Capitulo 1

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El olor a incienso inundaba aquella estancia, igual que el humo de este no dejaba ver con claridad todas las estanterías llenas de hierbas, caparazones de insectos y otros menajes de aquella adivina. Apenas un mapa de las estrellas tejido pobremente y más viejo que la misma adivina, se podía ver colgado a la izquierda de aquella mesa baja.

Una bola de cristal, demasiado cinematográfica para ser real, adornaba la mesa junto con una tabla llena de dados. Monedas de I-ching y otros utensilios de adivinación rellenaban la mesa, apenas dejando espacio.

Jia Li y Ai bajaron los escalones sin acabar de verle la cara a aquella mujer canosa y arrugada, que sentada alrededor de la mesa las miraba.

Aunque Ai tomaba la delantera, con su pelo aclarado con agua oxigenada y su carácter lanzado, era la misma que apretaba la mano de Jia Li con tanta fuerza que pensaba que se le iba a romper.

-Yo no quería venir - susurró Jia Li intentando soltarse de la mano de su amiga.

Odiaba aquellas cosas, no porque fuera escéptica, que lo era. Sino porque sabía cómo luego aquellas predicciones le sorbían el seso hasta un punto inimaginable. Le daba vueltas a aquellas frases místicas hasta que estas perdían el sentido, o por contra tenían tantos que no podía llegar a discernir que era lo que realmente habían querido decirle.

-Pero estamos aquí ya y no nos vamos a echar atrás - musitó Ai. Con una mente más sencilla, se maravillaba o se asustaba para después dejar caer en el olvido cualquier predicción.

Jia Li ya había visitado a videntes antes, aunque nunca fue por voluntad propia.

Tenía seis años cuando su madre la llevó con la astrologa, que miró su cara e inmediatamente le pidió a la madre que le pusiera brazaletes para que aumentara su metal. Recordaba su voz ajada, seguramente interpretada para parecer más mística, "o le pones brazaletes o esta niña saldrá volando" con un chino mandarín rápido y difícil de seguir para cualquiera que no tuviera aquel idioma como un lenguaje materno.

A aquellas alturas, Jia Li se preguntaba si realmente se quitaba las pulseras un viento se la llevaría lejos, muy lejos. Y aunque sonara catastrófico, a veces así lo deseaba. Se sentía como una pieza que no acababa de encajar en ningún lugar. Tampoco era raro, de ascendencia china, había nacido en Japón, siendo demasiado japonesa para los chinos y demasiado china para los japoneses.

-Sentaos - ordenó la mujer y levantó la mano, bailoteando sus dedos para reclamar el pago previo a las predicciones.

"Porque siempre es así, porque según que diga ¡ni dios le paga!" se dijo a sí misma la chica china, irritada por el simple hecho de estar allí.

Las adolescentes se sentaron en el suelo, vestidas con sus uniformes escolares y Ai entregó el dinero que aseguraba las predicciones de ambas.

Ella cruzaba los dedos para predicciones felices, no quería saber nada malo. En su vida, la muerte prematura de su madre había sido suficiente para sentirse desamparada y a la custodia de una abuela paterna que la reprendía hasta por respirar. Hasta que le crecieran las tetas había sido suficiente para reprenderla y prohibirle comer dulces un mes. Ella tenía doce años cuando aquello había pasado y a penas entendía los cambios de su cuerpo. Cuando le vino la regla, y a pesar de que solo quería comer dulce también se lo prohibió.

Para Ai, la voz de su abuela ya sonaba como un transistor que no acababa de afinar las ondas y no dejaba oír nada de nada. Todo le parecía mal.

Jia Li bajó la cabeza, no quería hacer contacto visual con aquella mujer. Si alguien le preguntase, seguramente hablaría del respeto a sus mayores aunque sabía bien que lo que le pasaba era que tenía miedo. Un miedo absurdo, si lo pensaba con frialdad. La mayor parte de sus emociones le hacían sentir fuera de lugar.

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⏰ Última actualización: Aug 21, 2024 ⏰

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