Mi nombre es Tom. Tengo veinte años y, para ser sincero, mi vida era un universo de píxeles y un caos total. Mi casa parecía el vertedero de la consola más grande del mundo. Mi madre me decía que "debería salir más", pero ella no entendía que el verdadero mundo estaba en los 16 bits de mi Sega Genesis.
Un día, mientras comía un sandwich de atún, que me sabe a gloria, me dio por visitar una tienda de antigüedades. El lugar era tan polvoriento que estuve a punto de estornudar, pero me contuve para no llamar la atención del dueño. Un anciano con un bigote tan espeso que parecía tener una muela de castaño en la boca. De repente, vi el Santo Grial. Un cartucho sin etiqueta, pero con una insignia de Sonic. Tenía símbolos grabados, de los que parecen sacados de una película de terror de bajo presupuesto. El viejo me advirtió que no lo comprara, "pero no le di importancia". "Mi mente de coleccionista ya estaba convencida de que tenía en mis manos una versión beta inédita, una joya para mi colección". Además, el anciano tenía cara de que le habían vendido un pollo sin cabeza, por lo que desconfié de su consejo.
Llegué a mi casa, conecté el cartucho a mi consola y el televisor parpadeó y la música de inicio de Sonic sonó, pero "algo estaba extrañamente fuera de lugar". Las notas no estaban mal, pero estaban desfasadas, como si el ritmo se hubiera perdido por completo. No le di mucha importancia, ya que a veces mi televisor se comporta como si le diera un ataque epiléptico. El juego comenzó y la Green Hill Zone estaba allí, pero la paleta de colores era más fría, más pálida. No había música, solo el sonido de mis pasos.
Cuando encontré a Tails y a Knuckles, no estaban muertos. Estaban quietos, con una expresión de perplejidad y miedo sutiles. Como si hubieran olvidado cómo jugar. Y luego, "la pantalla se puso en negro" y un texto que no era parte del juego apareció: "¿Qué estás haciendo aquí, Tom?" Y no solo eso, sino que apareció un meme del juego del hombre de las cavernas, donde el personaje del juego bailaba. "Lo que vi a continuación me heló la sangre". Mi reflejo en la pantalla apagada no era el mío. Era el de un demonio, con ojos rojos y una sonrisa maliciosa. Grité y el televisor volvió a la normalidad.
"El verdadero horror no llegó con un monstruo", sino con la sutil corrupción de mi realidad. A la mañana siguiente, me desperté sintiendo que mi apartamento estaba desordenado de una manera que yo no había provocado. Mi colección de juegos, antes un orgullo, ahora parecía un montón de cajas sin sentido. Los símbolos del cartucho aparecieron sutilmente en mis objetos personales, en el patrón del papel tapiz, en la pantalla de mi teléfono. Y lo peor de todo, es que vi la foto de mi abuela en el refrigerador y tenía un bigote pintado con un marcador de tinta.
Abrí mis viejas cajas de juegos de Sonic, y todos los cartuchos estaban vacíos. Los manuales se habían convertido en un texto sin sentido, garabatos sin conexión. Mi colección, mi santuario, mi identidad como jugador, había sido borrada. Había perdido la historia, la conexión con mi pasión.
Unas noches después, me senté en silencio en la oscuridad. "El televisor se encendió solo" y mostró la imagen de Sonic. No era un monstruo. Simplemente me miraba con una expresión de profunda tristeza y desesperación. "Su rostro empezó a derretirse lentamente, y una voz profunda y gutural" susurró directamente en mi mente: "No recuerdas..." "Nos has olvidado. ¿Por qué has venido aquí?" "El cartucho no era una prisión". Era un portal a un reino de personajes olvidados, a la esencia de juegos que habían sido reemplazados y abandonados.
No hubo una batalla final. No hubo un enfrentamiento épico. Hubo una elección. Me miré al espejo y vi los símbolos grabados en mi propio reflejo. Mi mente de programador entendió. El código estaba dañado, el juego se estaba borrando, y yo era el único que podía reescribirlo.
Me senté en el suelo y tomé la consola rota. Con mis dedos, tracé los símbolos grabados, no en la consola, sino en el aire. Empecé a reescribir la historia, a recuperar los recuerdos, a darles un nuevo propósito. A no olvidar. Con cada símbolo que trazaba, sentía el peso del pasado, pero también la chispa de la esperanza.
El televisor parpadeó y la Green Hill Zone reapareció, ahora con los colores brillantes y vibrantes que recordaba. Sonic no era un demonio, sino el héroe que siempre fue, corriendo libre. Y yo, Tom, me había convertido en algo más que un simple jugador. Me había convertido en el guardián de los recuerdos, en el programador de lo olvidado. "Ahora sé que siempre tengo que estar vigilando".
Y cada vez que veo una consola vieja, sé que los héroes de mi infancia están bien, porque yo estoy aquí para asegurarme de que nunca sean olvidados. "Y la próxima vez que veas un juego viejo, te lo pensarás dos veces". Y ten cuidado, porque el bigote de tu abuela puede ser el próximo en desaparecer.
