vio de nuevo, ya no era la niña que recordaba. Akiko había florecido en una mujer de belleza inigualable, la más hermosa que Kazuo había visto jamás. Su inteligencia seguía siendo tan afilada como antes, y su valentía aún más marcada, pero ahora estaban acompañadas por una gracia y madurez que lo cautivaron por completo. En ese momento, Kazuo comprendió que la elección que había hecho no solo beneficiaría a su clan, sino que también podría traerle una felicidad personal que nunca había anticipado. Así, con el corazón firme y la mente clara, se preparó para cumplir la promesa que hizo tantos años atrás, sabiendo que Akiko sería mucho más que una simple esposa: sería su compañera, su igual.
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Sombras de Honor
RomanceEn un mundo dominado por hombres, Aiko Tatsumaki debe luchar por un lugar que le pertenece por derecho. Como primogénita del poderoso Clan Tatsumaki, su destino está ligado a la Yakuza, pero el poder trae consigo traiciones, alianzas peligrosas y de...
