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Capítulo 1

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El Sol se había sumergido en el horizonte desde hace algunas horas, dando paso a un infinito cielo estrellado que resplandecía como la escarcha sobre Little Innsmouth. Bajo él, surgía una marea cosmopolita de dagonianos, humanos y otras especies, quienes fluían como un arrollo por las estrechas avenidas y plazas de la ciudadela en el apogeo de la madrugada.

La noche es joven, y la fauna nocturna lo sabe...

Las calles se adornan con tumultuosos comercios, bares, negocios de dudosa reputación y entretenimiento de todo tipo. Las sirenas de la patrulla de policía pasaban inadvertidas en medio de voces eufóricas, caos y melodías de Jazz.

-¡Maldición, está escapando!- gritó con el seño fruncido un oficial mientras bajaba de su patrulla he intentaba abrirse paso entre la muchedumbre. -¡Necesitamos unidades de rastreo, la fugitiva se esconde entre la multitud!- exclamó a través del comunicador, solo para recibir un cauteloso "jefe, ya no tiene caso, se ha ido" por parte de sus subordinados.

Tras casi una hora de persecución, el resultado había sido el mismo que en ocasiones anteriores: la delincuente Nadia Fishbone, alias "Ms Fortune", había escapado. Cualquiera en el cuerpo de policía ya debería haber desarrollado una resistencia sobrehumana a ese sentimiento tan desagradable que experimentas cuando "casi lo tenías" o cuando "estabas tan cerca de conseguirlo, pero no".

Desde hace algunos meses, las tasas de criminalidad de la tumultuosa ciudadela se habían disparado a niveles solo comparables con las "noches libres", que correspondían a saqueos masivos producto del caos generado por la llegada de la Skullgirl. No obstante, a pesar de ello, parecía que el único momento en el que la policía se tomaba en serio su trabajo era cuando se trataba de "Ms Fortune"; el resto pasaba a segundo plano, e incluso se había solicitado al comando central enviar equipos especiales de búsqueda y captura para detenerla, petición que fue rechazada de inmediato, puesto que no había razones de peso para movilizar los escasos recursos de la policía para atrapar a una ladrona común. O eso dijeron.

-Claro, ¿cómo podría decirle a los peces gordos que queremos cobrar antes que ellos la recompensa que ofrece la mafia?- pensó el oficial mientras una gota de sudor frío recorría su frente. Sacó un cigarrillo para alejar su cabeza de aquel asunto, y tras una calada onda se escuchó su voz a través de la radio policíaca: -Nos reagruparemos en la estación y planificaremos una estrategia viable, ya la sacaremos de su madriguera- sus cabezas estaban en juego, pero ya era bien sabido que atrapar a Ms Fortune en la oscuridad de New Meridian era más difícil que encontrar una aguja en un depósito de chatarra. Por ende, y a pesar de que el tiempo se estaba agotando, resignarse ya se había vuelto parte de su trabajo.

El resto del escuadrón asintió sin objetar, y en un abrir y cerrar de ojos los oficiales se habían disipado de la escena tal como si fueran el humo del cigarrillo del jefe.

Daba la impresión de que eran unos incompetentes, pero para ser justos, ningún miembro de la banda Fishbone había sido capturado en vida... eran como un pez escurridizo que se desliza de tus manos en cuanto intentas sujetarlo, y ella, la última sobreviviente, había heredado la misma habilidad.

~Del otro lado del espectro, en los ojos de la forajida...~

Las luces de los locales seguían difuminándose como acuarelas frente a los ojos de Nadia a medida que se deslizaba entre las grietas más recónditas de la ciudad, indicando así que su huida seguía tan vigente como al inicio. La posibilidad de detenerse a reflexionar era una virtud con la que no contaba desde hace meses; -¿Ese atraco fue acertado?, ¿los polis aún me persiguen? ¿estoy dejando algún rastro?-... las preguntas abandonan su mente tan pronto como llegan, y se van sin dejar ninguna respuesta. Su única opción era seguir escabulléndose hasta desvanecerse en la oscuridad...

Pero Ms Fortune lo sabe bien: ni la noche más densa puede absorber el errático torbellino que es su psique en este momento. No está corriendo para deshacerse de la policía, corre para intentar escapar del pasado. No obstante, por desgracia para ella, ya nada funciona.

