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Todo inicio una mañana de otoño, bueno, mas bien una madrugada, o no lo se, creo que eran las 5 de la madrugada
Todo estaba oscuro y oscuro del feo, llevaba conmigo una linterna, y no es como que me fueran a robar o algo, solo era porque me daba miedo la oscuridad.
Hiba directo a casa de mi abuela. Al llegar abrí el candado que nunca cerraba y entré a la casa, mi abuela tenía suerte que en el vecindario nadie robara porque si no, no hubiera tenido ni madres. Busque en la cocina dulces y para mi buena suerte encontré paletas, paletas de mis favoritas. Me las llevé y salí de la casa dejando todo tal cual lo habían dejado
Al salir me fui corriendo hacia el parque y busque el árbol más cercano y me senté a esperar a ver el amanecer.
Al paso de una hora ya estaba viendo como el sol se empezaba a poner, cosa que amaba. Cada rayo de luz que pasara por mi cara se sentía tan bien y tan especial
Todos los años salía a la misma hora para disfrutar y no gastar ni un solo segundo de mi temporada favorita, el otoño, lo adoraba con todo mi ser, era siempre lo mismo, salir de casa y correr y correr por todo el vecindario
Pero esta vez fue diferente, diferente en un sentido ¿bueno? O bueno no lo se, es algo confuso
Cerré los ojos para sentir el aire. Me sentía tan bien. Al cabo de unos segundos un chico se me acercó, juro por Dios que no sabía ni quien era, pero me alegro su presencia y a la vez me quedé algo raro
Me quedé ¿mudo? En esos instantes quien sabe que tenía en mi cabeza pero después de unos segundos solo moví mi mano en señal de saludo
El solo sonrió levemente sentándose a un lado
— soy Michael y tu? — dijo sonriente
Lo mire y trate de formar la misma sonrisa que me dio — soy Mark —
— nuestros nombre inician igual — dijo mirando el cielo — ¿que haces despierto a esta hora? —
— solo me gusta estar aquí cuando es otoño ¿y tu? —
— no tenía sueño y solo quise salir de mi casa —
— a veces yo hago lo mismo —
— deberíamos de vernos cuando hagamos eso — me dio una sonrisa
Asentí con la misma sonrisa — ¿quieres? — dije mostrando una de las paletas que le robe a mi abuela
— diría que no, pero si tengo hambre — dijo tomando la paleta
No pude evitar sacar unas pequeñas risas, en verdad me caia bien este tipo, sentía que mi corazón latía a mil por hora, cada sonrisa que me daba hacia que mi estomago sintiera un ¿cosquilleo?... desde ahí me empeze a preocupar por un detalle
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Ambos chicos se quedaron un buen rato hablando y jugando, pasaron muy rápido las horas, cuando se dieron cuenta eran las 11 de la mañana, y bueno no es que ellos se dieran cuenta, ya que tanto la madre de Michael como la madre de Mark los habían estado buscando por todo el vecindario hasta que los encontraron, a ambos le dieron una regañiza, pero mínimo ambos consiguieron una nueva amistad
