El Fin de los tiempos.

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Desde tiempos ancestrales, el mundo ha estado gobernado por seres sobrenaturales que ansiaban obtener el poder absoluto. Entre todas las criaturas existentes no había monstruo más temido que aquel capaz de dominar la magia. Se decía que cualquier ser -humano o monstruo- con el don de crear magia poseía el poder suficiente para conquistar el mundo entero.

1996 - Castillo Quinn, dimensión 212.

La reina Victoria y el rey Erick gobernaban la dimensión 212 junto a sus dos hijas en una era de paz y prosperidad. Gran parte de aquella tranquilidad se debía al legendario equipo de cazadores que servía a la corona: guerreros leales que arriesgaban sus vidas para proteger a la población y mantener el equilibrio entre las dimensiones.

Su reputación era tan grande que incluso otros mundos solicitaban su ayuda en tiempos de guerra o caos. Se decía que no existía un equipo más fuerte ni más unido que el de ellos.

Pero la reina Victoria no era una mujer común.

Algunos susurraban que prácticaba brujería; otros aseguraban que dominaba antiguas artes de hechicería prohibida. La verdad era que ella poseía un don tan extraordinario como aterrador: podía ver acontecimientos antes de que sucedieran. Conocía el futuro incluso antes de que esté comenzara a escribirse.

-Se acerca el cumpleaños de la princesa.

-Dicen que este año la celebración será mucho más grande, y que vendrán gente de todos los rincones del reino.

Susurraban dos mujeres entre la multitud mientras observaban a varios guardias colocar carteles en la plaza del pueblo. La curiosidad crecía entre los habitantes, que poco a poco se acercaban para escuchar las noticias.

Uno de los guardias desenrolló un pergamino y, tras aclarar la garganta, comenzó a leer con voz firme.

-por orden de nuestro rey, todos los habitantes del pueblo quedan cordialmente invitados a la gran celebración del décimo cumpleaños de nuestra princesa Rocío. El festejo se llevará a cabo la próxima semana en los jardines del palacio.

Un murmullo emocionado recorrió la plaza al escuchar el anuncio.


Mientras tanto en el reino, los doce cazadores se encontraban reunidos alrededor de la enorme mesa real. Mapas, pergaminos y armas descansaban sobre la mesa mientras ultimaban cada detalle de la celebración.

-Todo listo, su majestad -informó uno de los cazadores con firmeza-. La guardia fue reorganizada y cada entrada estará vigilada. Nadie podrá acercarse sin ser visto.

El rey suspiró cansado y apoyó ambas manos sobre la mesa.

-Les pedí que está vez no intervinieron -protesto-. Quiero que disfruten este día junto a sus familias. Han dedicado sus vidas a proteger este reino...y creo que ya dejaron claro que nadie se atreve a desafiar a nuestra corona.

Varios cruzaron miradas incómodas

-con respeto, majestad -habló otro cazador-. Mientras existan enemigos... No podemos bajar la guardia. Vendrán invitados de muchas dimensiones. Solo hace falta una sombra equivocada para convertir esta fiesta en una tragedia.

El silencio se apoderó del salón.

El rey cerró los ojos unos segundos antes de rendirse.

-Esta bien...hagan lo que crean necesario. La reunión terminó.

-Sí, su majestad -respondieron todos al unísono.

Las sillas rechinaron contra el suelo de mármol mientras abandonaban el salón. Sin embargo, la reina permaneció inmóvil, perdida en pensamientos que parecían consumirla lentamente.

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⏰ Last updated: May 25 ⏰

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