-¡Hola! ¿Puedo sentarme?- Desvié mi mirada de mi copa de vino, para mirar a un chico pelinegro, mirandome intensamente, una mirada hipnotizante.
-Ya estás sentado. - Volví mi vista a mi copa, llamé al barman para otro copa, lo necesitaba.
-¿Estás bien? ¿No crees que andas tomando mucho? - se acercó un poco aquel pelinegro, sentandose en la silla de mi derecha, la cuál era el espacio de distancia que nos separaba.
-Es lo suficiente para olvidarme de él, lo odio. - Agradecí al barma por la bebida.
-Ouh, mal de amores... ¿Novio o esposo? - Lo miré, le sonreí de lado, me tomé de un solo mi bebida y me acomodé de lado, mirandolo fijamente.
-No sabría decirte... es complicado. ¿Podríamos no hablar de eso? Vine aquí a olvidarlo, no ha recordarlo.
Entre risas, aquel chico me mira intensamente y pide la misma bebida que yo. Y entre conversaciones triviales, bebidas de más y risas, pasamos una buena noche, hasta que por impulso, me acerqué a él y besé sus labios, los cuales, me habían llamado la atención, insitándome a probarlos, chuparlos y morderlos.
Me siguió el beso sin vacilar, sus manos permaneciendo entre mi cintura y parte de mis muslos descubiertos, por el corto vestido que estaba usando esa noche. Deshice el beso por falta de aire, mirando sus labios, ya rojos e hinchados por aquel beso salvaje.
-¿Quiéres seguir? - me cuestionó en un volumen de voz considerado, ya que la música de fondo de aquella discoteca, estaba un poco alta. Asentí sin más. Era ahora o nunca.
Agarró mi mano, entrelazándola con la suya para guiarme a su coche. ¿Estaba nerviosa? Por supuesto. Me abrió la puerta del copiloto, me adentré al coche y cerró, para ir a su asiento y arrancar al siguiente destino. Un motel.
El viaje fué corto, su mano de vez en cuando acariciaba mis muslos, trazando líneas o círculos inexistentes. Me erizaba con su tacto. Ya mi cuerpo reclamaba más que caricias, estaba desesperaba. Su mirada permanecía al frente, pero sabía lo que hacía y lo que me provocaba esas caricias.
Llegamos al motel, habitación 14 y una botella de champagne sería nuestro acompañante. Me senté en la cama, para quitar mis zapatos con nerviosismo, él su saco, corbata y zapatos, lo miré a los ojos y reí a carcajadas.
-¿Enserio Johan?... "¿Quiéres seguir?"~. - Hablé entre risas.
-Fué lo primero que se me ocurrió amor, no me juzgues. - habló entre pequeñas risas, mientras desabrochaba su camisa de botones, esa que tanto me gusta.
-Dijiste la misma frase en nuestro aniversario pasado. - Deslizaba el cierre del vestido.
-Mucho blablabla, vamos a la acción, esposa mía. - Entre risas, acabó nuestro Aniversario #5.
Fin.
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Caja de Pandora
Random"Y su curiosidad la llevó a abrir la caja, liberando así, todos los relatos, donde una vez... fue protagonista". Disfruten el contenido.
