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♡Infierno.♡

Yububu corría emocionado mientras acomodaba su túnica,hoy era el gran día.
En el infierno se escuchaban gritos,algunos alegres y algunos agonicos, las temperaturas rondaban los cuarenta grados.

El castillo principal lucía casi vivo,las alfombras rojas y las grandes banderas negras decoraban las ventanas.

En la gran mesa el consejo demoníaco principal se encontraba reunido. En la cabecera de la gran mesa se encontraba Satanás, quien lucía algo aburrido,a su lado izquierdo Asmodeo y junto a él el demonio Baal,del lado derecho del señor principal estaba Leviatán, junto con Belcebú,quién lucía particularmente feliz.

Los aspirantes a nuevos demonios mayores llegarían pronto.
Belcebú esperaba paciente y deseaba con toda su alma que su nieto,Yububu no lo arruine,pues sabía del pequeño don que le fué otorgado al menor,todo lo que tocaba se dañaba,además de su torpeza nata.

Las velas negras fueron encendidas,y miles de demonios se acomodaban en las gradas del auditorio del gran salón,se escuchaban murmullos emocionados y se veía incluso a los más malvados sonreír fervientemente.

-Padre Demoníaco!- Satanás se levantó y empezó a recitar.- Ángel caído, déjanos seguir tus pasos y esparcir el mal, incrementando tu gran reino!-

Las puertas se abrieron y muchas madres empezaron a aplaudir.
Era la hora.

Los demonios menores comenzaron a entrar a la gran sala, algunos sonreían confiados y saludaban a sus familias quienes los veían orgullosos, otros caminaban nerviosos hacia sus mayores.

Yububu iba tras su amigo Levistros, ambos intentando ocultar su emoción.

Uno a uno se agachaban hasta quedar de rodillas frente a la gran mesa, y en orden fueron diciendo sus nombres.

-Zhano, hijo del demonio mayor Yhor! Familia de la tortura!- Un chico proclamó orgulloso.

De a poco la emoción iba creciendo.

-Levistros! Hijo de Astarte! Nieto de Leviatán!- Gritó emocionado viendo a su abuelo en la gran mesa.

Yububu se levantó nervioso, no podía joderlo hoy, toda su familia estaba ahí.

-Y-Yububu! Hijo del señor de la Pereza, Indolencia y Desidia Belfegor!- empezó a gritar viendo orgulloso a su padre.- Nieto del señor de las moscas Belcebú!- Suspiró aliviado a la par de su abuelo.

Una vez concluyeron las presentaciones se dio comienzo a la ceremonia de iniciación.

Los aspirantes veían asustados el cáliz, qué estaba lleno de agua bendita. Nunca habían visto en persona tal abominación, para demostrar su maldad y pureza debían aguantar las quemaduras, si el agua bendita reaccionaba a ellos significaba que eran dignos de ser llamados demonios.

El grito de dolor que se escuchó en la sala fue suficiente para atemorizar a todos los demonios de la habitación, fue la reacción del primer candidato al sentir el agua bendita quemar hasta lo más profundo de su piel.

Uno a uno fueron pasando la mano por el agua bendita, todos gritaban hasta el punto de escuchar casi como se desgarraban sus gargantas.

Yububu observó a su amigo, quien intentaba aguantarse sin éxito los gritos.

Su turno llegó, a paso lento pero decidido se paró frente al cáliz.
El agua empezó a hervir rápidamente y su padre sonrió orgulloso, ni siquiera la había tocado y ya había reaccionado a la maldad de su pequeño. El agua bendita hervía desbordando el dorado cáliz. 

Tomando coraje metió su pequeña mano en el cáliz, inmediatamente gritó, sintiendo como su mano era consumida por la bendición divina.

Cuando acabó el tiempo sacó la mano rápidamente, temblando de dolor caminó hacia los demás, volviendo a su posición.

-LOS DEMONIOS HAN DEMOSTRADO SU SANGRE PURA!- Satán gritó orgulloso de su especie.

El segundo ritual daba comienzo, todos debían demostrar su piromanía.

Uno a uno, fueron pasando, prendiendo fuego los elementos que les eran puestos en sus manos.

Yububu logró encender exitosamente el libro que habían dejado en sus manos, el problema fue extinguir ese fuego, necesito asistencia de tres entes para poder apagarlo. 

-ES LA MALDAD DE MI NIETO!- Belcebú nunca había estado tan orgulloso de su descendencia como en el momento en que las negras llamas se resistían a ser extintas. 

Fueron pasando las pruebas, varios demonios fueron eliminados al no poder completar las siete misiones demoníacas. 

-EL FINAL! EL ÚLTIMO PASO PARA SER LLAMADO DEMONIO MAYOR,HIJO DE LUCIFER!-

Satanás lucía extasiado al ver a los cuatro restantes, era obvio que iban a ser ellos, los nietos o  hijos demoniacos principales.

-TENTAR,ATORMENTAR Y CONDENAR AL INFIERNO A UN ALMA HUMANA!-

Los cinco chiquillos saltaban emocionados, iban a ir a la tierra a atormentar su primera alma, y una vez al alma esté condenada se les otorgaría su cola y cuernos definitivos, junto con el título mayor y sus propios súbditos.

-Yo primero!- Gritó El nieto de Asmodeo.

Posó su dedo sobre la gran esfera y un nombre salió sorteado.

-Kiena Smith será tu humana designada!-

- Ahora yo! Ahora yo!- Yububu gritó dando saltos.

Belcebú bajo de su lugar, todos los demonios quedaron estáticos. A paso lento se paró junto a su nieto.

-Adelante Yububu!- El gordo aplaudió emocionado.

El demonio más pequeño paso su mano por el gran orbe, observando fascinado, se llamaba globo terráqueo y mostraba toda la tierra, eso había leído en la biblioteca de su papá.

-Jack Kinn!- Aplaudió emocionado al oír el nombre.

-Lo voy a condenar!- Chillo emocionado.

La emoción era palpable y el aura alegre del infierno era algo casi único y contrarrestaba él ambiente oscuro que el castillo tenía normalmente.


(...)

Dulce DemonioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora