Prólogo.

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8:40 pm, 16 de abril de 2014

El eco de mis pasos y mi respiración entrecortada se mezclaban con el estruendo de cada detonación. Apenas podía mantener mi vista enfocada cuando un tropiezo hizo que mi cuerpo golpeara el asfalto con un sonido seco. Jadeé del dolor, y otros dos disparos impactaron en el suelo cerca de donde había caído. Me arrastré rápidamente hacia uno de los autos ubicados en la hilera izquierda de la calle.

Los pasos se escuchaban, aunque relativamente lejos de mi posición. Por instinto, me arrastré hacia el auto delante del anterior. Mis pulmones ardían contra el pecho, mi mente era un caos. "¿Qué hice?", pensé. Dos disparos impactaron contra uno de los carros detrás de mí. Cubrí un sollozo desesperado con mis manos. Otro disparo. Las sirenas de los autos saltaron, creando un caos de sonidos mezclados con los disparos. El pánico me envolvió y no podía respirar sin sollozar. "La gente debería escuchar y ayudar. ¿Dónde están?", gruñí de frustración, ahogándome con las lágrimas saladas de mi llanto. "¿Por qué?", me pregunté mientras más disparos resonaban, haciéndome temblar y sollozar. Tomé mi cabeza entre mis manos temblorosas. "Dios, por favor, basta", rogué.

Un ruido captó mi atención. Una corriente fría recorrió mi cuerpo y miré hacia mi lado derecho. A lo lejos, pude enfocar borrosamente a una muchacha también escondida, dos autos delante de mí. Se escucharon otros tres disparos y el quebrar de vidrios. La desconocida y yo cubrimos nuestras bocas, intentando no hacer ruido.

Ella tenía el mismo miedo que yo, el mismo pánico, la misma desesperación. Me moví hacia adelante cuando otro disparo rebotó contra el carro donde estaba escondida. Escondí mi cabeza entre mis rodillas, sollozando en silencio. Las alarmas volvieron a hacerse presentes en mis oídos, y el dolor en el pecho se intensificó. Era una canción desgarradora. "No quiero morir. No quiero. Por favor, ayuda", pensé. Tomé una bocanada de aire mientras me arrastraba debajo del auto. Se escucharon unos cinco disparos seguidos.
Las sirenas martillaban mi cabeza y mi garganta moría por gritar de pánico. Los pasos de quien fuera que estuviera disparando llegaron hasta que pude ver un par de zapatos justo al lado de la camioneta donde yo estaba escondida. Contuve la respiración, temblando. Los zapatos dieron la vuelta, y cuando pensé que aquella persona se había ido, una voz rasposa pero potente se alzó entre las sirenas de los autos.

"TE ENCONTRÉ".

Y un grito desgarrador se escuchó, seguido de unos cinco últimos disparos.

Morí a las 9:10 pm de un 16 de abril, hace diez años.

¿Realmente estoy muerta?

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