Si tuviera que recordar la cantidad de veces que ha considerado acabar con su vida desde aquella noche, su mente se haría pedazos de nuevo. Sería como revivir en carne propia cada acometido.
El terror que se apoderaba de su cuerpo, bien fuera por un instinto de supervivencia profundamente arraigado o por pura cobardía, era suficiente para congelar los músculos de sus dedos justo antes de accionar el gatillo de un revolver sobre su cabeza, o de ingerir algún químico mortal, dejándola con los ojos inundados en lágrimas y una sensación de estar a punto de ahogarse bajo un océano invisible.

En incontables ocasiones había fantaseado con la posibilidad de entregarse a los Medici, concretando así el acto de traición más despreciable hacia sus compañeros caídos, pero el solo hecho de imaginarse encarándolos era suficiente para erizar su piel y generarle una jaqueca indescriptiblemente aguda, reacción que también se manifestaba al recorrer con las yemas de sus dedos las profundas cicatrices que trazaban en su piel un patrón simétrico, dejando en evidencia las intenciones malignas de sus captores. El subconsciente le enviaba una señal clara: no intentes pensar en ello.

Esa era la razón por la cuál había encofrado su cuerpo en una gabardina negra que le llegaba casi a la pantorrilla, para olvidar, aunque fuera por un momento, la grotesca presencia de las cicatrices.
La pandilla Fishbone se había sacrificado en aquél atraco para que Nadia pudiera sobrevivir, sin embargo, de haber sabido el destino que le esperaba a la pobre chica, probablemente la habrían asesinado ellos mismos en un acto de piedad.

Desde aquél fatídico día esa ha sido su suerte: vagar como un alma en pena, reptando al borde de la sociedad, sintiendo como incontables miradas asesinas se posaban sobre ella en cuanto era avistada y como la lluvia helada la arropaba en medio de la noche al no encontrar un lugar para dormitar. A veces, una sed de venganza inundaba su espíritu y la hacía querer gritar de desesperación e impotencia. Nada haría más justicia a sus compañeros caídos que fuera ella misma quien hiciera de verdugo contra sus asesinos, y no el paso del tiempo o cualquier otro evento... pero hacerlo iba directamente en contra del último deseo que le habían encomendado: sobrevivir.
Lanzarse a los Medici era un viaje sin retorno, un desperdicio absoluto, puesto que nunca podría llegar hasta la élite de la organización ella sola, y solo los Fishbone estarían tan desquiciados para intentar algo así... Pero los Fishbone ya no estaban.

Nadia también había pensado en huir para siempre, escapar del Reino Canopi hacia tierras lejanas. No obstante, desde que se había corrido la voz por el precio de su cabeza en todo el territorio, sabía que no pasaría de los puntos de control de la policía fronteriza sin ser reconocida, ¡pero tenía que intentarlo!, porque si bien Little Innsmouth era un lugar difícil de examinar por la policía, para las diversas pandillas que la poblaban era tan transparente como una pecera y tan familiar como la palma de su mano.

Sabe que es cuestión de tiempo para que den con sus movimientos, por lo que debe aprovechar el caos del surgimiento de la Skullgirl para planificar su escape a través de los muros del reino. Fuera de estos, la ley y la civilización se desvanecen como lo hace un copo de nieve ante un incendio; una selva espesa e impenetrable se erige en su lugar desde un extremo, y desde el otro, el océano profundo ruge como una bestia hambrienta, como si esperara a que la ciudad bajara la guardia para devorarla.

Darle vueltas al asunto sonaba muy bien en su cabeza, sin embargo, mientras meditaba en ello juraría haber escuchado una voz infernal que susurraba dentro de sí "cobarde". Era como si el sonido se proyectara de algún lugar de su encéfalo y rebotara al interior de su cráneo haciendo eco indefinidamente... Aquello bastó para expulsarla de vuelta a la realidad, y fue solo en ese momento, ni un segundo antes, ni un segundo después, que notó que aún seguía corriendo.

Sus pasos se frenan en seco mientras la niebla de su campo visual se ajustaba al "mundo real" e intentaba familiarizar el entorno.

-He llegado de nuevo a este lugar- sururró con melancolía. Sus pupilas se clavaban directamente sobre la fachada de un antiguo edificio de madera. Era el restaurante de Yu Wan.

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